Escritor de Colombia evoca desde Bolivia Premio Casa de las Américas

Escritor de Colombia evoca desde Bolivia Premio Casa de las Américas

Por Jorge Petinaud Martínez Corresponsal jefe en Bolivia Tras su participación en la Feria Internacional del Libro de La Paz en su edición 30 (FIL-30), clausurada este domingo, Núñez elogió en entrevista concedida a Prensa Latina el prestigio continental de ese certamen y expresó orgullo por el lauro conferido entonces a su texto Todos somos isla, evaluado como el ganador entre 253. “Siendo yo un escritor caribeño, latinoamericano, haber recibido el honor de esa distinción por una crítica muy calificada, como es característico de ese concurso literario, ha permitido que mis textos viajen por el continente, y que mi sensibilidad crítica sobre las cosas que pasan en nuestra región sea percibida por lectores”, dijo a esta agencia de noticias. Agregó que, precisamente, ese propósito fue el que lo trajo a Bolivia, a la edición 30 de la FIL, y saber que lo que pone en ojos de otros latinoamericanos tiene mucho sentido. “Comentaba con Santiago Rodríguez, funcionario diplomático de la embajada de Colombia en Bolivia, que mi primer libro fue publicado en Cuba, y esta es la primera FIL a la que me invitan en Bolivia, lo cual me alegra porque me consta que son dos países muy hermanos», subrayó. Sobre el libro premiado en Cuba, el jurado describió que se trata de historias que se adentran en zonas tenebrosas de la realidad latinoamericana, con eficacia narrativa, intensidad y ritmo, personajes muy bien perfilados psicológicamente y lenguaje de amplio registro que no evade lo coloquial popular. Interrogado acerca de su participación en la feria paceña, informó que aquí presentó la novela Querido Muerto Mío, en la cual aborda temas complejos como la guerra, los “falsos positivos” y el mercenarismo, asuntos muy ligados a la vida de los colombianos por los muchos años de guerra. “En mi infancia -recordó Núñez-, mi hermano y mi padre fueron militares, y de esa forma, la guerra está en mi casa, pues pensar los acontecimientos bélicos de Colombia era pensar en mi familia”.

Comentó que también vivió el retiro de ambos, y entonces entendió que no era casualidad que quienes se dedicaban al mercenarismo estuvieran en el exterior como producto de una guerra que fue financiada por el Estado. En relación con temas como los falsos positivos y el reclutamiento de menores opinó que la prensa en Colombia muchas veces percibe de manera atomizada estos problemas, que, desde su punto de vista, son parte de un sistema que produce en la explotación del cuerpo, crímenes y criminales a distintos niveles. “Pienso que el falso positivo es solamente una consecuencia de la política de guerra en Colombia”, señaló. Expresó que el soldado es la materia prima que la política de guerra de Colombia convierte en una mercancía útil para el Ejército, pero que luego es codiciada por los contratadores en el extranjero porque ven en ese producto capacidades que todavía sirven para la vigilancia, el patrullaje, el financiamiento de las guerras, y eso resulta útil para “otros comerciantes”, ya no en Colombia. Comparó al mercenario con un “residual de la transformación del cuerpo del soldado, pues si se coloca ese cuerpo en una línea de producción, se va perfeccionando, y a medida que se perfecciona, genera desechos. “Creo que los mercenarios -y podríamos hablar también de los mutilados-, son solamente uno de los ejemplos de cómo el capitalismo tiene justamente esa incapacidad para gestionar sus propios residuos”, concluyó al comentar la esencia de Querido Muerto Mio. nmr/jpm