Abel Prieto: “El mayor privilegio de mi vida fue trabajar con Fidel”

Abel Prieto: “El mayor privilegio de mi vida fue trabajar con Fidel”

Cuando el tiempo transcurre de prisa entre los avatares propios de la vida, ese hombre acapara instantes y titulares cuál homenaje al centenario de uno de los líderes políticos más grandes de todos los tiempos. En entrevista exclusiva con Prensa Latina, el también presidente de Casa de las Américas habló de la satisfacción de haber estado cerca del Comandante en Jefe Fidel Castro, “escucharlo, aprender de él, participar de sus diálogos realmente inolvidables con intelectuales y artistas cubanos y extranjeros”. Víspera de su cumpleaños, este 13 de agosto, los recuerdos afloran en todo el que agradece sus obras y su voluntad de servir a Cuba y a la humanidad. También sus aportes a la cultura, a la que instó a salvar en más de una oportunidad como vía para la emancipación del ser humano.

Fue precisamente la cultura el eje de sus intervenciones en los encuentros con miembros de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) y en la Biblioteca Nacional José Martí, en junio de 1961, donde resultó valioso el intercambio y primó el respeto al pensamiento ajeno. A partir del IV Congreso de la Uneac, Fidel decide tomar parte en todos los debates de la organización, en los Consejos Nacionales, reuniones preparatorias y sesiones plenarias de los Congresos, rememoró el escritor cubano. Contó que escuchaba con atención las intervenciones de los delegados con una paciencia infinita, opinaba, hacía preguntas y sacaba conclusiones siempre lúcidas. Recuerdo que Graziella Pogolotti decía que Fidel “se había mudado para la Uneac” en esa etapa, porque estaba convencido de que el socialismo en la URSS y en los países del bloque soviético se había “desmerengado” por su derrota en la guerra cultural, añadió. “En esos encuentros se habló de la persistencia de prejuicios raciales entre nosotros, y Fidel explicó que tanto él como otros compañeros de la dirección revolucionaria pensaban que, liquidando las playas, clubes y colegios exclusivos, el racismo desaparecería”.

La solución evidentemente sería más lenta porque se trataba de un problema cultural, explicó Prieto al evocar las palabras del Comandante en Jefe. Ese debate dio lugar a su discurso más transcendente sobre la cuestión racial, aseveró. Luego, en la Batalla de Ideas, “a los programas más audaces para combatir algo tan monstruoso como el racismo, con los instructores de arte, los trabajadores sociales, con las armas de la educación y la cultura”. Insistía en que teníamos que romper “el círculo vicioso de la marginalidad”, refiriéndose a niños que crecen en un entorno familiar violento y tienden a protegerse de la peor manera: con la filosofía marginal del pícaro, comentó el intelectual.

Fueron temas de análisis en los encuentros con él en la Uneac “el peligro de fabricar una seudocultura para el turismo, de repetir por ignorancia los códigos de la colonización cultural de signo yanqui o de signo miamense”. El líder histórico de la Revolución cubana se involucró a fondo en esas discusiones, relató, y jamás trató de cortarlas, simplificarlas o de imponer sus criterios. “Reflexionó, como el agudísimo intelectual que era, en busca de caminos para la plenitud espiritual y la emancipación de la gente”. “Sin cultura no hay libertad posible”, repitió muchas veces. Lo mismo hizo con amigos latinoamericanos, europeos y norteamericanos, cuando se estaba gestando en 2003 la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales “En Defensa de la Humanidad”. Una de sus obsesiones en aquellos años tiene mucha vigencia en el presente y es la idea tan dolorosa del pobre de derecha, explicó. “Los pobres que votan por cualquier demagogo fascistoide porque han sido manipulados”.

El antídoto, opinó Abel Prieto, es “la urgencia de dotar a nuestra gente de un instinto crítico que les permita defenderse de las trampas y manipulaciones que el Imperio nos pone delante”. “Hoy, ante el auge del neofascismo en los Estados Unidos, en Europa, en Nuestra América, necesitamos más que nunca a Fidel, los cubanos y los pueblos de todo el mundo”. Al finalizar, el intelectual apeló a una de las ideas expresadas por el presidente cubano Miguel Díaz-Canel en la Asamblea Nacional (parlamento): “Fidel se agiganta y se multiplica. Vive y sigue librando batallas por un mundo mejor”. mem/amr