Trabajadores de Lima pierden más de ocho días al año atrapados en el tráfico

Trabajadores de Lima pierden más de ocho días al año atrapados en el tráfico

Los trabajadores de Lima pierden cerca de 195 horas al año por la congestión vehicular, un tiempo equivalente a más de ocho días completos, según datos de TomTom recopilados durante 2025. La situación persiste en 2026, cuando la capital peruana continúa entre las ciudades latinoamericanas con menor velocidad de circulación. Según cifras de TomTom consolidadas entre el inicio de 2026 y el 3 de agosto, Lima registra una velocidad promedio de 14,74 kilómetros por hora durante la hora punta de la mañana, a las 8:00 a.m. El ritmo cae a 12,62 km/h a las 6:00 p.m., mientras que la capital llegó a registrar una velocidad mínima de 11,3 km/h durante este año. “Lima enfrenta un problema estructural de movilidad que tiene un impacto directo sobre el tiempo de las personas.

Son horas que no solo afectan la calidad de vida, sino también la productividad y competitividad de la ciudad”, señaló Alberto Morisaki, gerente de Operaciones y Analítica de la Asociación Automotriz del Perú (AAP), según recoge la Agencia Andina de Noticias. Una de las ciudades más lentas de la región La velocidad de circulación de Lima está por debajo de la registrada en otras grandes capitales latinoamericanas. Durante la hora punta de la mañana, los vehículos circulan a un promedio de 17,82 km/h en Ciudad de México, 16,57 km/h en Bogotá y 18,72 km/h en Santiago de Chile. En Lima, el promedio es de 14,74 km/h.

La diferencia se amplía durante la tarde. Mientras Lima registra 12,62 km/h, Ciudad de México alcanza 14,80 km/h, Bogotá 13,84 km/h y Santiago 16,22 km/h. En otras ciudades peruanas también se observan velocidades superiores. Arequipa registra 16,13 km/h durante la mañana y 14,11 km/h por la tarde, mientras que Trujillo alcanza 16,99 km/h y 14,05 km/h, respectivamente.

El deterioro de la movilidad tampoco es reciente. Durante 2025, Lima ocupó el segundo puesto entre las ciudades latinoamericanas con menor velocidad vehicular, solo detrás de Barranquilla, y quedó entre las cinco ciudades más lentas del mundo. El TomTom Traffic Index 2025, elaborado sobre la base de más de 3,65 billones de kilómetros recorridos en 500 ciudades de 62 países, ubicó además a Lima como la ciudad con mayor cantidad de horas perdidas en el tráfico a nivel mundial. Las cerca de 195 horas anuales perdidas por conductor superaron los registros de ciudades como Dublín, Ciudad de México y Bucarest.

El tiempo perdido también tiene un costo para la economía Las horas que los trabajadores pasan en sus desplazamientos representan además un costo económico para el país. El Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) estimó en 2024 que la congestión vehicular en Lima representa alrededor de 2,4% del PBI nacional. De ese impacto, aproximadamente 0,4% del PBI corresponde al gasto adicional en combustible durante las horas de congestión, equivalente a unos 3.300 millones de soles anuales. A su vez, cerca de 20.000 millones de soles corresponden al valor económico de las horas de trabajo perdidas durante los desplazamientos.

El impacto también ha sido calculado en otros estudios. Calatayud et al. (2021) estimaron que las pérdidas asociadas a la congestión en ciudades de América Latina y el Caribe representan entre 0,5% y 1,1% del PBI. Gómez-Lobo et al. (2022), por su parte, calcularon que reducir 5% el exceso de tiempo de viaje podría incrementar la productividad en 0,5% del PBI en trece ciudades latinoamericanas. La cantidad de vehículos presiona sobre la infraestructura Uno de los factores detrás del problema es el crecimiento del parque automotor en relación con la infraestructura vial disponible.

Según el BCRP, la densidad vehicular por kilómetro de red vial en Lima pasó de 1.113 vehículos en 2015 a 1.387 en 2023. Para la AAP, ese incremento se combina con problemas de planificación urbana y vial que no han acompañado el crecimiento de la ciudad. A esto se suman semáforos con poca sincronización y una capacidad limitada para adaptarse a los flujos reales de tránsito. La asociación también identifica una integración insuficiente de las rutas de transporte público, la informalidad de combis, cústeres y colectivos, un parque vehicular antiguo y deficiencias en el sistema de revisiones técnicas.

El resultado es una circulación más lenta y desordenada, así como una mayor vulnerabilidad de las vías frente a averías mecánicas que pueden interrumpir el tránsito y generar nuevos embotellamientos.