Desde el aire parece un océano azul extendiéndose por una región casi desértica . A ras de suelo, sin embargo, está ocurriendo algo que inicialmente no era el objetivo principal del proyecto. El gigantesco complejo fotovoltaico de Talatan, en la provincia china de Qinghai, no solo produce electricidad. Bajo las interminables filas de paneles comenzó a crecer vegetación en terrenos que décadas atrás sufrían una desertificación extrema.
Cuando esté terminado, el complejo ocupará aproximadamente 610 kilómetros cuadrados, tendrá más de siete millones de paneles solares y, según las autoridades chinas, podrá generar electricidad equivalente al consumo de unos cinco millones de hogares. En 2025, los módulos ya cubrían aproximadamente dos tercios del terreno previsto. Los paneles están cambiando lo que ocurre a ras del suelo Talatan se encuentra a casi 3.000 metros sobre el nivel del mar, en una región sometida a fuerte radiación solar y vientos capaces de levantar arena y grava. A finales del siglo XX, las autoridades locales estimaban que la tasa de desertificación de esta zona alcanzaba el 98,5%.
La propia arena suponía incluso un problema para las instalaciones solares. Para estabilizar el terreno se sembraron especies herbáceas alrededor de los paneles. Entonces apareció un efecto adicional. Las estructuras fotovoltaicas funcionan como barreras contra el viento, disminuyen la radiación que recibe directamente el suelo y generan zonas de sombra donde el agua tarda más en evaporarse.
Datos de teledetección citados por Xinhua indicaron que, dentro de determinadas zonas del parque, la velocidad del viento disminuyó alrededor de un 50%, la evaporación de humedad del suelo un 30% y la cobertura vegetal llegó al 80% durante el periodo analizado. © AP Archive Youtube. Los estudios confirman que no es únicamente una impresión visual La transformación también ha sido estudiada científicamente. Una investigación publicada en Scientific Reports comparó zonas situadas dentro y fuera de instalaciones fotovoltaicas en áreas desérticas de Qinghai. Los investigadores encontraron mayor humedad del suelo, cambios favorables en el microclima y diferencias en la diversidad vegetal y microbiana dentro del área ocupada por los paneles.
La sombra reduce la evaporación, mientras que la propia disposición de los módulos disminuye la velocidad del viento. También interviene otro factor : el agua utilizada periódicamente para limpiar los paneles puede acabar llegando al suelo , incrementando localmente su humedad. Por tanto, decir que los paneles solares simplemente “hicieron aparecer un oasis” sería demasiado sencillo. El reverdecimiento es resultado de la infraestructura, la siembra de vegetación, el manejo del suelo y las condiciones creadas alrededor del parque.
La vegetación creció tanto que tuvieron que introducir ovejas El éxito trajo un problema inesperado. La hierba que crecía alrededor de las instalaciones empezó a alcanzar alturas que podían interferir con las placas e incrementar el riesgo de incendios. La solución fue bastante menos tecnológica que los millones de paneles: ovejas. Actualmente miles de animales pastan entre las estructuras, comiendo la vegetación y evitando que crezca demasiado.
Los trabajadores terminaron bautizándolas como “ovejas fotovoltaicas”. El modelo permite combinar generación eléctrica y pastoreo en un mismo terreno, proporcionando además una actividad económica para comunidades locales. No significa que cubrir cualquier desierto de paneles sea beneficioso Los resultados necesitan un matiz importante. Las instalaciones solares modifican inevitablemente el entorno.
Cambian la radiación, la temperatura, la distribución del agua y las comunidades de plantas y microorganismos. Incluso el estudio de Scientific Reports señala que existen indicadores ambientales que todavía requieren seguimiento y que los efectos pueden variar entre ecosistemas. No todos los desiertos son terrenos ecológicamente vacíos y no puede asumirse que instalar paneles mejore automáticamente cualquier región árida. Talatan muestra algo más concreto y quizá más interesante: en determinadas condiciones, una infraestructura creada para producir electricidad puede modificar el microclima de un suelo degradado hasta favorecer su recuperación.
China comenzó cubriendo el paisaje con paneles para aprovechar el Sol. Debajo de ellos terminó apareciendo algo que originalmente escaseaba allí: hierba suficiente como para volver a alimentar rebaños. Fuente: Xataka.