Buenos Aires — Casi un cuarto de siglo después de la crisis de 2001, el gobierno de Javier Milei pretende sacudir uno de los principales tabúes que existen en torno a la solidez del sistema financiero argentino. Con el objetivo de impulsar un mayor dinamismo de la actividad, el equipo económico dejó entreabierta la posibilidad de flexibilizar las normas que impiden a los bancos prestar dólares a quienes no generan divisas, una restricción que ha operado desde principios de siglo como una suerte de mantra para los ahorristas que lentamente han vuelto a confiarle una porción de sus ahorros al mismo sistema que antes los diluyó. Mientras espera que la nueva Ley de Inocencia Fiscal le de a los ahorristas la confianza suficiente para formalizar los dólares que atesoran bajo el colchón –en el Gobierno estiman que los argentinos tienen unos US$170.000 millones fuera del sistema financiero formal–, el equipo económico que encabeza Luis Caputo no cierra la puerta a la posibilidad de flexibilizar las normas macroprudenciales del Banco Central (BCRA). Así lo dejaron entrever el propio presidente de la entidad, Santiago Bausili, y su vicepresidente Vladimir Werning la semana pasada en conferencia de prensa al presentar el Informe de Política Monetaria (IPOM) del segundo trimestre del año.
A ojos de las autoridades del BCRA, el contexto actual difiere del que llevó a imponer las restricciones, que según recordó Werning, tienen costos y beneficios: mantener un riesgo de descalce cero, dijo el funcionario, atenta contra la capacidad prestable ociosa que deja ese marco legal. En la presentación, el Central recordó que las restricciones a la intermediación en dólares operan como un seguro contra descalce cambiario. Post crisis de la Convertibilidad, marca el documento, se optó por un marco legal que provea un riesgo de descalce cambiario igual a cero, por lo que los bancos dejaron de otorgar créditos en dólares al sector público ni a privados no exportadores fondeado con depósitos en esa moneda. Entre los costos de esa medida, las autoridades del BCRA calcularon que la capacidad prestable ociosa actual se ubica en torno a un 17% de los depósitos en dólares, lo que limita la actividad y la creación de empleo.
Depósitos y préstamos en dólares: la dinámica que el Gobierno busca profundizar Los depósitos en moneda extranjera del sector privado treparon un 185% desde que asumió Milei y superaron en julio los US$40.000 millones, marcando así un nuevo máximo histórico. Los préstamos en moneda extranjera treparon en una proporción aún mayor: 598%, hasta quedar apenas debajo de los US$25.000 millones al cierre del mes anterior. Este dinamismo de los créditos en dólares fue clave para que el crédito al privado se expandiera desde la zona de apenas el 4% del PBI cuando llegó Milei a un 12% del producto en la primera mitad de su mandato. Pero en el Gobierno ven que esa dinámica ha empezado a agotarse.
Por ello, abren la puerta a una flexibilización al recordar que en la actualidad existen diferencias respecto del contexto previo al estallido de la crisis de la Convertibilidad. Entre ellos, resaltan que el régimen cambiario actual no otorga un seguro de cambio implícito cómo lo hacía un tipo de cambio fijo, que hoy el multiplicador monetario en dólares “está limitado” y “no crecen argendólares”, y que “por ‘colchón’ bancario, hoy los bancos están mejor capitalizados y más líquidos”. “La mayoría de los factores que incidieron y agravaron la dinámica de esa crisis bancaria no están presentes hoy”, señaló Werning. De esta manera, apuntan a ese 17% ocioso (unos US$6.800 millones según el nivel actual de depósitos) para dinamizar la actividad a través de un repunte del crédito. En su habitual informe diario, Alberto Ades, de NWI Management, un hedge fund con sede en Estados Unidos, abordó este martes la decisión del BCRA de abrir la puerta a una expansión del crédito en dólares.
Recordó que el propio Bausili anticipó que los bancos priorizarán deuda corporativa sobre créditos personales por fallos judiciales que complican ejecutar garantías. “La medida busca reactivar un mercado de crédito casi congelado, pero el riesgo legal desalienta precisamente al segmento minorista que más lo necesita. La señal real no es la flexibilización en sí, sino si el Congreso o la Justicia destraban el marco de garantías antes de que el crédito en dólares tenga impacto genuino en la economía real”, analizó. Bancos reticentes Un ejecutivo con décadas de experiencia en bancos, que tiene todavía fresco el recuerdo de 2001, se muestra reticente respecto de esta postura aperturista que dejó entrever el BCRA. Bajo condición de reserva, dijo a Bloomberg Línea que cree que la ‘línea dura’ del BCRA no quiere flexibilizar, especialmente para personas.
Y si bien apoyó una de las últimas flexibilizaciones que implementó el Gobierno, que le permitió a las entidades prestar dólares que tomaran del mercado vía colocación de Obligaciones Negociables, confesó estar en desacuerdo con que se den dólares de los ahorristas a quienes no los generan ni participan de la cadena exportadora. En cambio, opinó que se pueden profundizar algunas flexibilizaciones para dar más créditos a quienes participan de la cadena exportadora y reiteró que todavía hay espacio como para normalizar el crédito en pesos y que la dinámica se enderece ‘sin meter a los dólares en el medio’. Desde otra entidad de peso en el sector también dijeron, bajo condición de reserva, no apoyar esa postura aperturista y añadieron no ser los únicos con esa visión. Una tercera persona del sector, que también pidió reserva, agrega que desde el lado de los bancos sigue primando la prudencia.
Las entidades, dijo, aún consideran que el descalce de monedas es un factor a evitar ya que el crédito en dólares continúa traccionando y está en aumento. Considerando la experiencia internacional, agregó la persona, siempre es conveniente tener los balances en dólares separados de los de pesos. Por todo ello, dijo que no hay desde los bancos una gestión para que el crédito en dólares se extienda más allá de la cadena de los que generan divisas. VER MÁS: Argentina, el único país que se desendeudó en América Latina desde 2019