Fidel Castro y República Dominicana, un vínculo histórico

Fidel Castro y República Dominicana, un vínculo histórico

“¿Qué puedo decirles? Me encuentro aquí, y casi no lo creo: fue un sueño de toda la vida”, expresó Fidel el 20 de agosto de 199, al llegar a República Dominicana, un país con el que había establecido vínculos desde su juventud y cuya historia siguió con particular interés durante décadas. Habían transcurrido 51 años desde su participación en la Expedición de Cayo Confites, cuando el joven estudiante se incorporó a los preparativos de una fuerza integrada por dominicanos y otros latinoamericanos que pretendía combatir la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo. El proyecto fue frustrado por la presión del embajador estadounidense en La Habana, Henry Norweb, sobre el presidente Ramón Grau San Martín, pero dejó una huella en el joven revolucionario y convirtió la causa dominicana en uno de los capítulos tempranos de su trayectoria política.

La historia volvería a unirlo con los dominicanos después del triunfo de la Revolución cubana. En junio de 1959, desde Cuba partió la expedición de Constanza, Maimón y Estero Hondo, integrada por dominicanos, cubanos y combatientes de otros países latinoamericanos decididos a enfrentar la dictadura de Trujillo. La incursión terminó en una tragedia y la mayoría de sus integrantes fue capturada y asesinada por las fuerzas de la tiranía. Aquellos acontecimientos contribuyeron a profundizar una relación que Fidel describiría años más tarde como parte de una historia común de luchas y solidaridad.

En 1998, cinco décadas después de Cayo Confites, llegó a Santo Domingo como jefe del Gobierno cubano, invitado por el entonces presidente Leonel Fernández a participar en la conferencia regional del Cariforo. Así recuerda aquella llegada el historiador, abogado y miembro del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) Euclides Gutiérrez Félix, quien acompañó al estadista durante su visita. “Cuando descendió del avión que lo trajo a Santo Domingo, lucía su clásico uniforme verde olivo, con las insignias de Comandante en Jefe en sus hombros, bordadas en los colores negro y rojo como fondo, y una hermosa estrella amarilla”, señaló durante una entrevista concedida a Prensa Latina hace meses, pero cuyas declaraciones recuperamos hoy a propósito del centenario del natalicio del líder. La visita tenía para Fidel Castro un significado que iba mucho más allá de la agenda oficial. “Entre las primeras cosas que aprendí cuando ingresé en las aulas escolares fue que muy cerca de nosotros existía un país legendario, lleno de historia, estrechamente unido al pueblo cubano”, expresó al llegar al aeropuerto internacional Las Américas. “En su trato Fidel es un hombre sencillo, afectuoso, con un extraordinario sentido del humor, que es una característica que distingue a los cubanos”, señaló Gutiérrez Félix. “Discreto, respetuoso en el uso de las palabras, demostró tener conocimientos enciclopédicos en el terreno económico, político, histórico, científico, que asombran a quienes le tratan”, puntualizó el historiador. Uno de los primeros lugares que visitó Fidel fue el Altar de la Patria, donde rindió homenaje a Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Mella.

También viajó a Baní, en la provincia Peravia, donde rindió homenaje a Máximo Gómez, el dominicano que alcanzó el grado de Generalísimo del Ejército Libertador cubano y cuya figura constituye uno de los vínculos históricos más sólidos entre ambas naciones. La relación con Baní tuvo además una expresión concreta en la construcción del Politécnico Máximo Gómez, obra que ha permitido a numerosos jóvenes dominicanos formarse en distintas especialidades y que permanece como uno de los gestos de cooperación más recordados de aquella etapa. Fidel también se reunió con el expresidente Juan Bosch y su esposa, Carmen Quidiello. Ambos mantenían una relación de respeto y amistad, forjada en años.

Durante su estancia, el presidente Leonel Fernández condecoró al visitante con la Orden del Mérito de Duarte, Sánchez y Mella en el grado de Gran Cruz Placa de Oro. Al fundamentar el reconocimiento, el mandatario dominicano vinculó la figura de Fidel con la rebeldía de José Martí y Máximo Gómez. El líder cubano aceptó la distinción en nombre del pueblo de Cuba y la interpretó como una reafirmación de los lazos de hermandad entre ambos países. “No es nada lo que hayamos hecho por ustedes; es mucho lo que hemos hecho juntos, es mucho más lo que juntos debemos hacer en el futuro”, afirmó durante aquellas jornadas. En la etapa final de su presencia en la República Dominicana, Fidel asistió a un acto organizado por la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) en el antiguo local del Partido Dominicano, hoy denominado Centro de Eventos y Convenciones.

Luego de su exposición, aplaudida de manera continua por el público, el presidente se trasladó al hotel y tras una breve reunión con miembros y dirigentes de organizaciones revolucionarias y solidarias con la Revolución, se dirigió al aeropuerto internacional, donde lo esperaba Fernández, detalló Gutiérrez Félix. La visita de 1998 para Fidel representó el encuentro con una tierra cuya historia había conocido desde joven y con la que había establecido vínculos desde los años de Cayo Confites. Han pasado 28 años desde que recorrió Santo Domingo, rindió homenaje a los padres de la independencia, visitó Baní, se encontró con Juan Bosch y habló ante estudiantes dominicanos. Pero permanece el recuerdo de aquel día en que finalmente llegó a la tierra que había conocido desde los libros y las conversaciones de su juventud. “Fue un sueño de toda la vida”, dijo entonces. kmg/mpv