Así lo consideró en diálogo exclusivo con Prensa Latina la intelectual, investigadora y profesora universitaria Francisca López Civeira, quien atesora recuerdos junto al líder histórico de la Revolución cubana, fruto de su trayectoria intelectual y vivencias personales. A pocas horas de conmemorarse el centenario de Fidel (13 de agosto), la Premio Nacional de Historia y de Ciencias Sociales y Humanísticas desentraña la solidez del proyecto revolucionario, al tiempo que ofrece un testimonio del profundo vínculo humano que sostuvo el revolucionario con el pueblo. Este último aspecto, opinó la académica cubana, constituye la clave de su grandeza y su legado perdurable. Para la Doctora en Ciencias Históricas, el pensamiento de Fidel no fue un producto de la improvisación, sino el resultado de una elaboración rigurosa y contextualizada, donde cada acción respondía a un agudo sentido del tiempo histórico.
Esta visión permitió transformaciones estructurales que, en poco tiempo, llevaron a la eliminación del analfabetismo en Cuba, democratizando el acceso a la cultura, el trabajo y la seguridad social, especialmente para los sectores populares. López Civeira reconoce en este proceso la materialización de un proyecto integral que cambió la vida de millones de cubanos, incluyendo la suya, ya que, como hija de un obrero, la Revolución le abrió las puertas de la universidad y le permitió desarrollar su vocación intelectual. “Siento gratitud por la Revolución que él lideró, y tengo también la experiencia de haberlo visto en contacto directo con el pueblo”. Más allá del análisis académico, la Doctora López Civeira enriquece su reflexión con memorias vívidas que revelan la faceta más humana del Comandante. Desde su primer encuentro fortuito en Playa Girón, días antes del desembarco, hasta los diálogos en la universidad y su participación en talleres científicos, la historiadora lo describe cercano, atento y con una extraordinaria habilidad para la comunicación y la escucha activa.
Destaca su capacidad para reconocer errores y nutrirse del intercambio popular, una cualidad que, en su opinión, permitía traducir las inquietudes ciudadanas en políticas públicas. “Todo esto es una enseñanza tan grande que de ninguna manera podemos dejar morir”. Casi al finalizar, la académica confiesa que, de todas las cualidades de Fidel, elige quedarse con “su grandeza de pensamiento y de intelectual, pero sobre todo con su vínculo con el pueblo, esa capacidad de estar en contacto natural y espontáneo con la gente”. Para Francisca López Civeira, él es “el padre de todos nosotros». Su legado no se agota en las obras de la Revolución: vive en la memoria de quienes, como ella, fueron testigos y beneficiarios de su empeño transformador.
La voz de la historiadora documenta el pasado e interpela a las nuevas generaciones a mantener vivo el ejemplo de un hombre cuya vida y obra siguen siendo una fuente inagotable de reflexión para Cuba y el mundo. ro/amr