Seguir a FinanzasDigital en Google El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) redujo de 7% a 6,5% su estimación de crecimiento de la economía venezolana para 2026, tras incorporar en sus cálculos el impacto de los terremotos del 24 de junio. La nueva proyección forma parte de su informe Desempeño macroeconómico de Venezuela: primer semestre 2026 y debe entenderse como un escenario elaborado por el organismo, no como una cifra oficial de crecimiento ya registrada. El PNUD advierte, además, que existe un margen de incertidumbre superior al habitual y que la estimación será revisada a medida que se conozca nueva información. El principal motor de esa expansión sería el petróleo.
El organismo calcula que la actividad petrolera crecerá 11% en 2026, mientras que el sector no petrolero avanzaría 5,6%. En su escenario central, la producción de crudo promediaría unos 1,2 millones de barriles diarios, un aumento de 11% frente a 2025. Pero detrás de esa previsión hay una economía que sigue mostrando fuertes contrastes: mientras aumentan la producción y las exportaciones petroleras, persisten una inflación extraordinariamente elevada, restricciones eléctricas, problemas de infraestructura y una capacidad productiva todavía limitada. Más leídas Tamara Herrera: Reducir la brecha cambiaria exige un alto costo para el BCV Tasa de Cambio BCV 12 de agosto de 2026: 764,3486 Bs/USD (+0,4114%) Terremotos en Venezuela fueron el desastre más costoso del semestre, revela Swiss Re El terremoto restaría medio punto al crecimiento El PNUD estima que los daños directos provocados por los dos terremotos ascienden a unos 6.700 millones de dólares, equivalentes a cerca de 6% del PIB.
El organismo sitúa el rango de pérdidas entre 4.700 millones y 8.700 millones. La estimación de daños, sin embargo, no debe confundirse con una pérdida equivalente del PIB. El PNUD explica que el PIB mide el flujo de bienes y servicios producidos durante un período, mientras que la destrucción de viviendas, carreteras e infraestructura representa principalmente una pérdida del stock de capital. El efecto sobre el crecimiento aparece cuando esos daños impiden producir, transportar mercancías o prestar servicios.
Una de las razones por las que el impacto sobre el PIB podría ser relativamente limitado es que los terremotos ocurrieron prácticamente al cierre del segundo trimestre. El PNUD considera que la mayor parte de las consecuencias económicas se concentrará en el tercer trimestre. También destaca que la infraestructura petrolera estratégica no habría sufrido daños significativos. Esto es relevante porque el petróleo constituye, según el informe, el principal motor de crecimiento previsto para este año.
La reconstrucción puede convertirse en otro motor Hay una segunda cara del terremoto en las proyecciones del PNUD: la reconstrucción. El organismo estima que el proceso de recuperación puede generar una demanda significativa de bienes, servicios e inversión, especialmente en construcción, manufactura, transporte y actividades conexas. Esto podría compensar parcialmente la pérdida inicial de actividad. El efecto, sin embargo, no significa que la destrucción sea positiva para la economía.
El PNUD advierte que una parte del crecimiento generado por la reconstrucción corresponde simplemente a la reposición del capital destruido y, por tanto, no implica necesariamente un aumento permanente de la capacidad productiva. Además, para que el gasto de reconstrucción se traduzca realmente en mayor producción nacional, el organismo considera importante que el sector privado venezolano tenga una participación central y que buena parte de la demanda pueda ser atendida por empresas locales, evitando que el impulso termine principalmente en mayores importaciones. El PNUD espera que este efecto tenga mayor peso en 2027. Una economía que ya se estaba desacelerando La nueva estimación también debe leerse frente al desempeño registrado antes del desastre.
Según las cifras oficiales citadas por el PNUD, el PIB venezolano creció 2,5% interanual durante el primer trimestre de 2026, acumulando 20 trimestres consecutivos de expansión. Sin embargo, el ritmo fue considerablemente menor al de 2025, cuando el crecimiento trimestral promedió cerca de 9%. El resultado del primer trimestre tuvo además una característica particular: mientras la actividad no petrolera creció 3,1%, el sector petrolero se contrajo 2,1%. La situación comenzó a cambiar durante el segundo trimestre.
Aunque todavía no estaban disponibles las cifras oficiales completas del PIB cuando se elaboró el informe, los indicadores utilizados por el PNUD apuntaban a una recuperación petrolera y a un desempeño positivo de varias actividades no petroleras. En el primer semestre, la producción petrolera promedió 1,09 millones de barriles diarios, según los datos citados de la OPEP, con un crecimiento de 4% respecto al mismo período de 2025. El segundo trimestre mostró una recuperación particularmente marcada, con un aumento de 9,9% en la producción frente al mismo período del año anterior. Exportaciones petroleras crecieron 71,6% El comportamiento de las exportaciones ofrece otra de las claves de la proyección del PNUD.
Durante los primeros seis meses del año, Venezuela exportó un promedio de 1,052 millones de barriles diarios, 27,6% más que en el mismo período de 2025. El precio promedio del crudo Merey alcanzó US$71 por barril, 18,9% por encima del año anterior. Como resultado, el valor de las exportaciones petroleras llegó a US$14.511 millones, un incremento de 71,6%. El segundo trimestre fue particularmente importante: las exportaciones alcanzaron un promedio de 1,229 millones de barriles diarios y generaron unos US$9.020 millones, 129,2% más que en el mismo período de 2025.
El escenario del PNUD supone que esta recuperación continuará durante el resto del año. En su tabla de principales agregados macroeconómicos, el organismo proyecta además que las exportaciones petroleras alcancen 1,135 millones de barriles diarios en promedio durante 2026, con ingresos por unos US$28.168 millones. La inflación seguirá siendo el gran problema El crecimiento proyectado convive con uno de los principales desequilibrios de la economía venezolana: la inflación. El PNUD calcula que la inflación cerrará 2026 alrededor de 385%, aunque reconoce un margen de incertidumbre elevado y riesgos adicionales derivados de las interrupciones de oferta y logística ocasionadas por los terremotos.
El dato adquiere mayor dimensión al observar la evolución del primer semestre. La inflación mensual comenzó el año en 32,6% en enero, descendió progresivamente hasta 6,3% en mayo y volvió a acelerarse hasta 13,8% en junio. En términos interanuales, el índice alcanzó 544,1% en junio, según los datos del BCV utilizados en el informe. El PNUD señala que la inflación continúa siendo el principal factor de erosión del ingreso real de los hogares.
Y los datos de consumo muestran esa tensión. El consumo privado creció 4,5% en el primer trimestre, pero un estudio de Atenas Grupo Consultor citado por el organismo encontró que, entre enero y junio, las unidades compradas por los hogares aumentaron 5,5%, mientras los precios en dólares del mercado total subieron 22%. Es decir, el crecimiento del consumo no necesariamente implica una recuperación equivalente del poder adquisitivo. La brecha cambiaria se redujo, pero con una fuerte intervención Otro de los cambios importantes registrados durante el semestre fue la reducción de la brecha entre el tipo de cambio oficial y el paralelo.
Según los cálculos del PNUD, la diferencia pasó de 40,8% en marzo a 17,1% al cierre de junio. El organismo atribuye parte de esta convergencia a una intervención cambiaria mucho más intensa. Sus cálculos estiman que el Banco Central colocó US$6.669 millones en el mercado durante el primer semestre, una cifra superior a todo lo vendido en 2024 y 2025 juntos. La estrategia contribuyó a reducir la brecha, pero también plantea una interrogante sobre su sostenibilidad, particularmente porque la estabilidad cambiaria dependerá de que continúe existiendo una oferta suficiente de divisas y de que haya coherencia entre las políticas fiscal, monetaria y cambiaria.
El crecimiento petrolero no elimina los obstáculos El escenario del PNUD contempla una economía en expansión, pero está lejos de describir un proceso de recuperación sin obstáculos. Entre las principales restricciones menciona la fragilidad del sistema eléctrico, que continúa afectando a la industria, el comercio, los servicios y otras actividades productivas. Los problemas de infraestructura petrolera, los rezagos de inversión y la limitada capacidad productiva también aparecen entre los riesgos. El informe identifica además un riesgo de carácter estructural: que la recuperación termine profundizando la dependencia venezolana de las actividades extractivas.
La mayor apertura a la inversión privada en petróleo y minería puede generar capital, divisas e ingresos fiscales, pero el PNUD advierte que el desafío será convertir esos recursos en infraestructura, productividad, capital humano y diversificación económica, en lugar de reforzar la dependencia de los recursos naturales. El organismo también destaca los primeros pasos hacia una normalización de las relaciones con organismos financieros multilaterales como el FMI y el Banco Mundial. De consolidarse, ese proceso podría facilitar asistencia técnica, mejorar la información económica y eventualmente abrir posibilidades de financiamiento externo. Un crecimiento que todavía está lejos de recuperar lo perdido Hay un último dato que ayuda a poner el 6,5% en perspectiva.
El PNUD calcula que Venezuela crecería por sexto año consecutivo en 2026, pero todavía permanecería por debajo de los niveles de producción previos al largo ciclo de contracción iniciado en 2014. Según sus cálculos, la economía acumuló una contracción de 75,1% entre 2013 y 2020. El crecimiento acumulado entre 2021 y 2026 sería de 54,7%, lo que significa que, incluso con varios años de expansión, todavía no se habría recuperado todo el terreno perdido durante la crisis. Por eso, el informe presenta el escenario actual como una recuperación favorable pero todavía frágil y desigual.
La apuesta para los próximos años dependerá de algo más que del aumento de la producción petrolera: estabilizar los precios y el mercado cambiario, resolver las restricciones de infraestructura, elevar la inversión y la productividad y conseguir que los ingresos provenientes del petróleo y otros recursos naturales se traduzcan en una economía menos dependiente de ellos.