Llevo tres meses trabajando exclusivamente con el MacBook Neo, y esto es lo que he aprendido sobre el

Llevo tres meses trabajando exclusivamente con el MacBook Neo, y esto es lo que he aprendido sobre el

Cuando Apple presentó el MacBook Neo, una de las primeras cosas que pensamos al ver su precio fue si realmente podría utilizarse como algo más que un portátil económico para estudiar, navegar por Internet y realizar las tareas más básicas. Sobre el papel, hay varios aspectos que generan dudas, especialmente si nuestra intención es utilizarlo para trabajar: el modelo básico parte de solo 8 GB de memoria y 256 GB de almacenamiento, y además Apple ha tenido que realizar algunos recortes bastante evidentes para conseguir reducir el precio. La mejor forma de comprobar hasta dónde puede llegar no era utilizarlo unos días y ejecutar cuatro pruebas de rendimiento, sino hacer algo bastante más sencillo: convertirlo en nuestro único ordenador. Eso es precisamente lo que hemos hecho durante los últimos tres meses.

Durante este tiempo hemos trabajado exclusivamente con el MacBook Neo básico, sin alternarlo con otro Mac o con un PC cuando la carga de trabajo aumentaba. Nuestro uso tampoco se ha limitado a navegar por Internet y utilizar un procesador de textos. Gran parte de nuestro trabajo se desarrolla en aplicaciones web, pero también realizamos edición ligera de imágenes y tareas de programación. Es decir, probablemente un escenario bastante parecido al que puede encontrarse cualquier persona que esté pensando en comprar este Mac para teletrabajar, desarrollar proyectos web o utilizarlo como ordenador principal sin necesidad de ejecutar aplicaciones profesionales especialmente pesadas.

Después de tres meses, la experiencia ha sido mejor de lo que inicialmente esperábamos, aunque también nos ha servido para identificar perfectamente dónde están los compromisos de este modelo. Hay recortes que prácticamente hemos olvidado que existen y otros que, con el paso de las semanas, se hacen mucho más evidentes. Y curiosamente, uno de los apartados que más nos preocupaba inicialmente, sus 256 GB de almacenamiento, no ha sido el problema. Sí, podemos trabajar exclusivamente con un MacBook Neo Hay una diferencia importante entre poder trabajar con un ordenador y querer trabajar todos los días con él.

Prácticamente cualquier equipo moderno puede sacarnos de un apuro durante unas horas, pero cuando lo convertimos en nuestra herramienta principal empiezan a aparecer esas pequeñas limitaciones que una prueba convencional difícilmente puede mostrar. En nuestro caso, durante estos tres meses el MacBook Neo ha sido el ordenador desde el que hemos realizado nuestra jornada de trabajo. Buena parte de ella transcurre dentro del navegador, trabajando con gestores de contenidos y diferentes herramientas web, aunque también necesitamos editar imágenes y programar. No estamos hablando, por tanto, de un escenario especialmente exigente para una estación de trabajo, pero tampoco del uso básico que normalmente asociamos a un portátil económico.

Y la primera conclusión que podemos sacar es que el Neo ha podido asumir perfectamente ese papel. No hemos necesitado reservar determinadas tareas para otro ordenador ni utilizarlo simplemente como complemento de una máquina más potente. Hemos trabajado directamente con él y, para nuestro tipo de trabajo, su rendimiento general ha sido suficiente. Esto nos parece bastante más relevante que cualquier benchmark que podamos ejecutar sobre el equipo.

Cuando compramos un ordenador para trabajar, al final lo que importa es que podamos abrir nuestras herramientas, hacer nuestro trabajo y terminar la jornada sin estar pensando continuamente en las limitaciones de la máquina que tenemos delante. En ese sentido, el Neo ha cumplido mucho mejor de lo que sus especificaciones más modestas podrían hacernos pensar. Eso no quiere decir que no existan límites. De hecho, después de tres meses hay uno que tenemos mucho más claro que cuando empezamos a utilizarlo.

Si hay algo que cambiaríamos son sus 8 GB de RAM Los 8 GB de memoria son probablemente la especificación más polémica del MacBook Neo básico y, después de utilizarlo como ordenador principal, entendemos perfectamente por qué. Es el apartado donde más hemos terminado notando que estamos ante el modelo de entrada. macOS gestiona bastante bien los recursos disponibles y eso permite que durante buena parte del tiempo podamos olvidarnos de la cifra que aparece en la ficha técnica. Con un uso relativamente contenido podemos trabajar con normalidad y el ordenador continúa respondiendo bien. Sin embargo, cuando utilizamos el equipo durante toda una jornada y vamos aumentando la carga de trabajo, esos 8 GB dejan bastante menos margen del que nos gustaría.

En nuestro caso sí hemos terminado notando la limitación de memoria durante estos tres meses. No hasta el punto de impedirnos trabajar, porque de ser así difícilmente habríamos podido mantener el Neo como único ordenador durante todo este tiempo, pero sí lo suficiente como para considerar que es el principal punto débil de la configuración básica. Además, aquí existe una diferencia fundamental respecto al almacenamiento. Podemos recurrir a unidades externas o a servicios en la nube si algún día los 256 GB se nos quedan pequeños, pero no podemos ampliar la memoria del Mac después de comprarlo.

Los 8 GB que elegimos inicialmente son los que vamos a tener durante toda la vida útil del ordenador. Por eso, si estamos valorando el MacBook Neo para utilizarlo durante varios años, creemos que merece la pena pensar especialmente bien en este apartado. Para estudiar, navegar, consumir contenido y realizar tareas de ofimática sencillas probablemente podamos convivir perfectamente con 8 GB. Si pretendemos utilizarlo como herramienta de trabajo y nuestra jornada implica bastante multitarea, nuestra experiencia nos dice que es precisamente aquí donde antes vamos a encontrarnos con las limitaciones del modelo básico.

Los 256 GB nos preocupaban más antes de comprarlo que después de usarlo Curiosamente, con el almacenamiento nos ha sucedido justo lo contrario. Tener únicamente 256 GB en un portátil que pretendemos utilizar como ordenador principal puede parecer muy poco en 2026, especialmente si estamos acostumbrados a equipos con SSD de 512 GB, 1 TB o incluso más. Era, por tanto, otro de los apartados que inicialmente pensábamos que podía condicionarnos bastante. Tres meses después, en nuestro caso no ha sido así.

Aquí influye muchísimo el tipo de trabajo que realizamos. Una parte importante de nuestra actividad se desarrolla mediante herramientas web y no necesitamos mantener enormes cantidades de información almacenadas permanentemente en el ordenador. Tampoco estamos utilizando el Neo para editar grandes proyectos de vídeo ni para mantener bibliotecas de fotografías de cientos de gigas. Con este escenario, los 256 GB no nos han generado ningún problema durante estos tres meses.

Esto no convierte mágicamente 256 GB en una gran cantidad de almacenamiento. Para alguien que trabaje con vídeo, fotografía, máquinas virtuales o proyectos que ocupen decenas de gigas, la experiencia puede ser completamente diferente. Lo interesante es que no creemos que debamos descartar automáticamente el modelo básico por esta cifra. Antes de pagar por más capacidad merece la pena revisar cuánto almacenamiento utilizamos realmente en nuestro ordenador actual y, sobre todo, qué parte necesitamos tener disponible localmente.

Nuestra experiencia también nos ha dejado bastante clara una prioridad. Si tuviéramos que elegir entre invertir el dinero en aumentar la memoria o el almacenamiento, para nuestro tipo de uso preferiríamos disponer de más RAM antes que de un SSD más grande. Los 256 GB no nos han condicionado en tres meses; los 8 GB de memoria sí se han dejado notar. La batería es una de las grandes sorpresas del Neo Uno de los apartados que mejor sabor de boca nos ha dejado durante este tiempo ha sido la autonomía.

Es también uno de esos aspectos que valoramos mucho más después de utilizar un portátil durante semanas que cuando simplemente miramos su ficha técnica. En nuestro uso diario la batería se ha comportado muy bien. No vamos a dar una cifra concreta de horas porque nuestro consumo cambia dependiendo de lo que estemos haciendo y sería poco representativo convertir una experiencia variable en un número cerrado, pero sí podemos decir que la autonomía ha sido uno de los puntos positivos durante estos tres meses. Trabajar con aplicaciones web, editar alguna imagen y programar no nos ha obligado a estar constantemente pendientes del cargador.

Y esa tranquilidad termina cambiando bastante la relación que tenemos con un portátil. Podemos movernos con él y trabajar donde nos resulte más cómodo sin tener el porcentaje de batería permanentemente en la cabeza. Teniendo en cuenta que estamos hablando del MacBook de acceso a la gama, nos parece especialmente destacable que Apple no haya convertido la autonomía en uno de los grandes sacrificios necesarios para reducir el precio. Podemos aceptar determinados recortes en un equipo económico, pero una batería que nos obligara a depender constantemente de un enchufe habría cambiado bastante nuestra valoración después de estos tres meses.

Los puertos USB son uno de los recortes que menos nos gustan Si la autonomía ha sido una de las cosas que más nos ha convencido, la conectividad está prácticamente en el extremo contrario. El MacBook Neo dispone de dos conexiones USB-C, pero el problema no es solamente la cantidad, sino las prestaciones que ofrecen. Apple ha limitado uno de los puertos a velocidades propias de USB 2.0, hasta 480 Mbps. Sobre el papel puede parecer simplemente otra cifra técnica, pero cuando utilizamos el ordenador como herramienta de trabajo es una decisión que cuesta bastante más justificar.

Para conectar determinados periféricos básicos no supone ningún drama. Un teclado, un ratón u otros dispositivos que apenas necesitan ancho de banda pueden funcionar perfectamente sin que nos importe demasiado la velocidad disponible. La situación cambia cuando conectamos almacenamiento externo o cualquier dispositivo capaz de mover grandes cantidades de información. Y aquí aparece además una cierta contradicción con otra de las características del modelo básico.

Podemos aceptar que el MacBook Neo incluya solamente 256 GB pensando que siempre tendremos la posibilidad de ampliar el almacenamiento mediante un SSD externo, pero precisamente en ese escenario disponer de conexiones rápidas resulta especialmente importante. Es probablemente uno de los recortes donde más evidente resulta el esfuerzo por diferenciar este modelo de los MacBook superiores. Podemos convivir con ello, pero no deja de parecernos una limitación bastante artificial en un ordenador actual. El teclado sin retroiluminación parece un detalle hasta que trabajamos de noche Otro de los sacrificios que Apple ha realizado para ajustar el precio es eliminar la retroiluminación del teclado.

No afecta absolutamente nada al rendimiento del ordenador y es muy posible que algunos usuarios ni siquiera la necesiten, pero es una de esas características que damos por sentadas hasta que desaparecen. Durante el día, con una iluminación normal, evidentemente no supone ningún inconveniente. Si además escribimos habitualmente sin mirar el teclado, podemos pasar bastante tiempo sin acordarnos de ello. El problema aparece cuando trabajamos con poca luz.

Es entonces cuando resulta extraño encontrarnos con un portátil lanzado en 2026 cuyo teclado no se ilumina. No es una característica especialmente sofisticada ni algo que asociemos exclusivamente a equipos de gama alta desde hace años, por lo que su ausencia transmite bastante más sensación de recorte que otras decisiones técnicas que probablemente hayan permitido a Apple ahorrar más dinero. Podemos trabajar perfectamente sin ella y no sería un motivo suficiente para descartar el ordenador, pero después de tres meses sigue siendo una de esas cosas que nos gustaría que el Neo tuviera. Especialmente porque no podemos solucionarlo mediante software ni cambiar nuestra elección posteriormente.

El precio cambia bastante la forma de valorar sus defectos Todos estos recortes serían mucho más difíciles de aceptar si estuviéramos analizando un portátil considerablemente más caro. Precisamente ahí está una de las claves del MacBook Neo: debemos valorar sus limitaciones teniendo en cuenta dónde se sitúa dentro del catálogo de Apple y qué pretende ofrecer. El Neo no intenta ser un MacBook Pro económico ni sustituir a los modelos superiores para usuarios con cargas de trabajo especialmente exigentes. Apple ha buscado reducir el precio de entrada al ecosistema Mac y, para conseguirlo, ha tenido que decidir qué características mantener y cuáles recortar.

Después de tres meses creemos que algunas decisiones están mejor resueltas que otras. Los 256 GB nos parecían escasos antes de empezar y finalmente no nos han condicionado. La autonomía, por su parte, nos ha parecido muy buena para nuestro uso y contribuye mucho a que el equipo resulte agradable para trabajar diariamente. En cambio, los 8 GB de memoria sí nos parecen una concesión importante si nuestra intención es utilizarlo profesionalmente.

Los USB lentos también resultan difíciles de defender en determinados escenarios, y la ausencia de iluminación en el teclado es uno de esos pequeños detalles que recuerdan constantemente que estamos utilizando el modelo económico. Pero entonces volvemos al precio, y la valoración cambia. Tres meses después, ¿volveríamos a trabajar exclusivamente con él? La respuesta corta es que sí, aunque con matices.

Y probablemente esos matices sean lo más interesante de toda esta experiencia. Durante tres meses hemos utilizado exclusivamente el MacBook Neo básico para trabajar con aplicaciones web, realizar edición ligera de imágenes y programar. No hemos tenido que abandonarlo y volver a otro ordenador porque fuese incapaz de seguir nuestro ritmo. Los 256 GB no nos han dado problemas, la autonomía nos ha gustado y, en términos generales, el rendimiento nos ha permitido hacer nuestro trabajo con normalidad.

Eso ya nos parece un resultado bastante bueno para el MacBook más económico de Apple. Sin embargo, estos meses también han cambiado nuestra percepción sobre dónde merece la pena gastar algo más de dinero. Antes de utilizarlo podríamos haber pensado que el almacenamiento sería la primera característica que deberíamos ampliar. Ahora tenemos bastante claro que, para nuestro trabajo, miraríamos primero la memoria.

Los 8 GB son el límite que realmente hemos llegado a notar. No hacen que el Neo sea un mal ordenador ni impiden que podamos trabajar con él, pero reducen el margen que tenemos cuando queremos utilizarlo como una máquina de trabajo durante toda la jornada. También tenemos que aceptar algunas concesiones que no podemos solucionar simplemente pagando almacenamiento en la nube: los puertos USB tienen unas prestaciones bastante modestas y el teclado sin retroiluminación resulta difícil de entender cuando estamos acostumbrados a trabajar con ella. A pesar de todo, hay una realidad que pesa bastante en nuestra valoración final.

Hemos pasado tres meses utilizando exclusivamente este ordenador y hemos podido seguir haciendo nuestro trabajo. Y teniendo en cuenta su precio, creemos que ese es probablemente el mejor argumento que podemos dar a favor del MacBook Neo. No recomendaríamos comprarlo mirando únicamente el logotipo de Apple y pensando que cualquier Mac nos va a servir para cualquier cosa. Tampoco lo elegiríamos para cargas de trabajo pesadas simplemente porque macOS gestione bien los recursos.

Pero para trabajar principalmente con herramientas web, programar y realizar edición ligera, nuestra experiencia demuestra que el Neo básico puede ser mucho más ordenador de lo que sus 8 GB de RAM y 256 GB de SSD hacen pensar inicialmente. Eso sí, después de tres meses ya sabemos perfectamente cuál es la cifra de su ficha técnica que miraríamos dos veces antes de comprarlo. Y no son los 256 GB.