No sé si sois capaces de imaginar un mundo en el que Sylvester Stallone nunca hubiera existido como leyenda del cine. Clásicos como Rocky sencillamente no habrían visto la luz. Iconos como Rambo quizá habrían llegado a la gran pantalla, pero ¿habrían sido igual de carismáticos? Y, por supuesto, los fans de los chismes de Hollywood se habrían perdido la gran rivalidad que el de Filadelfia mantuvo con Arnold Schwarzenegger en los años 80 por el título de rey de la taquilla.
Pero para tener al Sly que todos conocemos y queremos, lo cierto es que el actor tuvo que atravesar una difícil niñez. No es algo con lo que especule yo a nivel personal, sino una confesión que nos dejó hace unos meses en una entrevista: "Tampoco quiero ponerme demasiado psicológico; la gente dirá: 'Ah, es que no fue feliz en su infancia'. No tuve una infancia perfecta, pero también creo en esto: si hubiera tenido una infancia perfecta, no estaría aquí. Me dio la munición, la rabia, el afán de superación y la inseguridad necesarias para seguir delante.
Por eso os digo: abraza tu frustración y tus miedos, porque eso es lo que hace que la vida sea interesante. A nadie le gusta la perfección; yo quiero a ese tipo imperfecto. Él está ahí a pesar de sus defectos. Y los dolores nunca se van.
No te puedes deshacer de los recuerdos". GQ Magazine Y no está exagerando cuando dice que no tuvo una niñez precisamente feliz. Su madre le reconoció una vez, y esto es bastante doloroso de leer, que la única razón por la que él existía es "porque la percha no funcionó. O porque rebotar por las escaleras no hizo que te perdiera" —en referencia a un intento de aborto fallido—.
En la escuela tampoco le fueron mejor las cosas, llegando a pasar por hasta 13 colegios distintos hasta que, con 15 años, abandonó los estudios para conducir un montacargas en los muelles de Filadelfia. En definitiva, todo eso logró forjar en él la coraza de un superviviente que debió criarse a sí mismo antes de ser artista. "Soy un producto de la intimidación" Él se define a sí mismo como un "producto de la intimidación" (vía Unwaxed Podcast). Conoció el miedo y el abuso desde muy joven, pero aprendió a utilizar esa misma intimidación y el dolor como el motor definitivo para obligarse a rendir y crear personajes legendarios. Pero claro, también tuvo referentes en los que fijarse.
De niño, por ejemplo, se refugiaba en héroes del wéstern como Davy Crockett o Wild Bill Hickok, pero el verdadero punto de inflexión llegó al descubrir en la pantalla a Steve Reeves en Hércules. Aquella mítica figura le cambió la vida para siempre, inspirándole a esculpir su propio físico como la armadura definitiva frente a la hostilidad de todo lo mencionado y mucho más que nos guardamos. Hay bastantes entrevistas largas con el actor, así como algún que otro documental que merece la pena leer y escuchar en cuanto te interese su figura. Sigue siendo hoy un monstruo de la actuación, aunque su éxito ya no está tanto en la gran pantalla como en la pequeña, con Tulsa King, una serie criminal donde interpreta a un gánster que intenta reintroducirse en el mundo moderno tras pasar varias décadas a la sombra por algo por lo que no debería haber sido encarcelado.
La serie ya tiene tres temporadas, la puedes ver en SkyShowtime y es divertida. Imagen | Armor