Una nueva generación de talento venezolano se prepara para un eventual regreso corporativo

Una nueva generación de talento venezolano se prepara para un eventual regreso corporativo

Bloomberg Línea — En una sala de reuniones de Yummy, en Caracas, seis estudiantes de la Universidad Católica Andrés Bello pasan las semanas estudiando un mercado, siguiendo a competidores y buscando respuestas que puedan convertirse en recomendaciones para la compañía. Sobre la mesa no hay un examen ni un caso hipotético. Hay un problema de negocio real. Es una escena todavía pequeña, pero que cuenta una historia más grande.

Mientras empresas internacionales vuelven a mirar a Venezuela y algunas compañías locales buscan nuevas oportunidades de crecimiento, una generación de estudiantes está intentando prepararse para un mercado corporativo que podría ser muy distinto al que conocieron quienes se graduaron durante los años más duros de la contracción económica. Ver más: El hombre más rico de Colombia quiere conquistar Venezuela a punta de golosinas El grupo forma parte del UCAB Consulting Club, una organización creada por estudiantes que quieren acercarse al mundo empresarial antes de terminar la universidad. Su primer proyecto de asesoría es precisamente con Yummy, donde realizan una investigación de mercado bajo un acuerdo de confidencialidad. La idea de crear el club nació de una comparación.

Juan Andrés Arroyo, estudiante de Ingeniería Industrial y uno de sus seis fundadores, había observado entre sus amigos que estudian en Estados Unidos y Europa una cultura universitaria en la que los estudiantes comienzan temprano a explorar las industrias en las que quieren trabajar. Clubes de consultoría, banca de inversión y otras áreas funcionan como una primera puerta hacia empresas, profesionales y procesos de reclutamiento. En Venezuela, ese camino se volvió mucho menos evidente durante años en los que el sector corporativo perdió buena parte de su dinamismo. Para Arroyo, el problema no era la falta de interés de los estudiantes, sino la ausencia de espacios que les permitieran convertir ese interés en experiencia.

El UCAB Consulting Club está integrado actualmente por seis estudiantes: Arroyo y Francisco Gámez, quienes ejercen como codirectores, además de Rodrigo Valdés, Andrés Ostos, Fabio Carbonara e Ibrahim García. Los seis conforman el equipo fundador de la organización. “Los estudiantes tienen las ganas de desarrollarse, quieren aprender y quieren las oportunidades”, dijo en conversación con Bloomberg Línea. El club busca llenar precisamente ese vacío. Aunque su nombre lo vincula con la consultoría, sus fundadores lo conciben como una asociación de negocios más amplia: un lugar donde los estudiantes puedan entrar durante unos meses en una compañía, trabajar sobre un problema concreto y descubrir, en la práctica, si esa industria es realmente donde quieren construir su carrera.

Eso fue lo que ocurrió con Yummy, una plataforma venezolana de entrega a domicilio, transporte y comercio electrónico que opera en varios mercados de Latinoamérica. Arroyo ya había pasado por la compañía durante dos períodos de pasantía y conocía su producto y su operación. Cuando los estudiantes buscaron una primera empresa con la que trabajar, esa relación permitió convertir una conversación en un proyecto. Para Yummy, la colaboración tenía sentido precisamente porque combinaba dos perspectivas.

Jenny Avilés, directora comercial de la aplicación fundada en 2020, dijo que el proyecto reúne “el dinamismo del sector tech” con la metodología de investigación de la universidad para obtener una visión actual e imparcial del comercio electrónico y utilizarla para optimizar sus estrategias comerciales. La confianza, en su caso, tampoco surgió de cero. Uno de los estudiantes ya conocía la compañía desde dentro y había identificado una necesidad que podía ser abordada por el grupo. “Conoce nuestro producto, nos conoce como empresa e identificó una necesidad que nos puede ayudar a seguir creciendo”, dijo Avilés en respuesta a Bloomberg Línea. La diferencia entre estudiar una empresa y trabajar para ella aparece rápidamente.

En un salón de clases, una recomendación puede quedarse en el papel. En una compañía, puede terminar influyendo en una decisión. Para los estudiantes, esa responsabilidad cambia la forma de abordar el problema. “Lo más importante que están desarrollando cuando trabajan en estos proyectos es pensamiento crítico y pragmatismo”, dijo Arroyo. Y es justamente allí donde la experiencia de Yummy deja de ser solamente una historia sobre seis estudiantes.

También permite mirar hacia las capacidades que las empresas podrían necesitar si la actividad económica venezolana vuelve a ganar profundidad. Desde Yummy identifican tres: saber tomar decisiones a partir de datos, comprender cómo se comporta una marca en distintos canales de venta y resolver problemas en entornos complejos y cambiantes. “Se requiere capacidad para estructurar datos, extraer insights y traducirlos en acciones comerciales rápidas”. El regreso de las multinacionales El momento en que estos estudiantes decidieron prepararse no es casual. Después de años en los que muchas multinacionales redujeron su exposición al país, Venezuela vuelve a aparecer en los planes de expansión de compañías extranjeras y grupos regionales.

En julio, Grupo Nutresa, controlado por el empresario colombiano Jaime Gilinski, acordó adquirir el 100% de Industrias Tío Rico, fabricante venezolano de helados. La operación se sumó a una serie de movimientos que han vuelto a poner al país en el radar de grandes grupos empresariales. En el sector energético, el interés es todavía más evidente. GeoPark, una petrolera latinoamericana en la que el Grupo Gilinski se convirtió este año en el principal accionista tras una inversión de unos US$107 millones, ha señalado a Venezuela como una oportunidad que podría ganar prioridad a medida que cambien las condiciones del país.

Chevron, por su parte, ha avanzado en acuerdos para aumentar su producción venezolana, mientras Repsol ha planteado incrementar su actividad en el país. El regreso, sin embargo, no se mide solamente en barriles, adquisiciones o capital. Cada nueva operación necesita ejecutivos, analistas, especialistas comerciales, ingenieros y profesionales capaces de trabajar bajo estándares corporativos internacionales. Y ahí aparece una pregunta menos visible: ¿hay suficiente talento preparado para acompañar esa eventual expansión?

Esa es precisamente la brecha que el UCAB Consulting Club intenta anticipar. Sus estudiantes no están esperando a que las nuevas oportunidades aparezcan para empezar a desarrollar las capacidades que podrían exigir. Están intentando adquirirlas mientras todavía están en la universidad. En otros países latinoamericanos, dice Arroyo, universidades y empresas llevan años formando y reclutando perfiles para consultoría, banca, estrategia y otras áreas.

Venezuela podría necesitar reconstruir parte de ese ecosistema. “Tenemos que construir un puente entre la información que tú tienes cuando llegas a la universidad y lo que necesitas para comenzar a navegar el mundo venezolano corporativo”, dijo. El club apenas comienza a construir ese puente. Para el próximo semestre, también planea desarrollar investigaciones independientes sobre Venezuela y América Latina, en colaboración con otras agrupaciones estudiantiles enfocadas en la región. La agenda incluye además talleres y encuentros con empresas y líderes empresariales, con la intención de acercar a los estudiantes a profesionales y sectores que difícilmente conocerían desde el aula.

La expansión también pasa por construir una red. Los fundadores esperan llevar el club de sus seis integrantes actuales a entre 18 y 20 estudiantes y conectar a sus miembros con profesionales venezolanos que hoy trabajan en compañías internacionales, tanto para mentorías como para conocer de primera mano los procesos de reclutamiento y las habilidades que exige cada industria. Para Avilés, de Yummy, esa preparación ya ofrece una razón para mirar con optimismo al talento que permanece en Venezuela. La experiencia con los estudiantes, dice, muestra que existe una generación capaz de enfrentarse a problemas empresariales reales mientras todavía está en la universidad. “Lo mejor que le puede pasar a Venezuela es tener una generación de relevo preparada”.

Quizás esa sea la parte menos visible de una eventual nueva etapa corporativa del país. Antes de que lleguen nuevas oficinas, inversiones o equipos de trabajo, alguien tiene que estar preparado para ocupar esas sillas.