Uruguay profundiza la desdolarización de su deuda

Uruguay profundiza la desdolarización de su deuda

Uruguay profundizó durante 2026 su estrategia de desdolarización de la deuda pública, con un mayor peso de las emisiones en moneda local y una creciente participación de los inversores domésticos. En los primeros siete meses del año, el Gobierno captó el equivalente a US$2.144 millones mediante subastas regulares de Notas del Tesoro en el mercado doméstico, según un informe del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF). Del total, unos US$1.226 millones correspondieron a emisiones en pesos nominales a tasa fija, equivalentes al 57% del financiamiento obtenido. Otros US$506 millones, el 24%, fueron colocados en unidades indexadas a la inflación (UI), mientras que los US$412 millones restantes, el 19%, correspondieron a instrumentos indexados a salarios.

El monto captado entre enero y julio más que duplicó el registrado durante los primeros siete meses de 2025, con un aumento de 102%. Además, superó en 61% el financiamiento obtenido durante el segundo semestre del año pasado. El avance de las emisiones en pesos se produce en un contexto de inflación persistentemente baja. Según el MEF, los instrumentos en moneda nominal representaron el 57% de las emisiones domésticas en los primeros siete meses de 2026, frente al 19% en igual período de 2025. “La nominalización de la deuda doméstica, característica de entornos de baja inflación, está comenzando a consolidarse gradualmente en Uruguay”, señaló el Ministerio.

Más deuda en moneda local El proceso también se refleja en la composición del stock de deuda. A fines de junio, el 56,6% de la deuda del Gobierno Central estaba denominada en moneda local, 1,1 puntos porcentuales más que al cierre de 2025. El porcentaje se acerca así al objetivo establecido por el Gobierno de alcanzar al menos el 57% de la deuda total en moneda local hacia el final de la actual administración. De acuerdo con el MEF, una mayor participación de deuda en moneda local permite reducir los riesgos asociados al descalce de monedas y mejora la capacidad del país para enfrentar shocks externos.

El Gobierno también mantuvo una estructura de vencimientos relativamente extendida. La deuda con vencimientos dentro de los siguientes 12 meses representaba el 6,5% del stock total a fines de junio, mientras que la madurez promedio de la deuda se ubicaba en 12 años. Una emisión global de US$1.700 millones La estrategia de financiamiento también incluyó el regreso de Uruguay al mercado internacional. El 28 de julio, el Gobierno realizó una emisión de bonos globales en dos monedas por un total equivalente a US$1.697 millones.

La operación incluyó una reapertura del bono global en pesos nominales con vencimiento en 2035 por el equivalente a US$1.298 millones y otra del bono denominado en dólares con vencimiento en 2037 por US$399 millones. El bono en pesos se colocó a un rendimiento anual de 7,75%, por debajo del 8% obtenido cuando fue emitido originalmente en octubre de 2025. El MEF atribuyó la mejora en las condiciones de financiamiento a la reducción de la inflación y el anclaje de las expectativas, junto con la compresión de las tasas reales en UI y el bajo riesgo país. La operación también permitió a los inversores utilizar Letras de Regulación Monetaria (LRM) y Notas del Tesoro como forma de pago para adquirir el bono global en pesos.

El mecanismo, utilizado por tercera vez consecutiva en una emisión internacional de deuda uruguaya en pesos nominales, permitió integrar el mercado doméstico con el internacional. Según el informe, el 43% del monto emitido en la reapertura del bono en pesos fue integrado mediante instrumentos domésticos. En paralelo, el bono global en dólares fue colocado a un rendimiento de 5,356%, lo que implicó un diferencial de 75 puntos básicos respecto del bono del Tesoro de Estados Unidos de referencia para ese vencimiento. Los libros de órdenes de ambas operaciones reunieron 87 cuentas de inversión de Estados Unidos, Europa, América Latina y Uruguay.

La deuda bruta llegó al 61,2% del PIB En cuanto a la evolución de la deuda, el MEF estimó que el stock de deuda bruta del Gobierno Central alcanzó el 61,2% del PIB nominal al cierre de junio, 1,4 puntos porcentuales más que a fines de 2025. La deuda neta, en tanto, se ubicó en 57,6% del PIB, 1,8 puntos porcentuales por encima del nivel registrado al cierre del año pasado. Pese al incremento, permanece por debajo del ancla de deuda neta de mediano plazo de 65%. El Ministerio aclaró que desde esta publicación las estadísticas oficiales de deuda bruta y neta sobre PIB se calculan expresando tanto la deuda como el PIB en pesos uruguayos nominales.

El cambio metodológico busca reducir la volatilidad del indicador asociada a las fluctuaciones del tipo de cambio y mejorar su comparabilidad internacional. Uruguay mantiene el menor riesgo soberano de la región El informe también destacó las condiciones de financiamiento que enfrenta Uruguay. A junio de 2026, la tasa promedio anual ponderada del stock de deuda en moneda local era de 3,4% real para los instrumentos indexados a la inflación, 2,1% para los instrumentos indexados a salarios y 8,4% para las obligaciones en pesos nominales. En el caso de la deuda denominada en dólares, la tasa promedio anual se ubicó en 5,2%.

El MEF señaló además que Moody’s, S&P y R&I mantienen a Uruguay en niveles de grado de inversión de BBB+ o equivalente, con perspectiva estable. El país, agregó, continúa registrando el spread EMBI más bajo de América Latina y alcanzó durante 2026 su mínimo histórico. La mayor participación de inversores domésticos también contribuyó, según el Gobierno, a profundizar el mercado secundario de deuda en pesos. El MEF destacó la reducción de los spreads entre los precios de compra y venta y una mejora en la puntuación BVAL de Bloomberg, que se ubicaba cerca de 9 puntos sobre 10 para la curva en pesos uruguayos en julio.

En paralelo, durante el primer semestre de 2026 Uruguay recibió US$164 millones en desembolsos de organismos multilaterales. De ese total, US$100 millones correspondieron al Banco Interamericano de Desarrollo (BID) mediante un préstamo basado en políticas, mientras que los US$64 millones restantes fueron préstamos de inversión destinados a distintos programas de desarrollo.