Mark Zuckerberg cree que estamos formulando mal una de las preguntas más importantes de la inteligencia artificial. En lugar de preguntarnos únicamente cuánto puede llegar a hacer una futura superinteligenci a, propone otra cuestión: quién tendrá permiso para utilizarla cuando llegue. El fundador de Meta ha publicado The Future is for Everyone, un manifiesto de unas 6.500 palabras en el que defiende una visión radicalmente distribuida de la IA avanzada. Según Zuckerberg , concentrar semejante capacidad en unas pocas compañías, instituciones o gobiernos produciría un desequilibrio de poder potencialmente más peligroso que ponerla en manos de millones de individuos.
Su idea es sencilla: si solo una empresa dispone de superinteligencia, puede arrasar a sus competidores. Si solo una persona cuenta con un abogado superinteligente, tendrá una ventaja enorme frente al resto. Si todos acceden a herramientas comparables, argumenta, esas fuerzas empezarían a contrarrestarse entre sí. Es también una declaración bastante conveniente para Meta.
Meta quiere que la próxima gran IA no viva únicamente dentro de un centro de datos El manifiesto apareció el mismo día que Muse Glimmer, el nuevo modelo de Meta Superintelligence Labs. Tiene unos 30.000 millones de parámetros y ha sido destilado a partir del mucho mayor Muse Spark. Meta ha publicado sus pesos bajo licencia Apache 2.0 y asegura que una versión cuantizada puede ocupar menos de 20 GB, suficiente para funcionar en determinados Mac, PC y GPU de consumo sin depender permanentemente de la nube. Eso encaja casi demasiado bien con el discurso de Zuckerberg.
Un agente que funcione localmente puede acceder a archivos, gestionar tareas o procesar información personal sin necesidad de enviar constantemente todo a servidores externos. Muse Glimmer ha sido diseñado precisamente para agentes capaces de encadenar tareas, utilizar herramientas, interpretar imágenes, programar y recuperarse cuando una acción falla. Meta está convirtiendo así su argumento político en producto: si la IA debe estar distribuida, también debería poder abandonar el centro de datos y vivir en nuestros dispositivos. Zuckerberg cree que la IA creará más inventores antes que más desempleados © Getty Images / Brendan Smialowki / Contributor – Gizmodo.
Otra parte del manifiesto choca frontalmente con uno de los grandes temores alrededor de la IA. Zuckerberg no niega que habrá automatización, pero sostiene que estamos subestimando el otro lado de la ecuación: personas utilizando IA para hacer cosas que antes requerían grandes empresas, equipos especializados o cantidades enormes de capital. Su predicción es que la superinteligencia convertirá la invención, y no la sustitución de trabajadores, en su principal aporte económico. En ese escenario, pequeños equipos podrían construir negocios de una escala que actualmente exige cientos de trabajadores.
Nuevas capacidades aparecerían al mismo tiempo que otras tareas se automatizan, lo que podría incluso producir crecimiento del empleo si la capacidad humana aumentada mediante IA avanza lo suficientemente rápido. Zuckerberg también lleva la discusión directamente a Washington . Defiende que Estados Unidos acelere la infraestructura energética y tecnológica necesaria para IA y cuestiona las restricciones sobre técnicas como la destilación, utilizadas para transferir capacidades desde modelos mayores hacia otros más pequeños. El punto incómodo es que “IA para todos” también significa riesgos para todos No todo el mundo compra esa visión.
Expertos en seguridad de IA citados por Associated Press advierten que distribuir sistemas cada vez más capaces también puede multiplicar las oportunidades de abuso y que todavía no sabemos controlar con garantías modelos que superen ampliamente las capacidades actuales. Incluso defensores de la IA abierta señalan otra contradicción: democratizar la tecnología no implica necesariamente democratizar el poder si Meta continúa controlando buena parte del ecosistema que la rodea. Y ahí probablemente está la verdadera importancia del manifiesto. Zuckerberg no está discutiendo únicamente cómo será la próxima versión de Meta AI.
Está intentando fijar una de las reglas de la era que viene: que nadie tenga derecho a guardar la inteligencia más poderosa únicamente para sí mismo. La gran batalla de la IA puede acabar siendo menos tecnológica de lo que imaginábamos. No será solo quién construya primero la superinteligencia, sino quién decide quién puede usarla cuando exista.