El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, es uno de los tres candidatos favoritos para suceder a António Guterres en la Secretaría General de las Naciones Unidas, pero percibe un futuro incierto de la organización. “No veo que la ONU esté en peligro inminente de desaparecer”, dijo el aspirante en declaraciones a Financial Times. “Lo veo más bien como una muerte lenta”. “La ONU se ha ido desmoronando”, afirmó, por falta de “una contribución significativa a las crisis recientes ni a las guerras interestatales”. Grossi compartió también “una sensación de frustración con el pésimo historial en relación con otros ámbitos que se supone que debería haber abordado”, como son las agendas sociales o el cambio climático. “Si llego a ser gerente general, me verán estrechando la mano con personas que podrían estar haciendo cosas muy malas”, advirtió el aspirante argentino. A principios de este año, los diplomáticos de la ONU consideraban a Grossi como un posible “candidato estadounidense”, con un discurso centrado en la seguridad y alejado del desarrollo, afirma el medio. Sin embargo, su cercanía a Trump no genera simpatías ni entre los Estados miembros ni entre el personal.
En la primera votación informal dentro del Consejo de Seguridad, el directivo del OIEA, de 65 años, quedó tercero, por debajo de: la economista costarricense Rebeca Grynspan, de 70 años, y la embajadora de Guyana ante la ONU, Carolyn Rodrigues-Birkett, de 52 años. Los resultados de este sondeo sugieren que el próximo secretario general será latinoamericano, en consonancia con un consenso preliminar en la ONU de que le corresponde a esa región ocupar el cargo, aunque algunos aspirantes africanos también figuran en las votaciones