Las bellezas del Teatro Martí de Cuba

Las bellezas del Teatro Martí de Cuba

La recuperación del Teatro Martín en La Habana, constituye todo un hito tanto para la cultura como para el turismo de la ciudad, sobre todo a partir del detallado trabajo arquitectónico, y la simbólica presencia de una época anterior. Nombre del apóstol de la independencia de Cuba José Martí, y figura insigne de la lucha contra el colonialismo español. En su momento conocido como Teatro Irijoa, el Martí ahora es todo lujo en sus detalles más mínimos de la reconstrucción, una verdadera belleza que difumina por sus salones, pasillos y escenario, el brillo de una época donde las actuaciones del estilo Bufo se enseñorearon. Su céntrica ubicación le granjeó en su momento, junto a la calidad de las presentaciones, el éxito que coronó un momento histórico de la cultura cubana.

Ahora, ese escenario vuelve al panorama cubano, arropado además por un diseño modernizado y la tecnología. Abierto el 8 de junio de 1884, su presencia exterior exhibe un bloque rectangular tocado por una cornisa corrida a su alrededor y un pretil rematado por copas. Es una belleza de edificio, tanto en su fachada como en el interior, donde el detalle otorga una particularidad muy especial a esta casa del arte. Una arquitectura equilibrada con ventanales muy apropiados para el lugar, la cubierta de dos aguas resalta en esa estructura, junto a un frontón con una luceta semicircular en su centro.

Pero el interior es la clave, tanto por ser el eje de su designación como por los elementos de una recuperación inteligente que muestra los deseos de sus constructores por hacer las cosas bien y dotar a La Habana de uno de sus sitios más emblemáticos. Las columnas de hierro fundido, los pisos de mármol, alfombras, cortinas, espejos, lunetas de hierro y detalles como relojes de época complementan una imagen sumamente atractiva para un teatro que fue célebre y ahora retorna para el disfrute de los lugareños y visitantes. Ventilación y acústica complementan sus datos, con la inspiración de la moderna tecnología, para permitir una agradable estancia en el lugar. Los arquitectos colocaron el piso de la platea al nivel del vestíbulo, y el escenario para la realización de bailes y otras presentaciones de este tipo.

Camerinos, vestuario, utilería, un restaurante, un café al aire libre y un jardín, esculturas, fuentes, mobiliario, todo parece tocado con la barita mágica de la belleza, como si fuera obra de dioses. Restaurado bajo los designios de la Oficina del Historiador de La Habana, estamos en presencia de un inmueble histórico, con valores de relieve tanto desde el punto de vista arquitectónico como cultural, un sitio que muchos turistas desean ver, tan siguiera una vez, incluso al margen de las presentaciones. mem/rfc