No me llamaba nada de nada este anime, ahora no quiero ver otra cosa este verano

No me llamaba nada de nada este anime, ahora no quiero ver otra cosa este verano

Seguro que te ha pasado: estás ahí cómodamente en el sofá, explorando el catálogo de tu plataforma de streaming preferida en busca de tu nueva serie para maratonear, y sin querer le das a empezar a ver una serie que no es la que querías ver. Pues así empecé a ver yo Shangri-La Frontier, que admito que no me llamaba demasiado. Pero oye, ya q le había dado, pues lo dejé: ¿quién soy yo para llevarle la contraria a lo que claramente es voluntad de la fuerza? Así, además, compruebo a ver de qué va tanto revuelo con este anime, que lo mismo me llevo una sorpresa agradable, como me pasó con Chainsaw Man.

Llevo apenas veinte capítulos de Shangri-La Frontier y estoy bien enganchado. La propuesta sonaba a otro isekai más con su chaval y su mundo de fantasía, y tampoco veía nada en su estética que me llamara especialmente. Y su arranque es de lo modestito, e incluso un punto genérico, pero poco a poco ha ido ganándome hasta el punto de querer ponerle un capítulo más cuando ya tocaba irse al sobre por la noche. El caso es que el motivo por el que conquistado me parece más interesante que la propia trama.

Llevo apenas veinte capítulos de Shangri-La Frontier y estoy bien enganchado El protagonista, Rakuro Hizutome, se hace llamar Sunraku dentro de los juegos y tiene una afición muy concreta: se dedica a jugar juegos malos. Es su rollo, especializarse en juegos de nichos, plagados de bugs y mal diseñados. Al parecer no es tan raro: en Japón, kusoge designa a toda una categoría de juegos pésimos; nació como desprecio en la época de los 8 bits y con los años se ha ido cargando de cariño, hasta tener su propia subcultura de gente que busca y celebra adrede los peores videojuegos. Sunraku es exactamente eso, un experto en sufrir juegos rotos que un día decide probar otra cosa y meterse en Shangri-La Frontier, un VR de fantasía con treinta millones de jugadores que, como buen isekai, lo lanza a empezar de nivel uno en un mundo nuevo.

Y aquí llega el primer hallazgo: todas las habilidades y conocimientos sobre videojuegos que ha acumulado peleando contra controles imposibles y bugs absurdos le sirven de golpe en el juego bueno, donde levelea sin frenos. La serie no romantiza solo las grandes epopeyas del medio, destaca también sus rincones más feos, de una manera que me ha llamado la atención por el amor a los videojuegos que destila. No está atrapado en la partida, juega porque le da la gana Aquí es donde la serie se separa de buena parte de sus vecinos de género. Cuando uno piensa en un héroe metido en un videojuego, lo primero que aparece es la tradición que popularizó Sword Art Online: gente atrapada en un mundo virtual del que no puede salir, donde morir en la partida significa morir de verdad.

La actualización cultural de la legendaria serie de dibujos de Dragones y Mazmorras… Shangri-La Frontier renuncia a esa idea. Sunraku entra y sale del juego cuando quiere, tiene una hermana pequeña que le vacía la nevera mientras él está conectado, va al instituto y vuelve a casa como cualquiera. Incluso juega a otros títulos cuando le apetece desconcertar. No está secuestrado por la aventura: Sunraku elige jugar, y por eso lo que está en juego no es su supervivencia, sino algo mucho más sencillo y más bonito, que es las ganas de seguir jugando.

Esa honestidad tiene una consecuencia preciosa en la motivación del protagonista, y creo que prácticamente todos podemos identificarnos con ella. Sunraku juega con una confianza rara: parte de que, si algo está en el juego, es porque sus diseñadores quieren que se afronte, y de que hasta el jefe más imposible esconde una solución pensada para ser encontrada. Bien, esa fascinación por los retos y por las historias que encierran los videojuegos es lo que hace de esta afición algo tan bonito, ¿verdad? Además, Sunraku quiere divertirse, y Sunraku se divierte cuanto mayor sea el reto.

Ya sabéis, los jugadores de los se lanzan de cabeza a las no-hit run, por ejemplo. Se nota que los responsables de la serie saben de videojuegos, que comparten esta afición tan bonita con nosotros La pasión del protagonista y sus compañeros de partida, y la gran cantidad de detalles que acumula toda la trama delata que los responsables de la serie saben de videojuegos, que comparten esta afición tan bonita con nosotros. Los que de verdad jugáis lo sabéis: se nota enseguida cuándo un guionista ha tenido un mando en las manos y cuándo no. Shangri-La Frontier no pretende ser una obra profunda ni se lo propone en ningún momento, pero respeta a los amantes de los videojuegos, y se nota el cariño por este entretenimiento.

Parte de su gracia está precisamente en esa modestia, en saberse un divertimento sobre gente que se lo pasa bien jugando, sin más ambición que contagiarte las ganas. Riot Blood, lo único que no deberías copiarle En Shangri-La Frontier existe una marca ficticia llamada Riot Blood que funciona como auténtica gasolina del protagonista, hasta el punto de que Sunraku se ha bajado tantas latas que distingue el nivel de cafeína entre la versión japonesa y la americana. Es un gag, sí, pero también es el retrato fiel de cierta manera de jugar: las maratones de madrugada, el subidón químico, el sueño sacrificado. ¿Quién no ha mirado alguna vez el reloj a las cuatro de la mañana, lata en mano, jurando que esa partida era la última? La serie lo enseña todo con un cariño desarmante y, hay que decirlo, con una pizca de irresponsabilidad muy honesta, porque retrata una afición que demasiadas veces se sostiene sobre dormir poco y azúcar de más.

Por supuesto, que cada uno haga lo que quiera, pero no e slo mejor para la ciudad y nosotros no te lo recomendamos. Shangri-La Frontier no me ha vendido un mundo épico al que querría escapar, aunque lo tiene; me ha devuelto el reflejo de lo que ya soy: alguien que quiere este medio con sus obras maestras y con sus juego malos, con sus sesiones de vicio interminables y con sueño atrasado a la mañana siguiente. Me ha pasado como al propio Sunraku frente a un juego que no pintaba bien, que lo que parecía menor me ha acabado atrapando. Pienso seguir ahí cuando la tercera temporada aterrice en 2027, según anuncia Anime News Network,.

De momento, tienes las dos primeras temporadas disponibles en Netflix y Crunchyroll. ¿Y tú qué opinas? ¿Eres fan de Shangri-La Frontier? ¿Te llama la atención pero no te has animado a ponerte con ella? Puedes unirte al servidor de Discord de 3DJuegos y compartir tu opinión con otros fans. En 3DJuegos | Witch Hat Atelier se abre paso en los Astra Awards 2026, pero lo cierto es que las nominaciones dan que hablar En 3DJuegos | Bleach ya tiene fecha para el final definitivo que los fans llevamos 22 años esperando En 3DJuegos | Durante años pensamos que AKIRA hablaba del futuro, pero en realidad nos habla del pasado más oscuro de Japón