Coches Eléctricos Para mover este monstruo de 174 m hacían falta 6 tripulantes y 4 turbinas de gas de 1.170 CV que alimentaban motores eléctricos en rueda El TC-497 Mark II fue un gigantesco tren terrestre eléctrico del US Army para la Guerra Fría. Con 54 ruedas motrices, el ejército se propuso incluso instalar en su interior un reactor nuclear. Creado para la Guerra Fría, el proyecto fue cancelado por la competencia de los helicópteros de carga. Gonzalo García 14/08/2026 09:00 Actualizado a 14/08/2026 09:00 Añadir Híbridos y Eléctricos como fuente preferida de Google de forma gratuita.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad. Activar ahora En plena Guerra Fría, la defensa norteamericana necesitaba abastecer la Línea DEW, una cadena de radares en el Ártico, sin infraestructura vial. Para transportar 500 toneladas por cerca de 400 km de tundra sin carreteras (con los helicópteros de carga aún en pañales), el Ejército recurrió al inventor R. G.
LeTourneau. LeTourneau, famoso por sus vehículos todoterreno con transmisión diésel-eléctrica multi-eje, ya había diseñado prototipos como el VC-12 Tournatrain y el VC-264 Sno-Buggy (destinados a tala y operaciones árticas) que utilizaban motores diésel y generadores alimentando motores en ruedas. Tras el éxito de su Logistic Cargo Carrier LCC-1 en Groenlandia, en 1958 el Ejército encargó un vehículo aún mayor: el tren terrestre TC-497 Mark II. La cabina era casi un edificio: tan alta como dos pisos y con 14 m de largo disponía de cocina, baño y camas.
Un monstruo sobre ruedas Fabricado entre 1961 y 1962 en la factoría de LeTourneau en Texas, el TC-497 fue enviado al Yuma Proving Ground de Arizona para pruebas en el desierto bajo el Proyecto OTTER (Overland Train Terrain Evaluation Research). Allí demostró su capacidad todoterreno, pero nunca entró en servicio: hacia fines de los 60 los helicópteros de carga (como el Sikorsky CH-54 y S-64 Skycrane) resultaron más eficaces y baratos para logística remota. En 1968 el tren fue vendido como chatarra; solo se conservó la unidad de control, que hoy puede verse como pieza estática en Yuma. El TC-497 era un trenes articulado modular de proporciones colosales.
Medía unos 174 m de largo y más de 9 m de alto. Su estructura principal era de aluminio soldado, ultraligero para su tamaño. Consta de 13 unidades en total: una cabina de mando de control, dos vagones generadores adicionales y 10 remolques de carga. Cada remolque contaba con tracción a las cuatro ruedas; en total el vehículo sumaba 54 ruedas motrices.
Estas eran sus especificaciones básicas: Longitud y peso : 174 m con 13 módulos. Podía transportar 150 toneladas de carga útil a 32 km/h (20 mph). Ruedas motrices : Llantas neumáticas de casi 3 m de diámetro de baja presión. Cada rueda montaba un motor eléctrico integrado (hub motor), de modo que las 54 ruedas trabajaban en conjunto.
Este sistema, similar al de locomotoras eléctricas, mejoraba la tracción en terreno blando. Además llevaba freno regenerativo (como en coches eléctricos modernos) para recuperar energía. Propulsión energética : Cuatro turbinas de gas Saturn 10MC (Solar Turbines) de 1.170 CV cada una. Una turbina se ubicaba en el vagón de control y las otras tres en remolques auxiliares a lo largo del tren.
Cada turbina movía un generador eléctrico AC/DC; la electricidad así generada alimentaba los motores de las ruedas. Tren articulado y dirección : A diferencia de un convoy rígido, cada módulo tenía ejes delanteros y traseros dirigibles. Se instaló un sistema coordinado de dirección: al girar el camión cabecera, los remolques giraban las ruedas traseras en el mismo punto, evitando que se cruzaran las trazas. Esto permitía giros muy cerrados pese al largo total.
Cabina : La cabina de mando de seis ruedas medía unos 9 m de alto y contenía el puesto de conducción. Gracias al tamaño compacto de las turbinas, había espacio para seis tripulantes con literas, cocina, baño e incluso radar. El control se realizaba como en un tren normal, pero moviendo un monstruoso volante y palancas eléctricas. En conjunto, el TC-497 era un verdadero tren terrestre: un gigantesco camión modular cuya potencia (casi 5.000 CV combinados) y número de ruedas motrices lo convirtieron en el vehículo todoterreno más grande jamás construido.
Un auténtico tren con 54 ruedas de 1.000 kg que no necesitaba vías para circular. La energía El TC-497 ejemplificó la movilidad extrema militar. Su tren de rodaje y tracción total le permitían avanzar por nieve, barro o arena sin necesidad de vías ni carreteras. Este todoterreno podía remolcar blindados, jeeps o contenedores en los entornos más inhóspitos (desde el Ártico hasta el desierto) con plena autonomía energética.
Cada inmenso neumático de 3 m incorporaba su propio motor eléctrico, por lo que el esfuerzo del motor principal se repartía uniformemente; incluso se implementó frenado regenerativo en los años 50, un concepto adelantado en eficiencia. Sin embargo, su consumo de combustible era monstruoso: las cuatro turbinas juntas quemaban entre 113 y 227 litros por minuto en marcha continua. Para mejorar la sostenibilidad y la autonomía, ya a finales de los 50 el gobierno estudió alimentar el tren con un reactor nuclear portátil. 500 horas de prueba demostraron que consumir una media de 200 litros de combustible por minuto lo convertía en un proyecto inviable. LeTourneau llegó a declarar que las turbinas de gas eran solo una solución provisional hasta disponer de una fuente atómica adecuada.
En la práctica esto nunca se concretó, pero la idea evidenciaba la ambición de energía autónoma detrás del diseño. El TC-497 MkII fue un experimento sin igual: combinaba una gigantesca carrocería terrestre con tecnología eléctrica avanzada, pensado para operar lejos de toda infraestructura. Su legado es hoy un símbolo de movilidad extrema y de los esfuerzos por crear plataformas logísticas independientes, todo ello impulsado por propulsión eléctrica y visiones de energía limpia. Temas Coches Eléctricos