Imaginar a Cristian Castro con una mochila al hombro, sentado en una banca universitaria y tomando apuntes sobre materiales, formas y procesos de fabricación parece una escena sacada de una película. Más todavía si pensamos en el personaje que durante años hemos visto entre micrófonos, escenarios, hoteles y aviones. Ahora, el cantante se imagina haciendo algo completamente distinto: estudiando, aprendiendo y creando productos que algún día podrían llegar a los supermercados. Champús, cereales, artículos de uso cotidiano.
Le entusiasma pensar en cómo nacen, cómo se diseñan y cómo una idea termina convertida en algo que millones de personas pueden tener en las manos. “Me gustan mucho los productos. Me gusta mucho, cada vez que veo un champú, cada vez que veo una pasta de dientes, algún cereal, arroz... Todo lo que veo en el supermercado me llama muchísimo la atención”, contó la semana pasada durante su encuentro con los medios, entre ellos TVyNovelas. UNA SEMANA INTENSA Resulta curioso porque durante años a Cristian se le ha retratado como un hombre que disfruta de una vida cómoda y que, según sus críticos, no se caracteriza precisamente por hacer demasiado.
Ahora la imagen es otra: después de terminar la preparatoria a los 51 años, habla seriamente de volver a las aulas y pasar otros cinco años preparándose para una profesión que nada tiene que ver con cantar. “Quiero estudiar Diseño Industrial, presencial”, anunció. La palabra que quizá más sorprende es esa: presencial. Cristian no está pensando solamente en inscribirse a una carrera y tomar algunas clases desde casa. Está imaginando una vida universitaria: horarios, maestros, proyectos, tareas, materiales, compañeros y la disciplina necesaria para llegar hasta el final.
El contraste resulta fascinante. Mientras podría haberse conformado con todo lo que ya consiguió, el cantante acaba de terminar una etapa académica y ya está mirando hacia la siguiente. Eso sí: no quiere dejar la música. “Vamos a tratar de combinar ambas”, explicó cuando le preguntaron cómo piensa compaginar los estudios con su carrera artística. Ahí comienza la verdadera aventura.
Porque la semana que terminó fue una de las más intensas de su vida reciente. El intérprete de Yo quería se presentó cuatro veces en el Auditorio Nacional, recibió su certificado de preparatoria con Verónica Castro como madrina de su generación, habló de la salud de su madre, avanzó con el regreso de La Esfinge y, en medio de todo eso, encontró tiempo para imaginarse como universitario. El hombre que ya construyó una carrera de más de tres décadas ahora quiere aprender a construir otra cosa: objetos, productos, ideas. Quizá, sin saberlo todavía, también está construyendo una nueva versión de sí mismo.
Pero si Cristian lleva adelante su intención de estudiar Diseño Industrial, tendrá que enfrentarse a una carrera muy distinta de la que cualquiera podría imaginar para un cantante. En la UNAM, donde desea estudiar, la licenciatura contempla 10 semestres, equivalentes a cinco años, y una formación que combina creatividad con conocimientos técnicos. El estudiante debe familiarizarse con dibujo, geometría, computación, materiales, tecnología, procesos de transformación, ergonomía y talleres de diseño. No se trata simplemente de imaginar objetos bonitos.
Un diseñador industrial aprende a detectar necesidades, desarrollar conceptos, elaborar prototipos y buscar la manera de convertir una idea en un producto funcional, seguro, atractivo y viable para su fabricación. Eso significa que Cristian tendría que acostumbrarse a estudiar materiales, comprender cómo se fabrican los objetos y resolver problemas que no tienen absolutamente nada que ver con una melodía. Y, sin embargo, parece haber algo de ese mundo que lo seduce. Su curiosidad va desde los champús hasta los cereales.
Son productos aparentemente sencillos, pero detrás de cada uno existe un proceso de investigación, diseño, fabricación, empaque y comercialización. Ahí es donde su imaginación parece despegar. La idea de que algún día pueda desarrollar sus propios productos deja de ser una ocurrencia cuando se entiende lo que realmente hace un diseñador industrial. Podría participar en la creación de envases, mobiliario, objetos tecnológicos, artículos para el hogar, productos de consumo, sistemas de exhibición, servicios e incluso proyectos de innovación.
También podría emprender. Es decir, no necesariamente tendría que terminar trabajando para una compañía. Un diseñador industrial puede desarrollar productos propios, colaborar con fabricantes, crear una marca o participar como consultor en diferentes industrias. Para el artista, además, existe un ingrediente que difícilmente puede aprenderse en un salón de clases: su experiencia construyendo una carrera alrededor de una marca personal.
Quizá algún día esa experiencia le sirva para crear productos que lleven su sello. Pero la universidad no es el único territorio nuevo que Cristian Castro está explorando. Mientras habla de regresar a las aulas y aprender a diseñar productos, también prepara el regreso de La Esfinge, la banda con la que desde hace más de una década se permite ser otro cantante. Allí no está el intérprete de Azul ni el hombre de las grandes baladas románticas; está Lúgh Draculea, su alter ego metalero, acompañado por una banda que prepara su tercer álbum.
Cristian nunca ha escondido que el rock representa una libertad distinta para él. Hace años, cuando defendía su decisión de incursionar en el género, lanzó una pregunta que todavía explica perfectamente su aventura: “Si los rockeros pueden hacer baladas, ¿por qué los baladistas no podríamos hacer rock?”. Su intención, decía entonces, era cruzar “al lado rockero” y hacerlo “de la manera más digna”. Con La Esfinge encontró precisamente ese espacio. “El rock es más altanero en sus letras y más pesimista en concepto.
Eso nosotros lo disfrutamos en nuestro grupo”, explicó. La frase ayuda a entender por qué, después de tantos años de baladas, sigue regresando a este proyecto: allí puede explorar una parte de su personalidad que no necesariamente cabe en las canciones románticas que lo hicieron famoso. Ahora esa faceta vuelve a tomar fuerza con un nuevo disco. Cristian retomará su alter ego y La Esfinge prepara su tercer material, una noticia que confirma que el proyecto no fue un experimento pasajero.
También demuestra que el cantante no está reduciendo su actividad a pesar de haber decidido volver a estudiar. Su madre, Verónica Castro, fue madrina de la generación y aprovechó para dejar un mensaje que resumió el espíritu de la ceremonia: “Hay que estudiar, es la única manera de salir adelante”. También reconoció: “Es difícil estudiar, pero no es imposible”. Cristian terminó demostrando que esas palabras también podían aplicarse a él.
La historia, sin embargo, no terminó con el diploma. Apenas terminó una carrera pendiente, ya estaba pensando en otra. Todo le ha ocurrido en apenas unos días. Por eso quizá el verdadero titular no sea que Cristian Castro se graduó.
Es que no parece tener intención de quedarse quieto después de hacerlo. Quiere estudiar. Quiere crear productos. Quiere seguir cantando.
Quiere volver al metal. Quiere llevar a La Esfinge más lejos. Y, sobre todo, parece haber recuperado algo que con los años muchos adultos pierden: la ilusión de empezar algo sin saber exactamente en qué va a terminar.