El creador de The Mandalorian se encarga ahora de la serie del primer personaje de Walt Disney

El creador de The Mandalorian se encarga ahora de la serie del primer personaje de Walt Disney

Llevo unos años mirando con cierta desconfianza hacia casi todo lo que sale del cajón de los clásicos de Disney. Uno ve pasar remakes en imagen real que copian plano a plano la película de dibujos y que, con la excepción de El Libro de la Selva, me parecen de lo más flojos. O se topa con una sucesión de secuelas interminables, o nuevas películas de Pixar que te recuerdan que la Pixar actual ya no es la Pixar de 2009. Así que cuando en el showcase de D23 de este fin de semana apareció Jon Favreau (por cierto, director del Live Action de El Libro de la Selva) para hablar de un proyecto con el conejo Oswald, mi primera reacción no ha sido la de confiar demasiado en la idea.

Y entonces vi el primer metraje, grabado con un móvil a mano alzada y colado casi de tapadillo en las redes sociales, con el conejo plantado sobre el escritorio de Walt Disney, dibujado a mano, sombreado con una técnica que recuerda mucho a lo que hicieron los genios de The SPA Studios con Klaus, y se me cayó la pose de tipo de vuelta de todo. Mickey Mouse no nace de un rapto de inspiración romántica, nace de un cabreo monumental y de la pura necesidad Los datos son estos. Se llama simplemente Oswald, llegará a Disney+ el 17 de febrero de 2027 y se plantea como una miniserie de tres partes en formato híbrido de imagen real y animación. Favreau la crea, la escribe, la codirige y la produce, acompañado en la dirección por Jude Weng y Andrew R.

Jones. El reparto lo forman Ravi Cabot-Conyers, Mykal-Michelle Harris, Ryder Allen, Al Madrigal, Kathryn Hahn y Albert Brooks, y por el camino se anunció también a Amy Sedaris, que os sonará de The Mandalorian y BoJack Horseman. La premisa es tan de película de los ochenta que me da un poco de ternura: un terremoto libera al conejo que llevaba escondido desde los años veinte, y un chaval de secundaria y sus amigos se encargan de que el pobre entienda en qué siglo ha aterrizado. Es Roger Rabbit pasado por el filtro de Los Goonies, y ya me tienen ahí enganchado.

Lo que separa este anuncio de la rutina corporativa de Disney es la decisión técnica. Podían haber hecho a Oswald en 3D, integrarlo con las herramientas de captura virtual que el propio Favreau normalizó en El libro de la selva y El rey león, y nadie habría levantado una ceja. En cambio han optado por animación tradicional dibujada a mano, con Sergio Pablos y su gente de SPA al frente de la parte animada. El metraje que se enseñó en Anaheim, que no se ha publicado de manera oficial pero que seguro que encuentras en Internet, transcurre dentro de la oficina de Walt en los estudios Disney, con Oswald, que no deja de ser un curioso y divertido detalle que hace referencia a la propia historia del estudio.

Perder a Oswald fue la peor semana profesional de Walt Disney, y también la que le salvó la carrera Hay que contar la historia que explica por qué este anuncio es especial para Disney. Oswald nació en 1927 de la mano de Walt Disney y Ub Iwerks para Universal, distribuido a través del productor Charles Mintz, y funcionó realmente bien, con veintiséis cortos y un tirón comercial que permitió a aquel pequeño estudio levantar el vuelo. El problema llegó en febrero de 1928, cuando Walt viajó a Nueva York convencido de que iba a negociar una mejora de sus condiciones de trabajo y se encontró con lo contrario: Mintz le ofrecía menos dinero y le recordaba que los derechos del personaje no eran suyo. Walt se levantó de la mesa y volvió a California sin personaje, sin plantilla para su equipo de animación y sin contrato.

Solo Ub Iwerks se quedó a su lado, y de aquel viaje de vuelta salió el ratón más famoso de mundo. Walt jamás volvió a firmar un contrato sin controlar la propiedad de sus criaturas, y esa obsesión por la posesión de personajes es literalmente el cimiento sobre el que se construyó todo su imperio No ha cambiado mucho el panorama profesional desde los años veinte, el creador de una obra era el último eslabón de la cadena y quien ponía el dinero se quedaba con los beneficios, la marca y el reconocimiento. Paradójicamente, Disney sabe de esto un montón. La historia del arte popular está llena de creadores que perdieron los derechos de su trabajo, y el cine de animación no inventó nada nuevo en ese terreno, solo lo industrializó.

Lo interesante de este caso es que Disney aprendió la lección y con consecuencias enormes, porque Walt jamás volvió a firmar un contrato sin controlar la propiedad de sus criaturas, y esa obsesión por la posesión de personajes es literalmente el cimiento sobre el que se construyó todo su imperio. Tras su salida de Universal Walt se vio obligado a buscarse la vida, y lo hizo recurriendo a lo único que sabía hacer: Dibujos animados. Confiando en su talento Walt apostó por seguir creando, esta vez sin depender de nadie y explotando sus propias creaciones. Mickey Mouse no nace de un rapto de inspiración romántica, nace de un cabreo monumental y de la pura necesidad.

Y cada vez que alguien habla de sinergia corporativa en Disney conviene recordar que el origen de la empresa está en un tipo al que le quitaron su creación. El regreso de Oswald a Disney en 2006 tuvo un origen tan insólito como fascinante: Bob Iger consiguió recuperar los derechos del conejo a cambio de facilitar la salida de un comentarista deportivo de ABC. Desde entonces, el personaje ha vivido una segunda etapa discreta, impulsada especialmente por Epic Mickey, que lo presentó como el hermano olvidado de Mickey. Más tarde llegaron un cortometraje por su 95 aniversario y la entrada de sus primeros cortos en el dominio público, señales de que Disney parece interesada en recuperar y redefinir a esta figura que forma parte de su propia historia.

Me sorprendió bastante cuando Favreau comentó, poco antes del estreno de The Mandalorian & Grogu, que después de siete años en Star Wars el salto del personaje al cine le parecía la culminación de todo aquel trabajo, una frase que en su momento me sonó mucho a despedida. Luego llegó el batacazo en taquilla, con el propio Iger reconociendo que la película había rendido por debajo de lo previsto, y uno teme siempre lo mismo: que un traspié de ese tamaño deje al director tocado y fuera de juego durante un par de años. Por eso verle en D23 hablando de Oswald con esa ilusión casi infantil me pareció una de las mejores noticias de todo el showcase. Bajarse de la Razor Crest le ha sentado mejor de lo que yo esperaba. ¿Y tú qué opinas? ¿Te llama la atención esta nueva serie? ¿Conocías la historia del personaje?

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