El torneo devolverá al calendario el formato zonal, eliminado en 2013, con una división occidental y otra oriental, en un diseño que aproxima rivales, acorta carreteras y procura administrar con mayor rigor cada litro de combustible, en medio de la compleja situación económica que vive el país. La Zona Occidental reunirá en el grupo A a Vegueros de Pinar del Río, Cazadores de Artemisa, Piratas de la Isla e Industriales de La Habana, mientras el B comprenderá a Huracanes de Mayabeque, Cocodrilos de Matanzas —vigentes campeones—, Elefantes de Cienfuegos y Leopardos de Villa Clara. En el oriente, los Gallos de Sancti Spíritus, Tigres de Ciego de Ávila, Toros de Camagüey y Leñadores de Las Tunas conformarán el grupo C, en tanto Cachorros de Holguín, Alazanes de Granma, Avispas de Santiago de Cuba e Indios de Guantánamo competirán en el D. Cada elenco disputará 44 partidos durante la etapa clasificatoria, con dos vueltas frente a los adversarios de su propio grupo en duelos de cuatro juegos —24 encuentros— y una contra los equipos de la otra llave de su zona, mediante compromisos de cinco desafíos para completar los 20 restantes.
Los cuatro primeros de cada zona accederán a una postemporada con sistema Page, en la cual primero se medirán los ocupantes de los puestos uno y dos, y los ubicados en tercero y cuarto, siempre en la sede del mejor clasificado y en subseries de tres partidos a ganar dos. El vencedor del duelo entre primero y segundo avanzará de forma directa a la final zonal, mientras el perdedor enfrentará al ganador del cruce entre tercero y cuarto por el otro boleto, antes de que los campeones del occidente y el oriente disputen el título nacional. La gran final se jugará al mejor de siete encuentros, con los dos primeros en el estadio del equipo de mejor balance en la fase clasificatoria, los tres siguientes en casa de su rival y un eventual sexto y séptimo choque nuevamente en la sede del líder. El presidente de la Federación Cubana de Béisbol y Sóftbol, Juan Reinaldo Pérez Pardo, y el director de la Liga, Carlos Martín, participaron en el encuentro con la prensa, donde también se informó que la conformación de las nóminas —de 32 jugadores— transcurrirá del 15 al 20 de septiembre y el congresillo técnico tendrá lugar el primero de octubre.
Este retorno a las zonas no es solo una variación competitiva, sino una respuesta a la realidad nacional, pues reduce los largos desplazamientos interprovinciales, concentra las rutas y alivia la demanda de combustible en un país obligado a convertir la austeridad en herramienta de supervivencia. Pero la necesidad de ajustar los costos no invalida la celebración de una lid que, durante más de seis décadas, ha dado voz deportiva a cada provincia, sostenido rivalidades que habitan la memoria familiar y preservado un espacio esencial para el desarrollo de peloteros, entrenadores, árbitros y demás especialistas. «Se ha diseñado una estructura con los pies sobre la tierra para poder ahorrar combustible y jugar béisbol», dijo Perez Pardo. «La Serie Nacional es Patrimonio Cultural y lo vamos a seguir defendiendo», agregó. En medio de carencias materiales que no deben maquillarse, la Serie Nacional no soluciona las urgencias cotidianas, pero conserva un territorio de pertenencia y cultura donde Cuba se mira a sí misma con uniforme, guante y pelota, razón suficiente para defender un campeonato más austero, racional y digno. oda/blc