El ritmo de lanzamientos no para en ningún momento y hoy mismo acaba de llegar a las tiendas uno de los más importantes de este verano, apto para todos aquellos dispuestos a disfrutar de una experiencia de acción y un buen toque de terror cósmico. The Sinking City 2 ya está a la venta para PS5, Xbox Series X/S y PC, lo que nos ha dejado con una secuela muy diferente al título original al apostar esta vez por un survival horror puro y duro. Mi compañero Alberto ya ha podido jugarlo a fondo y pasárselo, asegurándome que haría bien en hacerme con esta continuación. Desde luego, no dudo en hacerme con ella en algún momento, ya que el primer The Sinking City me causó muy buenas sensaciones, pero también porque siempre le tendré un gran cariño y un recuerdo imborrable que me llevaré conmigo a la tumba, y nunca mejor dicho.
Mientras que hay títulos en los que aparecen personajes inspirados en figuras reales, personas famosas y creadores de contenido, yo tuve la oportunidad de colarme en el juego desarrollado por Frogwares de una manera un tanto…tétrica, pero muy simpática. Es una de esas anécdotas que siempre me ha gustado contar porque no todos los días se presenta la oportunidad de que te inviten a formar parte de algo así. Un easter egg mortal En VidaExtra hablamos varias veces de The Sinking City antes de su publicación por el simple hecho de que se trataba de una de las propuestas más interesantes y prometedoras que iba a llegar al mercado a mediados de 2019. Aun así, en ningún momento recibió un trato más especial, ni antes de su lanzamiento y tampoco cuando llegó el momento de la verdad a la hora de publicar el análisis.
Antes de todo ello, el equipo encargado de su desarrollo me contactó para proponerme lo que ellos definieron como una pregunta un tanto extraña, y no era para menos. Básicamente, querían saber si me gustaría que mi nombre apareciera en el juego como un easter egg. En ese momento pensé que sería algo como figurar en los créditos o algo similar, pero todo cobró sentido cuando me comentaron que era para colocar mi nombre en una lápida del cementerio de Oakmont, la ciudad en la que transcurre la trama. No es que yo fuera a ser el único, porque entre ellos también iban a figurar otros periodistas, desarrolladores, aficionados, amigos, etc., pero claro, ¿cómo me iba a negar algo así?
Aunque fuera de una manera tan pequeña y, probablemente, imperceptible para muchos jugadores, se trataba de un honor saber que mi nombre iba a estar presente en un videojuego, independientemente de que fuera en una tumba y a pesar de que la muerte siempre me ha producido un miedo terrible. Tan solo debía escoger el nombre y la frase que quería que lo acompañara. Y he de decir que no fue una tarea sencilla en absoluto. Sabía que sería algo que se quedaría ahí para siempre, por lo que no podía ser cualquier tontería.
Debía ser algo ingenioso y tan solo tenía dos días para dar una respuesta, así que esas 48 horas no paré de darle al coco y preguntar a mis compañeros, amigos más cercanos y familiares si se les ocurría algo, porque no quería arrepentirme de poner algo que no me convencía, y más todavía sin saber si se volvería a repetir una oportunidad así. Tras darle muchísimas vueltas, me quedé con dos opciones. La primera decía: "Intentó invocar a Cthulhu en un plato de espaguetis… y el resultado fue desastroso", pero el equipo prefirió descartar la propuesta para evitar cualquier referencia cómica a Cthulhu. Eso me dejó con la segunda opción, con la que quise hacer un juego de palabras por la situación en la que "me encontraba" al estar enterrado en una tumba y con la página desde la que nos leéis, así que tuve muy claro que la frase debía de ser: "Le faltó una vida extra".
De esta manera, todos aquellos que me conozcan entenderían la referencia, pero quedaba igual de simpático para cualquier aficionado a los videojuegos. El resultado lo tenéis en la imagen que acompaña a estas líneas y en una anécdota que siempre agradeceré profundamente al equipo de The Sinking City por contar conmigo para algo así. De hecho, alguien con el que hablé de este tema fue con mi compañero Alberto Martín, que en una de esas conversaciones locas que solemos tener casi a diario surgió la pregunta: "¿Te imaginas que mi nombre aparece también en The Sinking City 2?", así que él tuvo muy claro qué hacer en cuanto tuvo el juego entre sus manos. The Sinking City 2: en busca del nombre perdido The Sinking City 2 ha sido motivo de unos cuantos debates con mi compañero Sergio Cejas (Beld), como ya te conté en el análisis, y finalmente ninguno de los dos estábamos muy alejados de la realidad.
Ha resultado ser un punto medio entre ambas posturas. Durante estas charlas y con ánimo de quitar hierro al asunto, le propuse buscarle en la secuela: ¿Y si los desarrolladores habían mantenido su nombre en alguna tumba? Esta idea se me ocurrió en un punto muy temprano de la aventura en el que tienes que atravesar una zona de paso formada por una iglesia y un cementerio. Tras eliminar a todos los enemigos y accionar todos los cepos, repasé las tumbas una por una en busca del nombre de Sergio.
No estaba y así se lo hice saber, pero... ¿Y si estaba en otro lado? ¿Y si los desarrolladores decidieron darle un cambio de aires a su referencia? Lo que empezó como una tarea terciaria autoimpuesta se convirtió en una paranoia en segundo plano, alimentada por las decenas de inscripciones que tienen sus escenarios. El cementerio de la iglesia solo fue la primera de una serie de búsquedas que me llevaron varios minutos. No me fue la vida en ello, pero tampoco voy a negar que sentí un picor mental al intentar pasar sin revisar un par de zonas.
Revisé la biblioteca de Arkham y descubrí que los libros de The Sinking City 2 están mucho más detallados de lo que imaginé. Más tarde busqué por el hotel donde se celebra la fiesta, desde los nombres de las chapas de los botones hasta unos casilleros cerca del vestíbulo. Nada. O no tenían nombres o eran diferentes.
Lo cierto es que no albergaba muchas esperanzas tras la decepción del cementerio. El siguiente escenario era prometedor: un hospital. Revisé hasta la última esquina del dichoso edificio en busca de todos los coleccionables y el nombre. Nada, ni siquiera en la sala escondida tras la capilla: una habitación pequeña, laberíntica y llena hasta los topes, hasta límites claustrofóbicos, de estanterías con frascos de formol que contenían cerebros con el nombre de sus respectivos dueños.
Es un momento clave para la historia, pero gran parte de mi mente estaba pensando: "Voy a morir en esta habitación". Este fue el punto álgido de mi búsqueda: alrededor de 30 min de reloj utilizando el zoom del apuntado para escudriñar las etiquetas. Al terminar, aprendí dos cosas: que The Sinking City 2 es muy detallado y que yo soy estúpido por no usar el Modo Foto. Si estaba en esa sala, no lo encontré.
Perdí casi toda la esperanza que me quedaba... pero todavía tenía la suficiente para revisar cada hueco de las zonas restantes mientras buscaba completar las investigaciones, los coleccionables y las mejoras. No diré dónde se ambientan para evitar spoilers, pero basta decir que no apareció. Acabé el juego y no lo encontré. Ahora estoy convencido al 90% de que Frogwares no introdujo el nombre de Sergio en la secuela. "¿Y el 10% restante?", pensarás.
Bueno, soy un ser bastante despistado y el NG+ (Ex Oblivione) contiene documentos únicos de la historia. Nunca se sabe si está incluido en uno de ellos. Quizás lo salté por error. Quizás lo añadan más adelante.
En VidaExtra | La obsesión con los maniquís en las películas y juegos de terror me tiene frito. ¿Cuál es el origen de la idea? En VidaExtra | Frogwares acusa a Nacon de piratear, modificar el código y distribuir de forma ilegal The Sinking City en Steam En VidaExtra | Frogwares retira The Sinking City de ciertas tiendas digitales y asegura que la distribuidora les debe un millón de euros