Hay una pregunta que acompaña a El Señor de los Anillos desde hace décadas y que se ha convertido en materia de meme: si las Grandes Águilas podían volar grandes distancias y ayudar a los protagonistas en momentos clave, ¿por qué no llevaron a Frodo directamente hasta Mordor? Hablamos de un debate que ya tiene respuesta dentro del lore de Tolkien, pero que hay quien no lo acepta o le busca la puntilla. Sin embargo, El Señor de los Anillos: La Guerra del Norte zanjó el debate por su lado al entender bastante bien por qué las águilas no son simplemente un "taxi" para los héroes de la Tierra Media. Lanzado en 2011 por el estudio Snowblind, un equipo de desarrollo que cerró sus puertas tras el fracaso de este juego, este RPG de acción introdujo a Beleram, una Gran Águila que acompaña a los protagonistas durante buena parte de su aventura.
Aunque no es un personaje creado por Tolkien, sí se nos dice que sigue a Gwaihir, el Señor de los Vientos y rey de las águilas en la Tercera Edad del Sol. Personaje que, por cierto, participó en la Batalla de los Cinco Ejércitos capitaneando a sus águilas, y salvó a Gandalf de Isengard y a Frodo y Sam del Monte del Destino. Sin embargo, esta águila nos ayuda como parte de su deuda por haberla salvado, no porque no tenga nada que hacer o porque su único objetivo en la vida sea ayudar a quien está en peligro. Las águilas no ayudan sin motivo, e incluso pueden decidir no ayudar en absoluto.
No hablo de que pidan cosas a cambio, sino de que puede que prefieran no arriesgar su integridad o sus vidas, incluso la de sus congéneres, por una cuestión que no les compete. En el caso de Gandalf en Orthanc, su intervención se dio porque quiso hacerlo. Gwaihir no era un recurso que Gandalf pudiera utilizar a voluntad. Era un aliado al que conocía desde hacía años y cuya ayuda podía solicitar en circunstancias concretas.
Tolkien nunca presenta a las Grandes Águilas como una fuerza militar bajo el mando de los protagonistas. Así, toca volver a War in the North, juego que, conviene recordar, comienza semanas antes de que tenga lugar la reunión de los nueve miembros de la aún no formada Comunidad del Anillo. La noche del 29 de septiembre del año 3018 de la Tercera Edad, en la taberna de El Pony Pisador, en Bree, nos reunimos con Gandalf para comenzar nuestra misión, solo tres semanas antes de que tenga lugar el Concilio de Elrond (25 de octubre). Un detalle curioso porque cualquiera pudiera pensar que tratar dicha cuestión en este juego sería anacrónico, pero hay un detalle clave: los jugadores acudimos a Rivendel en el Capítulo 3, más de un mes después de comenzar nuestra aventura.
Teniendo en cuenta que el grupo de Frodo y Gandalf parte hacia Mordor el 25 de diciembre, War in the North resulta ser más cercano al lore de Tolkien que cualquier otro juego reciente. Sea como sea, y centrándonos en el Capítulo 3, tras haber salvado a Beleram de los orcos y con la Comunidad del Anillo aún en la casa de Elrond, podemos dialogar con Gandalf sobre cuestiones de la historia, el papel de Sauron o Agandaûr, villano de la historia, pero también hacerle la pregunta a Gandalf: ¿por qué no usar a las águilas? Para ese entonces, nuestro protagonista sabe que el Mago Gris escapó de Orthanc con una y, como jugadores, ya hemos usado un águila en combate, pero el Maia lo deja claro: "no te juzgo por pensar así", añade antes de citar la posibilidad incluso de pedir a un águila que lance el Anillo al océano. "¿Por qué no coger un águila, montarnos, volar al Oeste y soltar el Anillo en el océano? Esas ideas se han debatido en el Concilio de Elrond, pero hay muchos peligros en los mares, y la orografía puede cambiar.
No podemos pensar en esta cuestión basándonos en nuestro tiempo aquí", citó el mago, entreviendo la importancia de destruirlo. Seguidamente, surge el siguiente problema: llevar el Anillo a Mordor por aire es una opción, pero un águila puede que encuentre la muerte antes de llegar siquiera a las faldas de la montaña. Y este es precisamente uno de los grandes problemas de utilizar a las Águilas como transporte hasta Mordor: una criatura gigantesca volando hacia el territorio de Sauron difícilmente podría pasar desapercibida y estaría expuesta a sus defensas. "¿Escapar al ojo que todo lo ve? No todas las águilas de las Montañas Nubladas pueden hacer frente a Sauron y sus fuerzas.
Sería arriesgado. Además, también está la cuestión de que pensar que las águilas reciben órdenes de los humanos es una estupidez", citó Gandalf en el juego. Los dragones de Tolkien podrían haber sido una alternativa, pero no para el Anillo Único ¿Pero sabéis que incluso Gandalf planteó la posibilidad de usar dragones? Esto es una invención a medias de War in the North, aunque más bien por cómo está planteado el diálogo que por el mensaje en sí. "He llegado a pensar en los dragones.
Hubo un tiempo en que el fuego de dragón podría destruir un anillo de poder. Pero incluso aunque el más poderoso de todos existiera, Ancalagon el Negro, su fuego no sería suficiente para consumir el oro del Anillo Único", terminó por añadir el mago. Y es que sí, una de las ideas que le recorrió a Gandalf en el libro fue precisamente el poder de los grandes dragones. Sin embargo, los dragones eran material de leyenda.
El propio Ancalagon murió en la conclusión de la Guerra de la Cólera, nada menos que en el 590 de la Primera Edad, aproximadamente 6.000 años antes del Concilio de Elrond. Por otro lado, Smaug vivió hasta el 2941 de la Tercera Edad, apenas 77 años antes de esta reunión, y sin el considerado como "dragón más poderoso de la Tercera Edad", no había nada que hacer; y eso que esta frase tiene una salvedad: Smaug no fue el último dragón, pero, aunque Gandalf lo sabía, no se tenía constancia de otros seres similares. Se sabía de dragones de las Montañas Grises y de los dragones fríos, pero sin conocer su nombre, paradero o poder. En 3DJuegos | El sorpresón del verano que nos íbamos mereciendo viene tal vez del sitio menos esperado.
Análisis de Mortal Shell 2