800 km/h en 5,3 segundos: el tren experimental que ha conseguido esta cifra pesa 1.110 kg y lo ha hecho sobre una pista de sólo 1 km. Y tan impresionante es la aceleración o la velocidad máxima como que después de alcanzarla todo siga bajo control. Eso es exactamente lo que ha estado probando China con un prototipo de levitación magnética en Hubei. El ensayo, realizado por el Donghu Laboratory, se completó el pasado mes de noviembre y forma parte de una serie de pruebas con las que el equipo está llevando al límite la propulsión, la aceleración y el control de estos sistemas.
Eso sí, no es un tren preparado para llevar pasajeros aún, sino una plataforma creada para estudiar tecnologías que podrían aplicarse a futuros maglev de alta velocidad y a otros sistemas de transporte electromagnético. En una pista de un kilómetro hay que acelerar, alcanzar 800 km/h y frenar Este prototipo combina la levitación mediante imanes permanentes con la propulsión electromagnética, de manera que el tren se mantiene separado de la vía mientras las fuerzas magnéticas lo impulsan hacia delante. Al no llevar ruedas, desaparece el contacto mecánico, y con él también desaparece buena parte de la resistencia que limita a un tren convencional. A velocidades tan altas, sin embargo, el aire pasa a cobrar un protagonismo enorme y obliga a mantener bajo control cada movimiento del conjunto.
La prueba da una idea de lo medido que tiene que estar todo: el prototipo consiguió superar los 100 km/h en menos de 0,7 segundos y llegó a firmar los 800 km/h en unos 600 metros. Después, comenzó una frenada controlada que necesitó unos 200 metros. La vía, además, tiene que mantener una precisión extraordinaria: el sistema trabaja con desviaciones del trazado del orden del milímetro y diferencias de nivel inferiores a 0,5 mm. Ese mismo laboratorio ya había llevado otro prototipo hasta 650 km/h en junio de 2025 y alcanzó los 700 km/h apenas un mes después.
En noviembre llegó el salto hasta los 800 km/h con el modelo de 1.110 kg y después del ensayo, los investigadores mantuvieron durante aproximadamente un mes las comprobaciones de estabilidad, control y fiabilidad antes de dar por validado el resultado. El ensayo de Donghu no es el único experimento chino que ha llevado un vehículo maglev a velocidades extremas en los últimos meses. En diciembre de 2025, un equipo de la Universidad Nacional de Tecnología de Defensa anunció otra prueba en la que un vehículo experimental de aproximadamente una tonelada alcanzó 700 km/h en dos segundos. La diferencia es que era otro desarrollo y utilizaba tecnología de levitación magnética superconductora.
China está probando varias formas de llevar el maglev mucho más allá China no está desarrollando un único tren magnético y aumentando progresivamente su velocidad, sino que prueba simultáneamente varias plataformas para resolver problemas distintos: levitación, propulsión, aerodinámica, control, aceleración y frenado. El objetivo es acumular tecnología que después pueda trasladarse a sistemas de transporte de alta velocidad y a otras aplicaciones electromagnéticas. De hecho, el país ya lleva tiempo trabajando en algo mucho más cercano a un tren comercial: CRRC desarrolló un sistema maglev de 600 km/h que salió de fábrica en 2021 después de cinco años de investigación. Es un tren de cinco coches y un proyecto de ingeniería mucho más próximo a una futura explotación real que el pequeño vehículo de pruebas de Donghu.
Mientras tanto, Japón lleva otra estrategia: El SCMaglev L0 de JR Central alcanzó 603 km/h con pasajeros a bordo en 2015, un récord que Guinness que se mantiene hoy como la velocidad máxima alcanzada por un tren maglev, y su tecnología superconductora está diseñada para operar comercialmente a 500 km/h. Las pruebas en la línea experimental de Yamanashi comenzaron en 1997 y ya acumulan más de 3,2 millones de kilómetros. China está explorando ese mismo terreno, pero también está utilizando instalaciones como la de Donghu para llevar algunos de sus componentes mucho más al límite: la pista sirve como un banco de pruebas para estudiar aceleraciones, frenadas y control a velocidades extremas, además de tecnologías que podrían acabar aplicándose a futuros maglev, sistemas de lanzamiento electromagnético o determinadas aplicaciones aeroespaciales. Por eso los 800 km/h tienen interés aunque ningún pasajero vaya a viajar a esa velocidad: lo que está en juego es cuánto puede avanzar la tecnología antes de que la velocidad deje de ser el problema y empiece a serlo la infraestructura.
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