La NASA acaba de demostrar una forma de navegar por el espacio sin GPS. FALCON mira satélites y basura orbital, se ubica solo y corrigió más de 200 órbitas en apenas tres días

La NASA acaba de demostrar una forma de navegar por el espacio sin GPS. FALCON mira satélites y basura orbital, se ubica solo y corrigió más de 200 órbitas en apenas tres días

En la Tierra estamos acostumbrados a que un teléfono pueda decirnos dónde está en cuestión de segundos. Para una nave espacial, especialmente cuando comienza a alejarse de nuestro planeta, el problema es bastante más complicado . Las señales GPS pueden resultar poco fiables o directamente no estar disponibles en entornos lunares y de espacio profundo, obligando a recurrir a otros sistemas de navegación y al apoyo de estaciones terrestres. La NASA acaba de probar una alternativa con una idea sorprendentemente intuitiva: si una nave no sabe dónde está, puede mirar a su alrededor.

La tecnología se llama FALCON (Fast Autonomous Lost-in-space Catalog-based Optical Navigation) y ha sido probada durante la misión extendida de Starling, el enjambre de cuatro CubeSats que NASA lanzó en 2023 para experimentar con operaciones espaciales cada vez más autónomas. FALCON convierte la basura espacial en señales de tráfico para una nave © NASA/Daniel Rutter. Los satélites Starling ya disponían de cámaras de seguimiento estelar. Su función habitual consiste en observar estrellas para ayudar al vehículo a determinar hacia dónde está apuntando, pero FALCON las utiliza también para localizar otros satélites, etapas de cohetes y restos orbitales que atraviesan su campo de visión.

Después empieza la parte realmente interesante. El equipo cargó a bordo un catálogo con aproximadamente 20.000 objetos espaciales y sus órbitas previstas. Cuando la cámara detecta uno, el software intenta identificarlo dentro de esa enorme lista. Una vez sabe qué objeto está viendo y dónde debería encontrarse, puede utilizarlo como punto de referencia para calcular la órbita de la propia nave.

Es algo parecido a navegar por una ciudad reconociendo edificios, solo que aquí los edificios viajan a miles de kilómetros por hora y el mapa contiene decenas de miles de objetos moviéndose alrededor de la Tierra. FALCON combina las cámaras de Starling con Era-Core, el software desarrollado por EraDrive, una startup surgida de la Universidad de Stanford . El resultado permite hacer los cálculos directamente a bordo sin depender continuamente de una infraestructura externa de navegación. En tres días no solo supo dónde estaba: mejoró las órbitas de más de 200 objetos © YouTube / NASAs Ames Research Center.

El experimento tenía una segunda parte . Si Starling puede observar un objeto y determinar que su posición real no coincide exactamente con la predicha, también puede utilizar esas imágenes para refinar la órbita de aquello que está observando. Y funcionó. Durante un periodo de apenas tres días, FALCON consiguió mejorar las órbitas conocidas de más de 200 objetos sin intervención de operadores terrestres.

NASA asegura además que las predicciones realizadas a bordo llegaron a superar en precisión a las posiciones que contenía inicialmente el catálogo proporcionado desde tierra. Según la agencia , es la primera demostración de determinación autónoma de la propia órbita utilizando cámaras ópticas y la posición relativa respecto a otros objetos espaciales. El resultado tiene otra consecuencia evidente: un satélite capaz de saber con mayor precisión qué hay a su alrededor puede convertirse también en un nodo autónomo de vigilancia del tráfico espacial, actualizando órbitas y ayudando potencialmente a detectar situaciones de riesgo de colisión sin esperar siempre a que los cálculos lleguen desde tierra. El siguiente experimento hará que cuatro satélites comparen lo que ven FALCON todavía no ha terminado.

Más adelante en 2026, NASA planea extender la prueba para que los cuatro CubeSats de Starling compartan entre ellos sus observaciones y utilicen conjuntamente esos datos para mejorar sus respectivas posiciones. La idea encaja con uno de los grandes objetivos de Starling: demostrar que grupos de pequeñas naves pueden coordinarse y operar con mucha menos intervención humana. Los cuatro CubeSats ya han experimentado con comunicaciones entre satélites, planificación autónoma y navegación relativa utilizando imágenes de sus cámaras estelares. Y lejos de la Tierra esa autonomía deja de ser una comodidad.

NASA considera que redes de satélites capaces de funcionar sin GPS podrían terminar apoyando misiones científicas distribuidas y futuras operaciones humanas alrededor de la Luna e incluso Marte, donde esperar constantemente instrucciones o soluciones de navegación desde nuestro planeta resulta cada vez menos práctico. FALCON plantea una solución peculiar: convertir aquello que normalmente consideramos tráfico (e incluso basura espacial) en parte del propio sistema de navegación. En vez de buscar una señal GPS que le diga dónde está, la nave observa el cielo, reconoce a sus vecinos y hace las cuentas por sí misma.