La industria de la moda está de luto. El lunes por la tarde, Mathilde Favier y su esposo el producto de cine, Nicolas Altmayer, fallecieron en un accidente automovilístico en Deux-Sèvres, Francia. La noticia sacudió a algunas de las figuras más importantes del mundo de la moda, entre ellas Delphine Arnault y Jonathan Anderson. Durante los últimos diez años, Favier trabajó tras bambalinas en Dior, donde dejó huella gracias a su capacidad de conectar personas, su visión de estilo y, sobre todo, la manera en la que entendía las relaciones entre una maison y las personalidades que la representan.
Cuando pensamos en la industria de la moda, generalmente imaginamos a los diseñadores y directores creativos detrás de las prendas que vemos sobre la pasarela. Sin embargo, detrás de cada colección, alfombra roja y evento existe todo un equipo encargado de construir relaciones y crear conexiones con las celebridades que terminan convirtiéndose en el rostro de una casa. Con su presencia inconfundible y una agenda constantemente ocupada, Mathilde Favier, de 57 años, no solo era una figura habitual en las primeras filas de la Semana de la Moda de París: era uno de los principales vínculos entre Dior y las celebridades con las que la maison trabajaba. Mathilde Favier y su lugar en la moda Favier comenzó su carrera junto a su hermanastra, Victoire de Castellane, actual directora creativa de alta joyería de Dior.
Sin embargo, su trayectoria pronto la llevó a construir un camino propio dentro de la industria, convirtiéndose en una apasionada embajadora del estilo de vida francés. Esa fascinación quedó plasmada en su libro Living Beautifully in Paris, publicado en 2024, un retrato íntimo de los encantos de la capital francesa que realizó en colaboración con algunas de sus amigas más cercanas, entre ellas Carla Bruni. Favier se incorporó a Dior hace más de una década, después de haber trabajado en Prada. Durante su tiempo en la maison, redefinió la manera de construir relaciones públicas dentro de una casa de moda.
Para ella, el trabajo iba mucho más allá de vestir a una celebridad para una alfombra roja: se trataba de crear una relación auténtica entre la persona y la maison, hacerla sentir parte de la familia y construir vínculos que trascendieran un evento o una colección. Ese toque personal la convirtió en una figura esencial no solo dentro de la moda, sino también en los círculos de la alta sociedad europea. Mantuvo relaciones especialmente cercanas con algunas de las embajadoras de la maison, forjando vínculos con personalidades como Beatrice Borromeo y Sassa de Osma. Las cenas de gala, los desfiles y los encuentros que compartían con frecuencia eran una muestra de que esas relaciones iban mucho más allá de lo estrictamente profesional.
El legado de Mathilde Favier está precisamente ahí: en haber demostrado que la moda no se construye únicamente a través de prendas, sino también a través de las personas, las relaciones y las historias que existen detrás de ellas.