China se cansó de ver a sus robots bailar, pelear y hacer volteretas. Pekín quiere que salgan de las ferias y se pongan a trabajar en fábricas, almacenes, hoteles y hogares

China se cansó de ver a sus robots bailar, pelear y hacer volteretas. Pekín quiere que salgan de las ferias y se pongan a trabajar en fábricas, almacenes, hoteles y hogares

China ya ha demostrado que puede fabricar robots capaces de bailar, boxear, correr, hacer volteretas e incluso practicar kung-fu. El problema es que ninguna de esas habilidades garantiza que una máquina pueda pasar ocho horas colocando piezas en una fábrica sin necesitar continuamente la ayuda de un ingeniero. Y Pekín quiere que esa etapa termine. La World Robot Conference 2026, inaugurada esta semana en Beijing , está mostrando un cambio bastante evidente en las prioridades de la mayor industria de humanoides del planeta.

Entre más de 300 empresas, 2.000 exhibiciones y 150 nuevos productos, las demostraciones espectaculares siguen existiendo, pero comparten espacio con algo mucho menos vistoso: robots clasificando paquetes, moviendo cajas, empaquetando teléfonos y realizando tareas domésticas. El viceministro chino de Industria y Tecnología de la Información, Xin Guobin , definió la robótica durante la apertura como una fuerza cada vez más importante para el desarrollo económico y social del país. El mensaje de fondo coincide con el que atraviesa toda la conferencia: el siguiente salto ya no consiste en conseguir que un humanoide haga algo impresionante durante 30 segundos, sino en que pueda producir valor económico todos los días. Doblar una camiseta está resultando mucho más difícil que hacer una voltereta © Xinhua.

La paradoja de la robótica moderna es bastante espectacular. Los humanoides ya pueden realizar movimientos que parecían ciencia ficción hace unos años. Sin embargo, siguen teniendo problemas con actividades que cualquier persona aprende casi sin pensar: reconocer un objeto desconocido, cogerlo con la presión correcta, reaccionar si se mueve y repetir la operación cientos de veces sin equivocarse. Precisamente por eso los fabricantes están llevando sus robots hacia entornos controlados.

Leju mostró humanoides transportando y clasificando cajas, y asegura que algunos ya trabajan en fábricas de automóviles chinas y europeas. Robotera afirma tener más de 100 máquinas clasificando paquetes en 15 almacenes, mientras DexForce enseñó robots empaquetando teléfonos móviles en una línea similar a las utilizadas por proveedores de Apple y Huawei. No son experimentos completamente aislados. China está intentando transformar la enorme cantidad de prototipos acumulados durante los últimos años en una industria capaz de producir máquinas en masa.

Pero existe un obstáculo importante: todavía son caras. Los humanoides industriales cuestan actualmente entre unos 300.000 y 500.000 yuanes (aproximadamente 36.000-60.000 euros), según estimaciones recogidas por Reuters . Para amortizarse en dos años frente a un trabajador que cobra 80.000 yuanes anuales, deberían acercarse a unos 160.000 yuanes incluyendo mantenimiento. El gran examen ya no será correr: será trabajar sin que nadie intervenga © Xinhua.

Hasta los espectáculos de robots chinos están empezando a cambiar. L os World Humanoid Robot Games , que se celebran en Beijing entre el 22 y el 26 de agosto, seguirán teniendo carreras, fútbol y combates. Pero incorporan pruebas mucho más reveladoras: almacenamiento, ensamblaje industrial, alimentación de materiales, servicios de hotel, comercio, recarga de vehículos eléctricos y manipulación de herramientas. La dificultad real será mantener esas tareas durante periodos prolongados.

Un robot puede memorizar una coreografía espectacular. Trabajar implica encontrarse con objetos ligeramente desplazados, errores inesperados, personas cruzándose, herramientas distintas y situaciones que nunca aparecieron durante el entrenamiento. Ahí siguen estando las grandes limitaciones. Reuters señala que entre el 50% y el 70% de los humanoides fabricados este año podrían terminar en las llamadas data factories, utilizados para generar datos de entrenamiento en lugar de realizar trabajo productivo para clientes.

Y Estados Unidos acaba de cerrar buena parte de su mercado © Xinhua. La carrera tiene además una dimensión geopolítica cada vez mayor. La FCC estadounidense restringió en julio las nuevas autorizaciones para robots humanoides y cuadrúpedos fabricados en el extranjero , una decisión dirigida principalmente contra la enorme industria china. Los modelos previamente autorizados pueden continuar comercializándose, pero las nuevas versiones afrontan una barrera mucho mayor.

Washington argumenta riesgos de ciberseguridad, vigilancia y control remoto. China representa alrededor del 82% de los envíos mundiales de humanoides, según IDC. Eso convierte al mercado interno en algo todavía más importante. Ya no basta con construir robots que millones de personas quieran ver en vídeo.

China ha ganado buena parte de la batalla por demostrar que puede fabricar humanoides a una escala que pocos países pueden igualar. Ahora llega la prueba mucho más complicada: conseguir que dejen de comportarse como estrellas de una exhibición y empiecen a parecerse a trabajadores que una empresa realmente quiera contratar.