Proteger un satélite en el espacio no es sencillo. Una vez que entra en órbita, cualquier avería puede comprometer una misión de millones de euros y reparar físicamente sus componentes suele ser imposible. Por eso, alargar la vida útil de cada pieza se ha convertido en uno de los grandes objetivos de la industria aeroespacial. Una tecnología desarrollada originalmente dentro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) quiere aportar precisamente una solución a ese problema.
La empresa española Nanostine trabaja con recubrimientos avanzados capaces de modificar las propiedades de diferentes superficies y protegerlas frente a condiciones especialmente exigentes. La compañía nació como spinoff del Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid (ICMM) y ahora busca llevar una tecnología desarrollada durante años en el laboratorio hacia una producción industrial a mayor escala. 📡Desarrollamos una técnica que protege a los satélites del 'efecto multipactor', responsable de daños irreparables en el espacio 🤝El @CSIC firma con @nanostine un acuerdo de licencia para desarrollar este recubrimiento para la @esa https://t.co/gBS9DQTaNx pic.twitter.com/CXbq6YSN8w Instituto de Ciencia de Materiales Madrid CSIC (@icmm_csic) August 6, 2026 Recubrimientos diseñados prácticamente “a la carta” La tecnología de Nanostine se basa en procesos de deposición en fase gas y ultra alto vacío, mediante los cuales es posible añadir capas extremadamente finas de materiales sobre diferentes superficies y modificar así algunas de sus propiedades. El objetivo no consiste simplemente en cubrir una pieza, sino en diseñar una superficie adaptada específicamente a la función que deberá desempeñar. Dependiendo de la aplicación, estos recubrimientos pueden aumentar la resistencia, mejorar determinadas propiedades eléctricas o ayudar a que un componente funcione durante más tiempo.
Uno de los primeros sectores donde esta tecnología encontró una aplicación clara fue precisamente el espacial. Nanostine ha trabajado durante años en la validación de sus soluciones junto a la Agencia Espacial Europea (ESA), aplicando sus recubrimientos sobre dispositivos de radiofrecuencia utilizados en satélites. Según explica la compañía, estas capas proporcionan una protección adicional frente al deterioro de los materiales y pueden contribuir a aumentar la vida útil de los componentes. Del espacio a sensores capaces de detectar gases peligrosos La empresa descubrió posteriormente que la misma tecnología podía utilizarse en muchos otros sectores y comenzó a desarrollar lo que define como una plataforma de materiales funcionales.
Una de sus aplicaciones más prometedoras aparece en los sensores y biosensores, donde determinados nanomateriales pueden mejorar tanto la sensibilidad como la capacidad de distinguir unas sustancias de otras. Esto permite desarrollar dispositivos destinados, por ejemplo, a detectar hidrógeno, óxidos de nitrógeno o determinados explosivos, lo que abre aplicaciones en industrias, seguridad y defensa. La misma capacidad de modificar superficies también puede trasladarse al sector energético. Nanostine trabaja en recubrimientos para electrodos utilizados en electrolizadores de hidrógeno, baterías y pilas de combustible, tecnologías donde pequeñas mejoras en los materiales pueden traducirse en mayor eficiencia o durabilidad.
También podría aplicarse en implantes médicos Las aplicaciones no terminan en la industria pesada. La compañía investiga asimismo superficies destinadas a implantes y prótesis, donde el objetivo sería favorecer una mejor interacción entre el material artificial y el cuerpo humano. Esa variedad de usos explica por qué Nanostine considera su tecnología una plataforma y no un producto limitado a un único mercado. El siguiente reto será producirla a una escala mucho mayor.
La empresa quiere ampliar las cámaras donde realiza los procesos de recubrimiento para trabajar con piezas más grandes y aumentar el número de componentes que puede fabricar en serie. Para financiar esa expansión ha cerrado recientemente una ronda superior al millón de euros, que utilizará para aumentar su capacidad productiva, ampliar el equipo y reforzar su desarrollo comercial. La compañía también prepara su traslado a unas instalaciones mayores en el Parque Científico de Madrid. El objetivo ahora es convertir años de investigación y validaciones técnicas en contratos industriales recurrentes.
Lo que comenzó como una investigación sobre materiales dentro del CSIC podría terminar así protegiendo satélites en órbita, mejorando sensores industriales e incluso modificando la superficie de futuras baterías e implantes médicos. Fuente: El Español.