Si algunos esperaban que las aguas se calmasen, el gesto final de Julián Álvarez, dará de qué hablar y seguramente no ayude precisamente a ello. Fue una tarde complicada para el delantero argentino, que vio como el Metropolitano reprobó su actitud y sus maneras, por querer marcharse del club al FC Barcelona. Varias sonoras pitadas, cánticos para que se vaya “de una puta vez” (sic), y un gesto final que no sentó nada bien a una hinchada que ya tenía de uñas. Es tradición, en el Atlético, como en muchos equipos, acabado el choque, irse hacia el fondo sur del estadio, luego dar una vuelta, para agradecer a los seguidores.
Mientras el resto de compañeros optó por hacerlo, él prefirió marcharse directamente al túnel de vestuarios. La afición, que se dio cuenta, tributó una sonora pitada contra el delantero argentino, sin saber que había sido una decisión del propio Atlético, no del jugador. Acabado el choque se había quedado en el campo, algunos compañeros se habían acercado a abrazarle. Algún rival le había pedido la camiseta.
Y Pedro Pablo delegado del equipo, había intercambiado alguna palabra con él. En el momento de tener que tributar a la afición, por más que le hubiese pitado, se marchó. Una breve conversación con el jefe de prensa del equipo, Juanjo Anaut, para irse al vestuario, cabizbajo, que le transmitió el mensaje del club para intentar protegerle. A Julián se le recomendó por parte del club, sacarle antes "para evitar problemas después de que haya calentado a la grada con tantas mentiras", explicaron . "Ha sido una decisión del club", se añadió.