Detrás de las risas, el maquillaje multicolor y el vestuario festivo que han marcado a varias generaciones de familias nicaragüenses, habita Roberto Barberena. Es el hombre detrás del Payaso Pipo; un personaje que celebra 37 años de trayectoria artística y que se ha consolidado como un referente indiscutible del entretenimiento infantil en el país. Sin embargo, detrás del show hay un ser humano enfrentado a los vaivenes de la vida, a quebrantos de salud, a mudanzas de espacio de trabajo y, sobre todo; a una transformación radical en la forma en que los niños se entretienen hoy en día. Un origen de invención, títeres y emergencias Para entender a Pipo, hay que volver a la infancia de Roberto Barberena en el barrio Las Américas 2. «Desde pequeño era loco, desde pequeño… era inventor», recuerda entre risas.
Formado inicialmente como titiritero en la Asociación de Niños Sandinistas en la década de los 80, Roberto aprendió desde muy joven el arte del teatro infantil. El apodo «Pipo» se lo pusieron su hermano y un primo a los cinco años, completándolo cariñosamente como «Pipo suerte loca»; debido a su capacidad para salir adelante y hacer que las cosas funcionaran a pesar de las dificultades. El payaso Pipo, no obstante, nació casi por un accidente de trabajo. Mientras trabajaba con su compañía de títeres en una animación de cumpleaños, el payaso contratado no llegó.
Roberto decidió pintarse el rostro de blanco improvisadamente para sacar adelante la fiesta. La respuesta del público fue inmediata: «Desde ese entonces, la gente quedó encantada… ahí nació». Más tarde, capacitaciones y viajes a México le permitieron profesionalizar el oficio y afianzar la figura que hoy todos conocen. «Primero estoy con Dios»: La fe del Payaso Pipo El camino de casi cuatro décadas no ha estado exento de tormentas. Barberena reconoce haber atravesado momentos duros en lo personal, así como afectaciones físicas como la hernia con la que lidia actualmente al actuar.
Sin embargo, asegura que su verdadero refugio y fuerza provienen de la fe espiritual. «Yo he pasado circunstancias en mi vida duras y difíciles que decía ‘me quieren derrumbar’, pero no va a suceder. Primero estoy con Dios, porque siempre se lo dejo al Señor todo. Con Él es que mi fuerza es»; reflexiona con serenidad. Para Barberena, la actitud positiva es una norma de vida heredada de su madre: «Si vos te ponés en el plan de que no se puede, que es difícil, no se va a poder y va a ser difícil.
Pero si vos te ponés en el plan de que sí vamos a salir adelante, que esta es una tormenta que ya va a pasar la lluvia y vamos a salir a brincar sobre el agua, las cosas suceden». La batalla contra las pantallas: ¿Puede un robot reemplazar al payaso? Uno de los retos más complejos del sector en la actualidad es el cambio en las dinámicas de entretenimiento infantil, impulsado por la irrupción de las pantallas y dispositivos móviles. En los eventos y piñatas de hoy, el artista debe competir directamente con la atención dispersa de niños absorbidos por celulares o tabletas. «Ahora los papás están sustituyendo el entretenimiento con la tecnología… A veces es triste que llegás a una piñata, estás en un show y un niño está pegado a una tablet o con el teléfono de la mamá»; explica Barberena, el hombre detrás del Payaso Pipo.
Ante esta realidad, Pipo aplica dinámicas interactivas donde involucra tanto a niños como a adultos; prohibiendo de manera humorística el uso de teléfonos en el show e integrando a los padres a través del baile y la comedia sin faltas de respeto. Al ser cuestionado sobre si la inteligencia artificial o los avances tecnológicos podrían terminar por desplazar el arte del payaso, Barberena se muestra categórico. Aunque reconoce que la tecnología ayuda en tareas administrativas o conceptuales, enfatiza que la conexión emocional humana es irreemplazable. Amor por el arte del Payaso Pipo Con la mira puesta en el futuro, Roberto encabeza la Academia de Pipo, donde capacita a nuevos talentos en disciplinas como la globoflexia, pinta caritas, malabares y magia cómica.
Su mensaje para las nuevas generaciones de artistas se enfoca en mantener la humildad, la honestidad y el trabajo bien hecho: «No te preocupes por el dinero porque eso viene después por añadidura, hacé un excelente trabajo para que te vuelvan a recomendar». Al hacer un balance de 37 años de risas, viajes internacionales representando a Nicaragua y el cariño del público; Barberena resume su vida con una convicción plena: «Estoy muy contento y agradecido con Dios, con la gente, con mi pueblo… Si vuelvo a nacer, volvería a nacer y volvería a ser payaso, con todo el orgullo«.