Cada vez somos más los padres que optamos por “0 pantallas hasta los 2 años”, aunque es posible que tengamos que plantearnos estirar algo más la idea. De hecho, puede que la pregunta no sea únicamente cuántas horas pasa un niño delante de una pantalla, sino también cuándo ocurre. Un estudio desde la primera infancia hasta los 10 años ha confirmado dos momentos especialmente delicados: alrededor del primer año de vida y a los 6 años. En los 502 niños analizados, cada hora diaria adicional de pantalla registrada antes de los 12 meses se relacionó con 1,47 puntos menos en la puntuación académica estandarizada a los 9 años.
A los 6 años también apareció una asociación tanto con el rendimiento académico posterior como con la memoria de trabajo medida a los 10,5 años. El primer año fue el momento donde apareció la asociación más fuerte El trabajo, publicado el 3 de junio de 2026 en World Journal of Pediatrics, utilizó datos del grupo Growing Up in Singapore Towards healthy Outcomes (GUSTO). Los padres informaron del tiempo que sus hijos dedicaban a ver pantallas a los 1, 1,5, 2, 3, 6 y 8 años. A partir de ahí, psicólogos midieron el rendimiento académico mediante la tercera edición del Wechsler Individual Achievement Test y la memoria de trabajo utilizando una prueba de la quinta edición de la escala Wechsler para niños.
La asociación más evidente apareció a los 12 meses en los que cada hora diaria adicional se relacionó con 1,47 puntos menos de rendimiento académico a los 9 años. A los 18 meses, la diferencia asociada fue de 0,95 puntos por hora diaria y a los 6 años, de 0,88 puntos. Está claro que hablamos de medias y estadísticas ajustadas, no reglas universales para predecir el futuro. Un menor que pase dos horas ante la pantalla no está condenado a tener peores notas, pero sí hay alguna probabilidad de que eso suceda.
A los 2 y 3 años ocurrió algo que rompe la explicación fácil Uno de los resultados más interesantes es precisamente lo que no encontraron. Antes de ajustar las variables, ver más pantallas entre los 1 y los 8 años aparecía como la causa de peores resultados académicos posteriores. Sin embargo, al aplicar ajustes estadísticos, esas asociaciones se redujeron. Para el rendimiento académico las peores edades para ver pantallas fueron 1, 1,5 y 6 años.
Para memoria de trabajo quedaron las de los 1 y 6 años. Los investigadores consideran que el primer año podría representar una etapa especialmente sensible y que vuelve a impactar de forma importante a los 6 años. Atendiendo a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud vemos que establece que para los niños de 1 año no se recomienda tiempo delante de pantallas. A los 2 años recomienda un máximo de una hora diaria (cuanto menos es mejor) y mantiene ese máximo entre los 3 y 4 años.
Eso sí, en el estudio no se analiza la diferencia entre el tipo de contenido, el dispositivo, la finalidad o si un adulto está presente. Los investigadores dejan eso para otro estudio. Por ejemplo, no es lo mismo una videollamada con los abuelos, una actividad educativa compartida con los padres, una película o varias horas de vídeos cortos. En resumen, el estudio no plantea que un teléfono, una televisión o una tablet sean perjudiciales por definición, pero sí pone en evidencia la necesidad de reducir la exposición innecesaria que puede influir en el futuro académico del menor.