El experimento se realizó ante las elecciones generales de Brasil del próximo 4 de octubre, en las que también se elegirá al presidente del país. Los investigadores presentaron 15 anuncios en portugués brasileño, 14 de ellos con información deliberadamente falsa y uno con contenido neutral, para comprobar hasta qué punto los filtros de Facebook eran capaces de identificar mensajes potencialmente perjudiciales para el proceso electoral. Ocho de los 14 anuncios con desinformación fueron aprobados y ninguno de los restantes fue bloqueado expresamente por contener información electoral falsa Ocho anuncios falsos superaron la revisión de Facebook Los anuncios reproducían narrativas detectadas previamente en conversaciones y publicaciones difundidas en redes sociales entre enero y mayo. Entre ellas figuraban acusaciones de fraude electoral , mensajes que ponían en duda la integridad del sistema de votación, datos falsos sobre cómo o cuándo votar y contenidos que presentaban una intervención militar como respuesta a una supuesta crisis política.
De los 14 anuncios con desinformación electoral , ocho consiguieron superar directamente el proceso de revisión. Los otros seis, además del anuncio neutral, fueron detenidos porque Facebook solicitó verificar la identidad del anunciante al considerar que estaban relacionados con asuntos sociales, elecciones o política, pero no porque el sistema hubiese identificado específicamente su contenido falso. Resultado del experimento de Amnistía Internacional Indicador Resultado Anuncios presentados 15 Anuncios con desinformación 14 Anuncio neutral 1 Anuncios con desinformación aprobados 8 Anuncios detenidos por verificación de identidad 7 Rechazados expresamente por desinformación 0 La investigación encontró además diferencias en la capacidad del sistema para detectar distintas narrativas. Amnistía señala que tres de los cuatro anuncios con retórica favorable a una toma del poder por los militares superaron los controles de Facebook.
En cambio, la plataforma mostró una mayor capacidad para detectar contenidos que describían a adversarios políticos como criminales, traidores o actores ilegítimos. Los investigadores utilizaron una cuenta sin verificar y presentaron los anuncios desde Londres, sin recurrir a una VPN para simular que se encontraban en Brasil Una cuenta sin verificar y anuncios enviados desde Londres Otro de los elementos que despierta preocupación es el procedimiento utilizado para contratar la publicidad. Los investigadores emplearon una cuenta de Facebook que no había completado el proceso de verificación de identidad y presentaron todos los anuncios desde Londres. Pese a ello, ocho piezas pudieron avanzar hasta quedar aprobadas para su publicación.
Amnistía también detectó que los anuncios pudieron ser presentados sin declararlos dentro de las categorías especiales correspondientes a contenidos electorales y sin incorporar inicialmente el aviso destinado a identificar quién financiaba la publicidad. La organización considera que estos fallos abren la posibilidad de que agentes situados fuera del país puedan intentar intervenir en el debate electoral mediante campañas dirigidas específicamente a ciudadanos brasileños. La situación contrasta con las normas publicadas por la propia Meta , que establecen que los anunciantes que quieran difundir publicidad relacionada con política o elecciones en Brasil deben verificar su identidad e incorporar avisos como “Pago por” o “Propaganda Electoral”. La compañía asegura además que conserva este tipo de anuncios durante siete años en su Biblioteca de Anuncios.
Las normas electorales brasileñas obligan a reforzar la identificación de los anunciantes, la trazabilidad de la publicidad política y las bibliotecas de anuncios Brasil refuerza los controles sobre la publicidad electoral El experimento se produce además cuando Brasil ha endurecido las obligaciones de las plataformas digitales ante los comicios de 2026. El Tribunal Superior Electoral (TSE) exige que los sistemas de publicidad política dispongan de mecanismos para identificar anunciantes, conservar información sobre los anuncios y ofrecer criterios específicos para aprobar, rechazar o retirar contenidos político-electorales impulsados mediante pago. La primera vuelta de las elecciones generales se celebrará el 4 de octubre , mientras que una eventual segunda vuelta para elegir presidente y gobernadores tendrá lugar el 25 de octubre . Más de 155 millones de brasileños están llamados a las urnas para elegir presidente, gobernadores, senadores y diputados.
El TSE y Meta reforzaron además en julio su cooperación para estas elecciones. Entre las medidas acordadas figura facilitar a la autoridad electoral acceso a la Biblioteca de Anuncios de Meta , donde pueden consultarse contenidos patrocinados sobre política y elecciones junto con datos sobre gastos, alcance, segmentación, anunciantes y entidades financiadoras. Meta defiende sus sistemas de protección electoral Por su parte, Meta sostiene que cuenta con normas que prohíben los contenidos destinados a interferir en las elecciones, incluida la difusión de información incorrecta sobre cuándo, dónde o cómo votar. La compañía también ha anunciado la activación de su Centro de Operaciones para Elecciones en Brasil, con especialistas en inteligencia de amenazas, ingeniería, ciencia de datos y políticas públicas.
La investigación de Amnistía cuestiona, sin embargo, hasta qué punto estas medidas son capaces de detectar los contenidos durante el proceso automatizado de aprobación de anuncios. La organización afirma que contactó con Meta el 21 de julio para trasladarle los resultados y que no había recibido una respuesta específica a sus alegaciones cuando publicó el estudio. Amnistía Internacional reclama ahora que la compañía refuerce los recursos destinados a la moderación en portugués brasileño , mejore los sistemas utilizados para reconocer riesgos electorales y realice evaluaciones específicas sobre el impacto que sus sistemas publicitarios pueden tener sobre los derechos de los votantes. Con la campaña electoral brasileña ya en marcha, el experimento vuelve a situar la eficacia de la moderación de contenidos políticos y la publicidad segmentada de las grandes plataformas en el centro del debate sobre la integridad de las elecciones.