Miguel Ángel Gil es un excelente gestor. Ha sabido darle la vuelta al Atlético y hacerlo muy competitivo (el principal objetivo es cada año estar en Champions porque eso asegura la credibilidad) cuando era una entidad de excesivas crestas, arriba y abajo. Lo ha hecho también bajo un perfil bajo, poniendo la gestión por encima de la publicidad, la propaganda o el escándalo. Ahora ya no es el máximo accionista y la propiedad descansa mayoritariamente en el fondo estadounidense Apollo, que compró cerca del 57 por ciento valorándose la entidad en 2.500 millones de euros.
Da la sensación de que la línea inicialmente marcada está derrapando en el ‘caso Julián’. Se puede entender perfectamente que al Atlético no le guste que le fichen jugadores clave. Como es totalmente asumible que el Barça quiera incorporar a un delantero centro como Julián. El relato del Atlético se podía asentar cuando el discurso era que no quería que el jugador se fuera del club colchonero, que era importante para ellos y lo querían en su plantilla.
Pero choca cuando rápidamente se pone sobre la mesa su posible traspaso al Arsenal. Y se veta al Barça. No se entiende muy bien por qué tanta animadversión. Los blaugrana hablaron con los agentes de Julián para saber si el jugador quería venir y le hicieron una oferta al club de 100 millones de euros. ¿Dónde está la falta de ética? ¿Qué es lo indignante?
Es el mercado y el propio Barça vio cómo marchaban jugadores como Griezmann o Suárez o Villa en buenas condiciones para los colchoneros en su día. La idea de que los dos clubs tenían enemigos (fundamentalmente uno) en común los unía más que los separaba. Lo del rival directo con los traspasos que ya han existido (los citados entre otros) es menor ya que se reforzaría al rival de su máximo enemigo. A mucha gente le gustaría entender que las palabras y las posturas del Atlético en estos últimos días obedecen más a una estrategia de negociación que a otras cuestiones.
Se comprendería que a veces hay que mantener posturas firmes que sean creíbles para negociar con ventaja y luego acabar llegando a un acuerdo que a lo mejor favorece a las tres partes.