Regular nuestra factura de la luz es fundamental si te preocupa el ahorro y quieres evitar pagar de más de manera innecesaria. Sin embargo, hay ciertos electrodomésticos que, por su consumo, resulta especialmente importante que sepamos bien cómo usarlos para evitar males innecesarios. Uno de ellos es el termo eléctrico. Los electrodomésticos que tenemos en nuestra vivienda requieren de un cierto consumo eléctrico para poder funcionar de manera correcta.
En algunos casos, este consumo es mínimo y su presencia en nuestra factura es prácticamente invisible, mientras que hay otros que si no tenemos un buen control del uso que hacemos de ellos, terminan por causarnos una importante sorpresa para nuestro bolsillo. Este es el caso del termo eléctrico, un dispositivo que es esencial para multitud de hogares, pero que no por ello debemos dejar que funcione a su antojo. El funcionamiento de este electrodoméstico es especialmente sencillo: mediante el uso de electricidad, calienta y mantiene caliente el agua que almacena en el depósito. De este modo, en el momento en el que vamos a la ducha, tenemos agua caliente.
El problema llega cuando está 24 horas al día trabajando. Por qué consume tanto tu termo eléctrico Lo primero que debes tener en cuenta es que el hecho de que hayas notado cómo tu termo consume más de la cuenta no quiere decir que tu dispositivo en cuestión funcione mal. Más bien, obedece al comportamiento natural que tienen este tipo de electrodomésticos. Los termos eléctricos consumen electricidad cada vez que necesitamos calentar el agua, cuando se alcanza la temperatura indicada, deja de calentar.
No obstante, en cuanto pierde esta temperatura, vuelve a trabajar para calentar de nuevo. En la práctica, esto se traduce en que cuando lo dejamos encendido todo el día, está consumiendo electricidad de manera innecesaria, puesto que su comportamiento no se adapta a nuestros patrones de consumo de forma proactiva, sino que tenemos que ser nosotros mismos los que los configuremos de tal modo. Conviene tener en cuenta que no todos los termos consumen lo mismo, sino que hay una serie de factores que influyen de manera considerable, como la propia capacidad del termo, la potencia o la cantidad de agua caliente que utilices. Si sabemos que no vamos a usar el termo durante las próximas horas, no tiene sentido que lo dejemos encendido de manera indefinida.
Cómo se debe programar para evitar consumos innecesarios Lo primero que debemos tener en cuenta es que no existe un horario universal que nos permita alcanzar la máxima eficiencia de nuestro termo a todos por igual, sino que dependerá de cuáles son nuestros patrones de uso. A nivel general, cualquier estrategia busca evitar que el termo esté encendido durante las horas en las que sabemos que nuestra vivienda está vacía. Los termos más modernos permiten escoger la hora a la que queremos que comience a trabajar el termo y la hora a la que queremos que se apague. Si tenemos un termo más antiguo, tendremos que comprar un enchufe programable.
Debemos crear un horario que se adapte a nuestras rutinas. Sin embargo, esto no quiere decir que no tengamos que tener en cuenta que el termo necesita de un tiempo previo para poder cumplir con sus funciones. Es decir, si solemos ir a la ducha a las 20.00, lo recomendable es que comience a trabajar, por ejemplo a las 19.00. De este modo, a las 20 horas tendremos el agua caliente disponible.
El objetivo es analizar por nosotros mismos las rutinas y adaptar el funcionamiento de nuestro termo a todas nuestras necesidades.