Europa llega al final del verano con una preocupación creciente en sus mercados energéticos: las reservas de gas se encuentran muy por debajo de los niveles habituales para esta época del año. Los depósitos de la Unión Europea rondan el 63 % de su capacidad, frente a un promedio cercano al 80 %; una diferencia que aumenta la presión sobre los precios y dificulta la preparación para los meses fríos. El escenario ha generado lo que algunos operadores y analistas describen como un “pánico invernal”. El temor principal no apunta necesariamente a una falta física de gas, sino a una mayor volatilidad de los precios si Europa necesita acelerar sus compras durante el otoño para reforzar sus inventarios.
La situación también golpea con especial fuerza al Reino Unido, uno de los grandes consumidores europeos de gas y un país con una capacidad de almacenamiento relativamente limitada. Chris O’Shea, director ejecutivo de Centrica; ha advertido sobre la vulnerabilidad británica y ha defendido la importancia de mantener instalaciones estratégicas de almacenamiento. El conflicto en Oriente Medio ha complicado aún más el panorama. La interrupción de los flujos energéticos a través del estrecho de Ormuz redujo la disponibilidad de gas natural licuado y elevó la competencia entre Europa y los mercados asiáticos.
A esto se sumaron el elevado consumo energético del verano y la necesidad de reponer las reservas después del invierno anterior. Europa teme un invierno difícil Los precios europeos del gas ya superan los 68 euros por megavatio-hora; mientras algunos análisis contemplan niveles superiores a 100 euros si aumenta la competencia por los cargamentos de gas natural licuado. Pese a las señales de alerta, la Comisión Europea sostiene que el suministro del próximo invierno continúa siendo manejable y considera que alcanzar alrededor del 80 % de almacenamiento sería suficiente para garantizar la seguridad energética.