Para muchas empresas en Honduras, mantener abiertas sus puertas se ha convertido en una ecuación cada vez más difícil. El encarecimiento de la energía, las materias primas y el financiamiento coincide con una reducción del consumo que golpea directamente sus ingresos. A las dificultades económicas se suma la inseguridad. Comerciantes y emprendedores enfrentan extorsiones y amenazas en un escenario donde el temor a denunciar también condiciona la continuidad de sus actividades.
Cada empresa que desaparece arrastra empleos, ingresos familiares y actividad económica. El deterioro también alcanza al campo, donde pequeños productores enfrentan dificultades que reducen su capacidad de producir y sostener sus hogares. La combinación de mayores costos, menor actividad económica e inseguridad está reduciendo cada vez más el margen de quienes intentan mantener sus empresas y emprendimientos en funcionamiento. Con menos negocios operando y menos fuentes de trabajo disponibles, aumenta la presión sobre una población que necesita encontrar ingresos para sostener sus hogares.
Daniel Sierra, Tegucigalpa frr/hnb