Hasbro lleva un año pidiendo perdón por matar en 1986 a Optimus Prime. El destino ha querido que la historia acabe de la peor forma

Hasbro lleva un año pidiendo perdón por matar en 1986 a Optimus Prime. El destino ha querido que la historia acabe de la peor forma

No soy un tipo especialmente rencoroso, pero hay una cosa que llevo 40 años sin perdonarle a la televisión de este país: a alguien de la cadena de turno le pareció una idea la mar de brillante que los dibujos animados de Transformers empezaran a las ocho y media de la mañana, o sea, apenas media hora antes de que los que entrábamos a clase a las nueve tuviéramos que salir por la puerta. Recuerdo la frustración con una nitidez que ya quisieran para sí lo que me enseñan en el cole. Un auténtico drama doméstico matinal que compartíamos algunos compis de clase y que a día de hoy sigo sin entender. Lo que sí, sigue doliendo.

Yo quería ver Transformers, ¿sabéis? Los Transformers molan. El caso es que, gracias a que yo vivía muy cerca del cole al menos me daba tiempo para ver el arranque con la mochila puesta, aquel opening legendario con ese musicote ochentero con voces robóticas, el primer plano de Optimus saltando a la batalla, y salir corriendo. Si se entraba a las nueve, ¿cómo demonios podía empezar Transformers a las ocho y media? ¿Quién se quedaba a ver Transformers en la tele de la cocina, mi abuela?

Sigue sin entrarme en la cabeza…. Nadie al volante. Esa fue siempre mi conclusión sobre la parrilla infantil de aquellos años, y con el tiempo he descubierto que la frase describe bastante bien otras dos cosas de esta historia. Describe, literalmente, el hallazgo del que nació la franquicia entera, porque el gran invento de Transformers consistió precisamente en desmantelar otros juguetes.

Y describe lo que ocurrió el día que en un despacho decidieron matar a Optimus Prime sin tener ni idea de lo que estaban haciendo a lo niños. Cuarenta años después, esa decisión sigue pasando factura a muchos fans. Vamos por partes. Antes de ser una mitología, Transformers eran dos juguetes japoneses diferentes El origen de todo esto no está en ninguna sala de guionistas ni en ningún cuaderno de notas de un creador visionario, sino en el stand de Takara de la Feria del Juguete de Tokio de 1983.

Allí había dos líneas de juguetes que llevaban un tiempo funcionando en Japón, Diaclone y Micro Change, que resolvían la misma idea por caminos distintos. Diaclone eran vehículos que se convertían en robots y que venían con figuritas humanas de dos centímetros que se sentaban dentro. Micro Change iba por el lado de los objetos cotidianos que se transformaban, un casete, una pistola, una lupa. Buena parte de aquellos diseños salieron de la cabeza de Shoji Kawamori, el mismo hombre que había creado el legendario anime Macross (Robotech en España).

Hasbro compró los derechos para Occidente de las dos marcas, las juntó y se inventó toda una marca, aunque en su momento debió de parecerles un ajuste de producto sin mayor trascendencia. Quitaron a los pilotos. Los robots dejaron de ser máquinas conducidas por alguien y pasaron a estar vivos, a tener personalidad, bandos, rencillas y una guerra estelar propia de millones de años. Habían nacido los Transformers y con ellos Hasbro pegó un pelotazo increíble en el mercado juguetero occidental.

Marvel escribió la biblia de los Autobots a contrarreloj Con los moldes ya comprados y los pilotos fuera, a Hasbro le faltaba lo esencial, que era saber quiénes eran aquellos cacharros y cómo venderlos a los niños. Star Wars y Masters del Universo habían demostrado que los juguetes vendían mucho más si venían arropados de un contexto narrativo. Y para eso llamaron a Marvel, donde Jim Shooter, entonces editor jefe, escribió el marco general del que sale todo lo que sabemos de Transformers: dos facciones de robots alienígenas en guerra, los heroicos Autobots y los malvados Decepticons. El encargo de dar nombre y personalidad a las criaturas recayó primero en Dennis O'Neil, el hombre que le devolvió la seriedad a Batman en los 70, y aunque a Shooter no le convenció el conjunto de su trabajo, de ahí salió el nombre que aún hoy sostiene la franquicia: Optimus Prime.

El relevo de guionista lo cogió Bob Budiansky, que se sentó a escribir las biografías de los personajes uno por uno, con sus manías, sus miedos y sus frases características. Ahí está el trabajo invisible que explica por qué esto sigue en pie cuatro décadas después y por qué otras franquicias jugueteras de la misma cosecha se quedaron por el camino: el carisma. La serie de dibujos llegó el 17 de septiembre de 1984 con la miniserie de tres capítulos More Than Meets the Eye, producida por Sunbow y Marvel Productions y animada en Japón por Toei, con refuerzos posteriores del estudio coreano AKOM. Duró cuatro temporadas y 98 episodios hasta noviembre de 1987.

Los guiones eran irregulares, la animación tenía días buenos y días muy malos, y aun así aquello funcionó de una manera que nadie había previsto. Los que fuisteis niños entonces sabéis perfectamente de qué hablo, porque ninguno de nosotros veía un catálogo animado, veíamos robots gigantes que se zurraban y era una auténtica locura que, además, uno se convirtiera en un camión y otro en un F-14. Era inútil resistirse, así que claro, vendieron toneladas de juguetes por todo el mundo. Eran anuncios de veintidós minutos, cierto, pero eso no explica lo que pasó después Y es que Transformers existió como serie para vender juguetes.

Aquello fue posible porque a principios de los ochenta la administración Reagan aflojó el control regulatorio sobre la publicidad infantil en televisión, y lo que hasta entonces se consideraba inaceptable pasó a ser el modelo de negocio dominante, tal y como recuerda este reportaje de History sobre la década. He-Man abrió la veda en 1983, Transformers y G.I. Joe fueron detrás, y luego llegaron My Little Pony y Los Osos Amorosos. Eran anuncios de 22 minutos, cierto, pero eso no explica lo que pasó después.

Aquellos anuncios se convirtieron en el material mitológico de una generación entera de chavales. Los dibujos funcionaron, los cómics de Marvel funcionaron, y la mitología de estos juguetes fue complicándose cada vez más. Alguien dio con conceptos como la Matriz de Liderazgo, una especie de grial, una fuente de poder que almacena la personalidad y el conocimiento acumulado de generaciones de Primes y que permitía el relevo de Optimus a Rodimus. La idea era vender más juguetes, claro, pero para hacerlo ahora tenían que justificar a los chavales cada añadido a la línea de figuras con un evento dentro de los cómics y los dibujos.

Así que decidieron matar a Optimus. Mataron a Optimus Prime y descubrieron que habían matado a un padre La película de 1986 nació como evento con una instrucción muy concreta: había que limpiar el reparto para dejar hueco a la nueva remesa de juguetes. Flint Dille, consultor de guion, lo explicó años después en un reportaje de The Hollywood Reporter: no sabían que Optimus era un icono infantil, pensaban que solo estaban retirando una figura popular para sustituirla por otra nueva. El guionista Ron Friedman se opuso frontalmente y dejó dicho que quitar a Optimus Prime era quitar a papá de la familia Transformers, y que eso no iba a salir bien.

No salió bien. Dille recordaba que los niños lloraban en las salas de cine, que había gente saliéndose del cine y que empezaron a llegar cartas de padres bastante desagradables. No sabían que Optimus era un icono infantil, pensaban que solo estaban retirando una figura popular para sustituirla por otra nueva Aquel desastre emocional tuvo consecuencias inmediatas y muy medibles. Sunbow se lo pensó dos veces con G.I.

Joe al año siguiente y le perdonó la vida a Duke en el último momento, convirtiendo su muerte en un coma providencial, un asunto que ya conté en su día aquí mismo y que sigue pareciéndome el mejor termómetro de hasta dónde llegó el susto para Hasbro. La película, que costó seis millones de dólares y recaudó menos en Estados Unidos, se estrelló en taquilla pese a tener a Orson Welles en su último papel como Unicron, a Leonard Nimoy como Galvatron y una banda sonora de Vince DiCola con la horterada de temazo de The Touch de Stan Bush. El caso es que ante tanto drama infantil Hasbro dio marcha atrás: en febrero de 1987 resucitó a Optimus Prime en la propia serie, y en 1988 lo devolvió a las estanterías con un nuevo juguete en la línea Powermaster. La campaña The Apology Tour, la gira de disculpas, es exactamente lo que parece.

Hasbro había montado doce meses de eventos, juguetes, vinilos, cómics y merchandising alrededor de una idea que en cualquier otro sector sonaría a delirio comercial: pedir perdón públicamente por haber matado a un personaje de ficción en 1986. Que sí, que es un evento comercial y una estrategia publicitaria, pero… Hay una historia detrás. El plato fuerte llega el 17 de septiembre, cuando The Transformers: The Movie vuelve a los cines restaurada en 4K. España no tendrá suerte, al parecer, así que de momento aquí nos quedamos con las ganas, aunque en 2024 sí pasó por algunos cines el evento del 40 aniversario de la marca, así que no perdáis la esperanza.

La fecha elegida no es casual, porque un 17 de septiembre de 1984 se emitió el primer episodio de la serie. Y en otra de esas casualidades de la vida, tres semanas justas antes de esa fecha, ha fallecido Peter Cullen, la voz de Optimus Prime desde 1984 en la versión original y que ha seguido vinculado al persona durante cuatro décadas y pico, en la serie clásica, en los videojuegos y en las películas de imagen real. Hasta ese día, la gira de disculpas de Hasbro era solo una campaña de marketing simpática sobre un duelo de mentira que compartía media generación de nostálgicos y coleccionistas de jueguetes. Desde el jueves pasado es otra cosa.

En la película, antes de apagarse, Optimus le pide a sus Autobots que no se pongan tristes. Es un consejo que a los siete años no sirve absolutamente de nada y que a los de casi 50 tampoco funciona mucho mejor, pero ahí está. La familia de Cullen ha pedido que se le recuerde sirviendo a la comunidad y tratando a los demás con integridad y lealtad, que es exactamente lo mismo que hace el bueno de Optimus. Hasbro tendrá que decidir ahora qué hace con una gira de disculpas que se le ha llenado de sentido por el peor motivo posible.

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