Bloomberg Línea — Los países de América Latina y el Caribe ya comienzan a sentir los efectos del fenómeno de El Niño, caracterizado por un aumento de la temperatura de la superficie del océano en las partes central y oriental del Pacífico ecuatorial, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Los efectos del fenómeno ya generan alertas en Centroamérica, considerada una de las subregiones más vulnerables del continente. El Niño está agravando la crisis climática y alimentaria en el Corredor Seco de Centroamérica, debido al déficit de lluvias y la pérdida de cosechas, según un informe de Oxfam y Acción contra el Hambre. El Corredor Seco centroamericano es una franja que atraviesa el Pacífico y las tierras bajas del oriente de Guatemala, el sur y occidente de Honduras y el oriente y centro de El Salvador.
Honduras y Guatemala registran la mayor severidad en la pérdida de cosechas y el acceso al agua, mientras que El Salvador presenta la mayor afectación en los jornales. Panamá ya declaró la emergencia nacional por los efectos de El Niño para adoptar acciones preventivas de mitigación y respuesta inmediata. Según los pronósticos del Instituto de Meteorología e Hidrología de Panamá (IMHPA), El Niño alcanzará una mayor intensidad y provocará un déficit de lluvias durante octubre, noviembre y diciembre de 2026, así como entre enero y marzo de 2027. “La medida busca adoptar acciones preventivas de mitigación y de respuesta inmediata para fortalecer la capacidad operativa de las instituciones públicas, salvaguardar la seguridad en caso de emergencias y brindar atención oportuna a los ciudadanos y sus bienes”, informó el Gobierno en un comunicado. El Canal de Panamá, por el que pasa entre el 3% y el 5% del comercio mundial, redujo desde este viernes de 36 a 34 el promedio de tránsitos diarios de buques ante la falta de lluvias asociada a El Niño.
El objetivo es ahorrar recursos hídricos de los lagos artificiales Gatún y Alhajuela. A finales de agosto, El Salvador emitió una alerta roja a nivel nacional debido a la sequía derivada de los efectos de El Niño. “Es deber del Estado salvaguardar la vida, integridad, bienestar, medios de subsistencia y seguridad alimentaria de la población, mediante la adopción oportuna de medidas de prevención, preparación y reducción del riesgo de desastres ante escenarios de amenaza de origen hidrometeorológico y climático”, dijo la Dirección General de Protección Civil de El Salvador. Por su parte, Honduras extendió a 103 de los 298 municipios del país la alerta roja por la sequía. El impacto de El Niño en Sudamérica En Sudamérica, de acuerdo con un informe de UBS (UBS) publicado en julio, “Colombia parece ser el país más vulnerable, dada una posición fiscal débil, una inflación elevada y una exposición significativa a El Niño, particularmente a través de los precios de los alimentos y de la electricidad”.
Colombia también enfrenta una emergencia ambiental por los recientes incendios forestales, agravados por la sequía. El Gobierno colombiano sostiene que algunos de estos incendios, que ya han consumido más de 20.000 hectáreas, fueron provocados deliberadamente. El informe de UBS ubica también a Brasil y Perú entre las economías con mayores riesgos, aunque por motivos diferentes. Mientras Brasil presenta mayores vulnerabilidades macroeconómicas y una menor exposición climática relativa, Perú enfrenta un riesgo climático más elevado, aunque cuenta con fundamentos macroeconómicos considerados más sólidos para amortiguar el impacto.
En Perú, el jefe del Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci), Luis Enrique Vásquez, estimó que El Niño podría afectar a 1,2 millones de personas si alcanza una intensidad fuerte. En Venezuela, según UBS, el principal riesgo proviene del impacto de las sequías sobre la generación hidroeléctrica, principal fuente de electricidad del país. La probabilidad de que El Niño persista hasta febrero de 2027 es prácticamente del 100%, de acuerdo con la OMM. La organización prevé que el fenómeno se fortalezca durante los próximos meses hasta alcanzar una intensidad muy fuerte hacia finales de 2026.
Los pronósticos apuntan a que un fenómeno de El Niño muy fuerte podría alterar notablemente los patrones de precipitación y temperatura en todo el mundo y agravar los fenómenos meteorológicos extremos. El Niño puede afectar la disponibilidad de agua, la seguridad alimentaria, los medios de subsistencia, la salud pública y las infraestructuras críticas. “El episodio de El Niño se ha consolidado y en los próximos meses se intensificará hasta convertirse en un evento de intensidad muy fuerte”, indicó la OMM en un comunicado. “Ello entrañará importantes cambios en los patrones de temperatura y precipitación, con los consiguientes riesgos en cuanto a inundaciones, sequías y calor extremo”. Para septiembre-noviembre de 2026, los pronósticos de la OMM apuntan a temperaturas superiores a lo normal en casi todas las zonas terrestres. Las lluvias, por su parte, seguirían patrones asociados a la fuerte respuesta atmosférica que suele acompañar a los episodios intensos de El Niño en el Pacífico.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) declaró que el fenómeno de El Niño comenzó el 11 de junio, cuando las temperaturas del Pacífico ecuatorial superaron en 0,5 °C el promedio durante varios meses consecutivos. Mientras Centroamérica y el Caribe enfrentan un mayor riesgo de sequía y estrés hídrico, algunas zonas de Sudamérica se preparan para lluvias intensas, inundaciones y deslizamientos. “El Niño no crea las fragilidades económicas de América Latina: las desnuda y les asigna un precio”, escribió Gonzalo Delacámara, director ejecutivo de la organización Elevate Water Foundation y profesor adjunto en la IE University, en España. Explicó que El Niño puede elevar los precios de los alimentos sensibles al clima, especialmente los de frutas y verduras. “Aunque ello no implica por sí mismo una pérdida significativa de competitividad, una inflación más persistente puede elevar los costes internos y condicionar la política monetaria, amplificando el impacto inicial del shock climático”, afirmó Delacámara. Según escribió en un análisis, “el coste decisivo de El Niño no reside solo en lo que destruye, sino en lo que interrumpe: jornadas no trabajadas, mercancías no distribuidas, inversiones aplazadas y recursos destinados a reconstruir lo ya construido”.
Los contrastes de El Niño en América Latina Citi (C) reseñó en un reciente informe que el déficit de precipitaciones en la actual temporada (agosto a octubre) parece ser más grave en El Salvador, Honduras, la costa occidental de Nicaragua, el noroeste de Costa Rica y el sureste de México, además de afectar a la zona alrededor del Canal de Panamá. En México, entre septiembre y noviembre y entre octubre y diciembre, se espera una disminución de los efectos del fenómeno, aunque habrá precipitaciones por encima de lo normal, salvo en las zonas más orientales de la región sureste. Asimismo, el déficit de lluvias podría acentuarse en Panamá y Costa Rica. En Sudamérica, el déficit de lluvias se concentra actualmente en el norte y noreste del continente, especialmente en Venezuela, Colombia y Brasil.
En Brasil, puntualmente, se esperan lluvias por debajo del promedio en gran parte del norte y noreste del país, así como en amplias zonas del centro-oeste. Ante las menores lluvias en Colombia, se prevé una reducción progresiva de los caudales de ríos y quebradas, lo que afectaría no solo a la agricultura y la ganadería, sino también a la generación hidroeléctrica. En contraste, se prevén lluvias superiores al promedio en el sur de Brasil y partes de Chile, Argentina y Ecuador, lo que podría elevar el riesgo de inundaciones. “El fenómeno de El Niño está adquiriendo enormes proporciones ante nuestros ojos”, declaró el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres. “La ciencia no deja lugar a dudas: el planeta se adentra en aguas desconocidas, aguas que se están calentando. La temperatura de la superficie del mar es cada vez más alta, las temperaturas no dejan de subir y el mundo se encuentra ya en la zona de peligro de los fenómenos meteorológicos extremos”.