Los satélites estrenan una nueva generación de blindajes contra la basura espacial

Los satélites estrenan una nueva generación de blindajes contra la basura espacial

Orbitando la Tierra a velocidades cercanas a los siete kilómetros por segundo, incluso un fragmento de apenas unos milímetros puede convertirse en un proyectil peligroso para un satélite. Y el problema es cada vez mayor: según la Agencia Espacial Europea, la cantidad de basura acumulada en órbita se ha más que duplicado desde 2017. Los desechos pueden ser trozos de metal, plástico, restos de pintura o fragmentos procedentes de antiguas colisiones y explosiones. Para los satélites de órbita baja, esta basura artificial representa una amenaza especialmente importante.

Un estudio publicado en 2021 estimó que alrededor de uno de cada cinco satélites pequeños deja de funcionar durante su primer año. En muchos casos, los operadores ni siquiera consiguen determinar la causa exacta, por lo que los impactos con residuos orbitales aparecen como una de las posibles explicaciones. El escudo Whipple funciona, pero pesa demasiado Uno de los sistemas clásicos utilizados para proteger naves espaciales es el denominado escudo Whipple. Su principio es relativamente sencillo.

Una primera capa exterior recibe el impacto y fragmenta el objeto en partículas más pequeñas. Un segundo panel, situado unos centímetros detrás, debe entonces detener esa nube de restos, que llega con la energía repartida entre múltiples fragmentos. La idea funciona, pero tiene un inconveniente importante: ocupa espacio y añade masa. En un lanzamiento espacial, cada kilogramo cuenta.

Por eso muchos satélites pequeños utilizan simplemente paneles de aluminio reforzados con estructuras internas en forma de panal, que aportan resistencia pero ofrecen una protección limitada ante impactos especialmente energéticos. © Spaceflight Explained Youtube. Baldosas capaces de absorber el impacto Una de las alternativas más recientes llega de Atomic-6 , una empresa estadounidense que desarrolla unas losetas compuestas comercializadas como Space Armor. La compañía no revela exactamente qué materiales utiliza, pero cada pieza tiene aproximadamente el tamaño de una mano, unos 2,5 centímetros de grosor y un peso similar al de un teléfono móvil. En sus pruebas, estas losetas lograron detener proyectiles de aluminio del tamaño de un guisante acelerados hasta 7,2 kilómetros por segundo.

Según la empresa, otra ventaja es que el impacto no genera una nueva nube de fragmentos. Parte del objeto metálico entrante se vaporiza y queda absorbido dentro del propio material. Kevlar, cerámica e impresión 3D Otros equipos están explorando combinaciones de materiales ya conocidos por su resistencia. Una posibilidad mezcla Kevlar, utilizado también en chalecos antibalas, con Nextel, una cerámica tejida.

El objetivo es conseguir escudos ligeros capaces de proteger pequeñas naves sin aumentar excesivamente el coste del lanzamiento. Investigadores de la Universidad de Padua, en Italia, trabajan además con impresión 3D. Su diseño combina aluminio, Kevlar y resinas reforzadas con fibra de carbono. La fabricación capa por capa permite incorporar cavidades internas, de manera que el proyectil sufra varios impactos sucesivos a medida que penetra en el material.

El principio recuerda a colocar varios pequeños escudos Whipple dentro de una única estructura. Atomic-6 just built real composite shields to protect satellites from the bits of debris in space 🎈 @WindBorneWx — weather balloons blamed for a mid-air mystery @nimo_space — one canvas to chat with all your AI tools https://t.co/dbV3CUlWo7 Decode (@DecodeAIdaily) October 24, 2025 Espuma metálica contra proyectiles orbitales Otra alternativa llamativa es la espuma de aluminio. Su interior contiene numerosos huecos distribuidos por toda la estructura. Cuando un proyectil atraviesa el material, encuentra sucesivas paredes metálicas que van fragmentándolo y reduciendo progresivamente su capacidad destructiva.

Pruebas realizadas por la NASA mostraron que una capa de esta espuma de poco más de seis milímetros podía proporcionar una protección comparable a la de un escudo Whipple convencional con aproximadamente el doble de peso. Saber qué está golpeando cada satélite No existe, sin embargo, un blindaje perfecto para todas las órbitas. La composición de los residuos cambia según la región espacial. Por eso Odin Space está desarrollando tiras adhesivas equipadas con sensores de vibración capaces de registrar los impactos que recibe un satélite.

Esos datos podrían revelar qué tipo de objetos predominan en cada órbita y permitir diseñar protecciones específicas. La carrera contra la basura espacial ya no consiste únicamente en retirar residuos. También implica preparar a los satélites para sobrevivir en un entorno cada vez más congestionado, y hacerlo sin convertir el blindaje en una carga demasiado pesada para llegar al espacio. Fuente: The Economist.