PlayStation está atravesando una de las crisis reputacionales más graves desde que un exceso de orgullo tras el éxito gigantesco de PlayStation 2 les llevó a perder todo el contacto con la realidad en el lanzamiento de su sucesora, hace ya veinte años. Es cierto que la situación general de la industria es muy complicada y que están al albur de las empresas de inteligencia artificial, que han revolucionado el mercado de los componentes con una demanda antes nunca vista para poder construir sus macrocentros de datos. Pero en la cúpula directiva no pueden desviar la responsabilidad siguiendo el ejemplo de muchos de nuestros políticos actuales. Fueron ellos quienes apostaron todo por la estrategia hacia un modelo live service, abandonando el que les había reportado tantísimos beneficios durante la generación anterior para intentar contentar a unos inversores cegados por los fríos números.
Por mucho que Jim Ryan haya sido defenestrado, los tropiezos se han seguido acumulando, revelando una compañía cada vez más lejos de cumplir con el eslogan "para los jugadores". Una transición violenta Se han escrito ríos de tinta a partir del anuncio de que PlayStation dejaría de fabricar discos para los juegos en sus consolas a partir de enero de 2028. La indignación, a pesar del tiempo transcurrido desde el anuncio inicial, no ha decaído en ningún momento y los comentarios airados de muchos jugadores inundan todos los resquicios en redes sociales y en los comentarios de Youtube que PlayStation deja al descubierto. Por mucho que los hábitos de la audiencia hayan girado hacia lo digital de manera sostenida en los últimos años, la cuota del mercado físico continúa siendo considerable precisamente en las máquinas PlayStation. ¿En el cuartel general de la compañía, cuando estaban barajando este cambio de estrategia, habían previsto una contestación de este calibre?
Me cuesta imaginarlo. Por supuesto que sabían que iban a encontrar la oposición de un grupo de irreductibles, pero sus estimaciones probablemente calculaban una indignación mucho más somera y más concentrada en el tiempo. Por supuesto que sabían que iban a encontrar la oposición de un grupo de irreductibles, pero sus estimaciones probablemente calculaban una indignación mucho más somera La realidad es que había otras formas de manejar este asunto. Los beneficios para la compañía provenientes de la supresión del mercado físico son evidentes, pero quizá no está de más recordarlos.
Se eliminan por completo las cuotas de las tiendas y las grandes superficies comerciales, se eliminan todos los gastos derivados de la logística y la distribución y, sobre todo, se elimina de un plumazo el mercado de la segunda mano, cancelando la economía circular que permitía a muchos jugadores el acceso a múltiples juegos a partir de un presupuesto más limitado. Según los informes de investigación de mercado que todas las compañías manejan, la transición al formato digital se estaba llevando a cabo de manera orgánica, con un número cada vez más notable de jugadores inclinándose por la conveniencia que ofrece. Jugadores que habitan casas cada vez más reducidas y a los que tener todo el catálogo siempre disponible, con los juegos vinculados a su cuenta, les parece una proposición ganadora. El problema para PlayStation es que esa transición se estaba alargando más de la cuenta y alguien, muy arriba en el escalafón jerárquico, ha optado por acelerar las cosas, metiendo un hachazo inorgánico de consecuencias funestas para la percepción de la marca.
Si hubieran dejado a su audiencia seguir el ciclo natural, incentivando la distribución digital con todo tipo de ventajas adicionales (precios más reducidos, extras digitales, acceso anticipado, etc), habrían podido seguir convenciendo a la gente con paso seguro. Pero en vez de la zanahoria han optado por el palo. Podrían haber anunciado que la PlayStation 6 vendría sin unidad de discos pero a su vez dejar que PS5, a la que todavía le quedan muchos años de vida Podrían haber anunciado que la PlayStation 6 vendría sin unidad de discos pero a su vez dejar que PS5, a la que todavía le quedan muchos años de vida, continuara recibiendo lanzamientos en físico hasta el final de sus días. Dejando tiempo suficiente para que todos (jugadores, retailers, publishers, distribuidoras) pudieran acompasar sus planes a la nueva realidad en una transición suave a lo largo de por lo menos un lustro.
O podrían haber esperado hasta que el formato físico estuviera por debajo del 15% (sin hacer trampas con los números). Cualquier cosa, en vez del camino por el que finalmente optaron. La propuesta de Xbox No nos engañemos. Aunque todavía Xbox no ha desvelado sus planes para la próxima generación, lo más probable es que se inclinen por el mismo plan que PlayStation, aprovechando que el melón ya está abierto.
Pero en Microsoft han sido lo suficientemente inteligentes como para proponer una solución orientada a tranquilizar los ánimos. Todavía no tenemos los detalles de cómo podría funcionar (estoy seguro de que tendrá serias limitaciones), pero la idea de poder obtener licencias digitales a partir de copias físicas de videojuegos es un gesto de buena voluntad hacia la audiencia. Después de tantos años elaborando herramientas en pos de la retrocompatibilidad, abandonar de manera cruel los catálogos físicos hubiera sido una incoherencia supina. Con esta herramienta, lo que hace Xbox es extender una rama de olivo a sus jugadores, precisamente una comunidad que ha sido maltratada por la dirección errática e irresponsable de la marca durante tanto tiempo.
Un gesto de buena voluntad, una compensación razonable ante un cambio de época. Sorprende que hayan pasado las semanas, y en PlayStation hayan declinado hacer ningún tipo de control de daños, ofreciendo algo similar o por lo menos publicando un comunicado donde se comprometan a estudiar el asunto. Dudo mucho que sea un impedimento netamente técnico, sino más bien un ejercicio de soberbia corporativa. Es necesario remarcar que este cambio de estrategia respecto al formato físico no sucede en el vacío.
El contexto es muy importante, y el contexto es nefasto. Un contexto donde Sony se niega a devolver de ninguna forma los aranceles ilegales de Trump y tumbados por el Tribunal Supremo en Estados Unidos, donde se niegan a certificar la propiedad fehaciente de los títulos digitales, donde cierran estudios a diestro y siniestro mientras han hecho perder un tiempo valiosísimo a todos con sus obsesiones live service y donde, por mencionar algo más reciente, dejan tirado a Hideo Kojima después de anunciar una nueva IP por todo lo alto hace apenas dos años. Estamos ante una compañía a la que parece no importarle ya su percepción pública, dando por descontado el resquemor de sus usuarios y segura en la creencia de que no tienen a dónde ir. Que no tienen más remedio que pasar por el aro que están creando.
Una cosa es reconocer la madurez del mercado y otra muy diferente arruinar por completo el mercado que tienes Una cosa es reconocer la madurez del mercado y otra muy diferente arruinar por completo el mercado que tienes, destrozando el trabajo de tantos otros ejecutivos antecesores que se desvelaron por construir la marca que otros han heredado y han malogrado de esta forma. La historia del capitalismo está repleta de historias de corporaciones que se creyeron inmortales y dominantes y que hoy día, o no existen o son un mero cascarón de lo que fueron en otro tiempo. Todavía no es tarde para tender nuevos puentes, por mucho que se hayan quemado otros. Un primer paso sería emular a Xbox en este asunto.
Pero hay otros. Cuidar a tu audiencia no debería estar reñido con sacar beneficios económicos. Cuidado con asfixiar al consumidor que paga sus nóminas y sus bonus. Es mucho más veleidoso de lo que ejecutivos sin contacto con la realidad pueden creer.
En 3DJuegos | XBOX se arrepiente por sus pecados del pasado y ha hecho algo muy poco habitual: pedir perdón, a su manera