Acceder a suficiente tierra para vivir exclusivamente de la agricultura es, para buena parte de los productores jóvenes de Estados Unidos, una barrera casi infranqueable: comprar decenas o cientos de hectáreas exige un capital que pocos tienen, y alquilarlas tampoco garantiza estabilidad de largo plazo. La agrovoltaica, la práctica de combinar producción agrícola y generación solar sobre el mismo terreno, empezó a ofrecer una salida inesperada a ese problema. De mecánico a ganadero de tiempo completo © Emimili Shutterstock Antes de que una empresa solar llegara a su condado, Cody Moore trabajaba como mecánico de maquinaria pesada en Washington County, Tennessee, y criaba ganado como actividad secundaria. Hoy, a los 27 años, es agricultor de tiempo completo: pastorea ovejas sobre más de 160 hectáreas repartidas en cinco instalaciones solares de Silicon Ranch Corporation, con un rebaño cercano a las 300 ovejas reproductoras que espera duplicar el año próximo.
Moore describió el cambio como algo que jamás había imaginado, y fue claro en un punto: sin esas plantas solares, no le habría resultado posible dejar su empleo para dedicarse de lleno al campo, según relató a Appalachian Voices . Por qué las ovejas y no otro animal Las plantas fotovoltaicas necesitan mantener controlada la vegetación que crece entre y debajo de los paneles, algo que tradicionalmente se resuelve con desbrozadoras y tractores. Las ovejas ofrecen una alternativa directa : comen esa vegetación sin necesitar combustible, y su tamaño reducido permite introducirlas en instalaciones ya existentes sin tener que elevar las estructuras, una ventaja que no tiene, por ejemplo, el ganado vacuno. El propietario de la planta obtiene un servicio de mantenimiento vegetal, y el ganadero recibe una remuneración estable por prestarlo, además de conservar los ingresos de su propia actividad ganadera.
Una escala que ya no es anecdótica El fenómeno dejó de ser un puñado de experimentos aislados. Según el programa InSPIRE, coordinado por el Laboratorio Nacional de Energía Renovable (NREL) de Estados Unidos, había hacia comienzos de 2025 unos 598 proyectos agrovoltaicos documentados en el país, con más de 10,3 gigavatios de potencia fotovoltaica instalada sobre unas 26.000 hectáreas, cifras que casi se duplicaron desde 2020. Solo Silicon Ranch aplicaba prácticas agrovoltaicas en 2024 sobre cerca de 5.260 hectáreas, en 25 instalaciones repartidas entre cinco estados junto con siete socios. No cualquier oveja junto a un panel cuenta El crecimiento del sector también trajo la necesidad de ponerle límites claros al concepto.
Virginia incorporó en 2026 una definición legal exigente: para que un proyecto se considere agrovoltaico, debe mantener productividad agrícola real , permitir la venta de productos durante toda la vida útil de la instalación y formar parte de una actividad comercial genuina, no solo una puesta en escena ambiental con un puñado de animales sueltos entre los paneles. El próximo desafío: las vacas El límite actual de la técnica es literal: las estructuras solares convencionales suelen ser demasiado bajas para el ganado vacuno, que puede dañar cableado y componentes al rascarse o golpearse contra ellas. Elevar los paneles exige más acero y una ingeniería distinta. Silicon Ranch ya lanzó un proyecto llamado CattleTracker, financiado por el Departamento de Energía estadounidense, para diseñar configuraciones capaces de combinar grandes instalaciones fotovoltaicas con pastoreo bovino.
Si el sistema resulta viable, la superficie agrícola compatible con la energía solar podría ampliarse de forma considerable, abriendo la misma oportunidad que hoy tiene Cody Moore a muchos más productores ganaderos.