Rosy Arango se casó a los 40 años y decidió no tener hijos: “Me tardé porque para mí siempre la prioridad fue la música”

Rosy Arango se casó a los 40 años y decidió no tener hijos: “Me tardé porque para mí siempre la prioridad fue la música”

Fue criada por su mamá y su abuela, quienes le enseñaron el gusto por la cocina tradicional mexicana, y de ahí viene su amor por toda la esencia de México, tanto así que lo trasladó a la música y ahora es reconocida por llevarla a todo el mundo. Antes de presentarse en el Teatro Metropólitan el 11 de septiembre, donde grabará en vivo México inmortal Vol. 7, abrió su corazón para TVyNovelas el pódcast para contarnos de sus tres amores y de su decisión de decirle “no” a la maternidad. ¿La “Revolución” ya te hizo justicia? Considero que sí. Más allá de justicia, ha sido cuestión de proceso.

He hecho mi propia revolución y creo que he sido vencedora porque hago lo que amo, lo que quiero, como quiero. Muchas veces me han dicho: “Ese no es el camino, Rosy, la música tradicional mexicana ya no funciona”. Para mí es muy grato decirles: “No, fíjate que sí funciona”. Vivo muy feliz y dignamente, y mi equipo tiene alimento y sustento gracias a mi voz y a algo que ustedes dicen que ya se está muriendo. ¿De dónde surgió ese amor por México?

De la cuna de mi madre y de mi abuela. Soy hija de un matriarcado: mi madre trabajaba y mi abuela me criaba. Mi mamá es oaxaqueña, igual que mi abuela, y es cocinera tradicional. Aprendí a amar el maíz, el chile, la cocina y los fogones.

Creo que eso le dio una intención de mexicanidad a mi vida. Aunque crecí en la Ciudad de México y nací en Sonora por error, fue una mezcla maravillosa que me hizo ganar identidad. Yo creo que Diosito dijo: “Esta, por necia, va a ser mi Adelita que va a defender la música mexicana”, y me mandó para acá. ¿Qué aprendiste de tu madre y tu abuela? Cuando iba a la escuela, como mi mamá trabajaba en una fonda o hacía comida en la casa para vender, a veces mi ropa olía a cocina.

En la escuela me decían: “Rosita, hueles mucho a cocina”. Un día mi abuela me dijo: “Que te dé vergüenza que no tengas qué comer o que no tengas familia, pero nunca te avergüences del trabajo digno de tu madre”. “Mi madre, desde la cocina, me dio educación y principios. Ese es el sustento de mi carrera. No ha habido nada de lo que tengo que me lo haya regalado nadie.

Me lo gané con trabajo (...), sin pisotear a nadie, sin pasar por encima de nadie y sin pasar por encima de mí”. ¿Por qué el amor tardó en llegar? “Me casé a los 40. Me tardé porque para mí siempre la prioridad fue la música. Cuando lo encontré a él, yo ya tenía una carrera, ya había tenido mi primer Lunario con Manzanero y giraba con Pancho Céspedes. Cuando alguien me hablaba de lo bonito que era la intimidad, yo no entendía en qué consistía.

La intimidad no es nada más carnal. Lo bonito es llegar a la casa y saber que está ahí ese compañero, y que te está escuchando. Antes tenía dos lugares favoritos: la cocina de mi mamá y el escenario. Cuando me casé, mi tercer lugar fueron los brazos de mi Juan.

Tengo la fortuna de estar en esos tres sitios. ¿Cómo te conquistó Juan? “Por la música. A él le gusta cantar, aunque no canta, pero lo hace muy bien. Conoce mucho de compositores y eso tuvimos en común. Él se dedica a los negocios, es empresario, y mi mundo es la música.

Fue Dios el que lo dispuso. Empezamos a hablar de música y de canciones. Nos gusta leer, ver películas, ir al cine; cosas muy sencillas. Me gusta cocinar para él y él se dio a la tarea de ser un gran compañero.

Así encontramos la fórmula. Cuando se acercó a mi vida me dijo: “Déjeme hacerla la mujer más feliz de su vida”. Yo le pregunté: "¿De mi vida?”. Y respondió: “Sí, porque mi vida es un poco más corta que la de usted”.

No ha hecho otra cosa. ¿Decidiste no ser madre? “Yo decidí que no quería tener hijos. Me encantan los niños, pero no era mi misión. Él ya tenía hijos, entonces él ya cumplió con lo suyo y yo ya tengo lo mío. La gente no tiene por qué meterse en tu vida.

En mis redes sociales comparto mucho de lo que hago, pero no me gusta que opinen de cosas que son íntimas. Yo no voy y opino de lo que sucede en su casa, pero ellos tampoco abren la puerta de su casa. Entonces yo la abro poquito. Irma Dorantes te confió dos trajes...

Para mí fue un sueño. Cuando entré a la casa de la maestra, estaba Pedro Infante sonando y estaban las fotografías de la boda. Ella me dijo: “No los quiero tener en un museo parados. Estos trajes cantaron, fueron arriba del caballo, fueron a las películas; quiero que les des vida.

En el Metropolitan voy a estrenar uno color tabaco con dorado. El sombrero tiene una china y un charro bordados en hilo de oro. No te imaginas qué joya de vestuario.