Tras recorrer la institución dedicada al estudio y difusión del pensamiento, la obra, la vida y el ejemplo del líder histórico de la Revolución cubana, Parsons resumió que su primera visita al país persigue escuchar, comprender y encontrar vías concretas para acompañar el desarrollo del movimiento paralímpico nacional. El dirigente brasileño sostuvo que cada recorrido internacional del IPC responde a dos propósitos: conocer de cerca la realidad local y determinar cómo apoyar mejor el deporte de las personas con discapacidad, una ruta que en Cuba puede articularse con el Comité Paralímpico de las Américas, las autoridades y otros actores sociales. “Lo que queremos es venir acá, escuchar, ver en qué podemos ayudar”, señaló Parsons, quien calificó de muy productiva la agenda cumplida y subrayó la importancia de convertir los intercambios en opciones de capacitación, acceso a programas y crecimiento competitivo. La visita, primera de un presidente del IPC a la isla, incluyó el centro educativo Solidaridad con Panamá, donde el directivo observó la convivencia entre enseñanza, arte, rehabilitación y práctica deportiva para niñas, niños y adolescentes con discapacidad físico-motora. Parsons aseguró que aquel encuentro renovó “mi energía y mi fe” en un movimiento que entiende el deporte más allá del podio, pues puede abrir caminos en la educación, el arte, el empleo, la participación comunitaria y la autonomía personal. “Para las personas con discapacidad es mucho más difícil”, reconoció, antes de ponderar que la actividad física adaptada no debe ser un espacio secundario para ningún estudiante, sino un derecho y una oportunidad para descubrir capacidades antes ignoradas.
El presidente del IPC elogió el sistema cubano de atención educativa y deportiva y consideró que los resultados internacionales de los atletas paralímpicos resultan aún más llamativos en medio de la situación económica nacional. “Mi reacción es de admiración”, expresó Parsons, quien apeló a una imagen de resistencia al afirmar que Cuba “de un limón hace mucho más que una limonada”, en alusión a la capacidad del país para sostener una estrategia inclusiva y producir campeones en circunstancias adversas. También destacó a Omara Durand, presidenta del Comité Paralímpico Cubano y multicampeona de la velocidad, como una líder cuya influencia excede sus medallas y se proyecta sobre nuevas generaciones de deportistas, en especial las niñas que sueñan con seguir su estela. “Una campeona como Omara puede inspirar a nuevas generaciones de niños y niñas que se involucren en el deporte”, apuntó Parsons, quien valoró su presencia al frente del organismo nacional como una fortaleza para el movimiento. En respuesta a Prensa Latina sobre posibles mecanismos de cooperación, explicó que el punto de partida será identificar con precisión las prioridades cubanas y encauzarlas hacia las convocatorias anuales del IPC, cuyos recursos, advirtió, son “finitos” y deben atender necesidades bien definidas. Mencionó entre las alternativas la capacitación, la clasificación funcional, el fortalecimiento de deportes ya establecidos, la introducción de otras disciplinas y una interlocución más ágil con organizaciones internacionales, así como el programa Sport Mobility.
La directora de Desarrollo para las Américas del IPC, Michele Melissa Formonte, coincidió en que el trabajo conjunto debe traducirse en una presencia más sólida del movimiento paralímpico en la región y confirmó avances hacia futuros Juegos Paralímpicos de Centroamérica y el Caribe. Formonte explicó que la organización trabaja en una cita con entre seis y ocho deportes, después de aplazar una primera propuesta para privilegiar una edición de mayor alcance y mejor estructura competitiva, logística y promocional. La ruta de Parsons por La Habana dejó así una idea central: Cuba no solo busca apoyo para su movimiento paralímpico, sino que posee una experiencia de inclusión, formación y resultados que el IPC aspira a escuchar, acompañar y multiplicar más allá de sus fronteras. ool/blc