Por: Lama Almakhour Han pasado dos años desde que el régimen israelí perpetró los atentados terroristas con buscapersonas que sacudieron Líbano, dejaron decenas de muertos y miles de heridos y cambiaron para siempre la vida de muchas personas. Para algunos, los acontecimientos del 17 y 18 de septiembre de 2024 se convirtieron en un recuerdo permanente de aquel día. Para otros, marcaron el comienzo de una vida diferente: una vida en la que tuvieron que afrontar la discapacidad, la pérdida y el duelo sin abandonar los roles y compromisos que habían construido antes de los ataques. Entre ellos se encuentra Basil Shaheen, un joven padre de familia y esposo libanés, un hombre instruido y, por encima de todo, un combatiente de la resistencia procedente de Hermel, en el noreste del Líbano. “[La cicatriz] en mi cuerpo no es simplemente una marca que dejó una herida.
Forma parte de mi identidad”, declaró Basil al sitio web de Press TV al recordar aquel día fatídico. Describió su herida no simplemente como algo que lo acompañará durante el resto de su vida, sino como un nuevo capítulo de su trayectoria, uno que le exige adaptarse sin quebrarse y convertir lo que le ocurrió en una fuente de determinación y fortaleza. Basil aún recuerda con absoluta nitidez la explosión del buscapersonas. Se encontraba hablando por teléfono en su oficina cuando un joven sentado a unos cuarenta centímetros de distancia recibió una alerta en su buscapersonas.
El hombre comenzó a leer el mensaje antes de entregarle el dispositivo a Basil. El buscapersonas se encontraba aproximadamente a treinta centímetros de los ojos de Basil cuando explotó. En ese mismo instante, también explotó el buscapersonas del hombre con quien Basil hablaba por teléfono. “Ya Allah” —“Oh, Dios”— fue lo primero que dijo Basil cuando cayó la primera gota de sangre. Sintió heridas en todo el rostro, pero al principio no comprendió la magnitud de los daños sufridos en los ojos.
Lo único que podía ver era oscuridad, una oscuridad absoluta. Fue trasladado al hospital y pasó el trayecto tratando de mantener la calma y hablando con quienes lo rodeaban, incluso mientras el dolor se intensificaba. Su esposa se encontraba en el hospital y presenció las consecuencias de lo ocurrido. Para Basil, el impacto inmediato de la herida estuvo acompañado por pensamientos sobre su familia y sus hijos, así como por la incertidumbre sobre cómo sería su vida a partir de entonces.
Basil También había una dimensión profundamente personal relacionada con la propia fecha. El 17 de septiembre era el cumpleaños de Basil. No considera que esa coincidencia fuera accidental. En cambio, la denomina su “nuevo nacimiento”, pues cree que la primera gota de sangre que cayó lavó sus pecados y marcó el final de un largo periodo de sufrimiento.
El momento más difícil llegó durante su tratamiento en Irán, cuando un neurólogo le informó de que la visión que probablemente recuperaría sería extremadamente limitada y borrosa, hasta el punto de que quizá solo podría distinguir unos pocos dedos a corta distancia. “Cuando escuchamos la evaluación médica, me sentí realmente destrozado”, recordó. Pero mientras escuchaba la súplica del Día de Arafah atribuida al imán Husein (la paz sea con él), Basil afirmó que su perspectiva comenzó a cambiar. En lugar de centrarse exclusivamente en lo que había perdido, empezó a contar las bendiciones que aún conservaba. “¿Cuántas bendiciones había disfrutado cada día sin pensar en ellas?”, recordó haberse preguntado en aquel momento. Ese cambio de perspectiva también moldeó su manera de entender su lugar en el mundo y la resistencia en curso contra la ocupación.
Basil no considera que la resistencia esté confinada a un único frente geográfico. Para él, lo que ocurre en Palestina, Líbano y la región en general forma parte de una confrontación más amplia, que describe en términos del “frente unificado” y el “Eje de la Resistencia”. Considera que la lucha no es únicamente militar, sino también una confrontación ideológica en la que participan el régimen sionista y Estados Unidos, y la vincula con su creencia en la aparición del Imam Mahdi (que Dios Altísimo apresure Su noble manifestación), el salvador esperado en el Islam, y con la gran batalla. Para Basil, la lesión provocada por la explosión del buscapersonas hace dos años no significó abandonar ese camino, sino cambiar la manera de recorrerlo. “Mi resistencia ya no adopta la forma en que la practicaba anteriormente, pero no he dejado de resistir”, declaró al sitio web de Press TV.
Hoy se centra en servir a las personas mientras adapta su trabajo a sus nuevas circunstancias. También ha puesto en marcha un proyecto propio: una piedra de tayammum para personas heridas —una piedra utilizada en el Islam para realizar la ablución cuando no se puede utilizar agua— diseñada con la impresión de dos manos, una de ellas con dedos amputados, como homenaje a los heridos y como obsequio para los supervivientes. De Basil a Bayan Bayan es otra víctima de los buscapersonas procedente de Hermel y esposa de uno de los mártires. Compartió con el sitio web de Press TV una experiencia singular que revela otra faceta de esta historia.
Bayan se encontraba en casa cuando comenzó a sonar el buscapersonas de su esposo. Él pidió a su hija Fátima, que aún no había cumplido cuatro años, que se lo llevara. La niña dudó. Bayan salió de la cocina, tomó el buscapersonas y se acercó a su esposo para preguntarle por qué estaba sonando.
No llegó a terminar la pregunta: el buscapersonas explotó de inmediato, haciendo que su mundo se viniera abajo. Su primer pensamiento no fue para ella misma. Vio sangre sobre su esposo y temió que perteneciera a su pequeño hijo Mahdi, que se encontraba sobre el pecho de su padre. Se negó a ir al hospital hasta haber visto a sus hijos y confirmado que estaban a salvo.
Solo entonces se dio cuenta de que su propia mano estaba sangrando y de que parte de ella había desaparecido. De camino al hospital, Bayan mantuvo su mano herida fuera de la ventanilla del automóvil, con los dedos amputados y la sangre a la vista, para que los demás vehículos comprendieran que se trataba de una emergencia y le abrieran paso. En aquel momento, creía que se había sacrificado por su esposo, a quien llamaba cariñosamente “el guapo de piel morena”. Bayan Todavía podía ver por un ojo y estaba convencida de que pronto también perdería esa visión.
Pidió que llevaran a sus padres y a sus hermanas para poder verlos por última vez. Quienes acudieron a verla tenían dificultades para contener las emociones. “Se cubrían el rostro y lloraban”, recordó en conversación con el sitio web de Press TV . “Yo les decía: ‘Esta soy yo. Esta es Bayan’”. Dos años después, otra pérdida devastadora cambiaría su vida.
Su esposo, Mohammad Saleh Yaasoub al-Din, murió como mártir al amanecer en el sur del Líbano durante la última guerra de agresión israelí, que continúa. Para Bayan, fue como si hubiera vuelto a perder la luz de sus ojos. Sin embargo, continuó adelante. Tras el ataque con buscapersonas, Bayan y su esposo habían puesto en marcha un proyecto de productos para el hogar llamado “Nos recuperamos”.
Después de su martirio, decidió continuar el proyecto de acuerdo con su voluntad y con la fuerza y determinación que él había inculcado en ella. “Estoy continuando lo que comenzamos juntos”, afirmó. “Para mí, la pérdida y el derrumbe no son opciones”. El líder scout herido Haidar Saqr Haidar Saqr, un líder scout herido de Hermel, ofreció otra perspectiva de cómo es la vida dos años después del brutal atentado terrorista israelí con buscapersonas. Durante años, el escultismo había sido fundamental en su labor: educar a las nuevas generaciones, contribuir a su desarrollo social y permanecer junto a los niños y jóvenes a los que había ayudado a formar. Su lesión no modificó ese papel.
Lo que cambió fue la manera de desempeñarlo. Aceptar la ayuda de otras personas no resultaba fácil para Haidar. Cada vez que se encontraba con algo que ya no podía hacer como antes, buscaba otro método, otra solución que le permitiera realizarlo por sí mismo. Haidar En lugar de abandonar su labor, la adaptó, apoyándose en los sentidos y capacidades que conservaba.
Continuó con sus actividades de escultismo y permaneció junto a los jóvenes a los que había dedicado años de orientación. Pero su presencia adquirió ahora otro significado. Ya no enseñaba determinación, perseverancia y firmeza únicamente con palabras. Su propia vida cotidiana se había convertido en un ejemplo de esos valores.
Para Haidar, la lesión no marcó el final del camino. Lo obligó a encontrar otra manera de recorrer la misma senda, con mayor determinación y firmeza. Basil, Bayan y Haidar han atravesado distintas formas de heridas, pérdidas y recuperación. Sin embargo, sus historias convergen en un mismo rechazo a permitir que lo ocurrido determine los límites de sus vidas.
Dos años después del ataque israelí con buscapersonas, sus heridas siguen siendo visibles: en sus cuerpos, en sus recuerdos y en las vidas que han reconstruido. Han decidido no desaparecer del campo de batalla, sino seguir formando parte de él, tanto como participantes como testigos, insistiendo en que lo ocurrido sea recordado tal y como lo vivieron, sin distorsiones. Texto recogido de un artículo publicado en Press TV