Raphinha recorrerá unos 35.000 kilómetros con la selección de Brasil para disputar tres partidos amistosos en Australia e India. ¿Es necesario? No. Este parón de selecciones tiene su justificación en la competición de la Nations League, un trofeo creado para llenar huecos, sobre todo para combinados europeos y con la destacada actuación de la selección española, campeona del mundo que merece lucir el título. Pero montar amistosos a los equipos suramericanos con dudosos intereses deportivos no tiene razón de ser.
El jugador brasileño del Barça se encuentra en el mejor momento de forma seguramente de toda su etapa blaugrana, ya que une goles a su juego ya de por sí presionante y habilidoso. El pasado marzo y el pasado junio tuvo sendas lesiones musculares jugando con la selección brasileña y afectó claramente al FC Barcelona en la Champions. Ahora jugará en Townsville, Brisbane y Calcuta en una tournée con poco sentido competitivo porque las selecciones de Sudamérica juegan la Copa América con menos calificaciones que en el fútbol europeo y aprovechan estas fechas para hacer business. Se entiende todo, pero no deja de ser indignante que el calendario se utilice sin ningún pudor ni respeto a futbolistas que deben compaginar sus actuaciones nacionales con los clubs que se encargan de mantenerlos.
Si lo de Raphinha es duro, lo de Messi no tiene desperdicio. Es probable que el último partido que juegue el mejor jugador del mundo con su selección sea frente a Benín en el Monumental de Buenos Aires el próximo 6 de octubre. Argentina disputará amistosos con las tres B (Bolivia, Burkina Faso y Benín) en el cierre histórico de la etapa de Leo Messi con el equipo al que hizo campeón del mundo en Qatar. Las entradas se están agotando y seguro que será un gran negocio pero ¿debe ser Benín el último adversario de Messi en una cancha de fútbol vestido con la camiseta de la selección? ¿No hay nadie más?
Con todo el respeto del mundo al país que ocupa el puesto 94 de la clasificación FIFA pero da la sensación de que Leo merecía una despedida de mayor nivel. Será emotivo y potente porque lo importante es Messi no el rival, pero la AFA podía haber elegido mejor.