Los dos países de América Latina que están entre los mayores fabricantes de productos electrónicos del mundo

Los dos países de América Latina que están entre los mayores fabricantes de productos electrónicos del mundo

Bloomberg Línea — Asia y Norteamérica concentran buena parte de la fabricación mundial de productos electrónicos, mientras México y Brasil destacan como dos de los principales actores de América Latina, según datos de un informe del centro de estudios sobre energía Ember. A nivel global, China domina la fabricación de hardware digital, con el 58,8% de la capacidad mundial, según los datos de The Age of Power, un informe publicado por Ember y citado por Visual Capitalist. El gigante asiático destaca en la fabricación de teléfonos inteligentes y ordenadores, pantallas, placas de circuitos impresos y otros componentes electrónicos. Después aparece Taiwán, que concentra el 10,2% de la capacidad mundial de fabricación de hardware digital.

Le siguen Corea del Sur (6,7%), Japón (4,8%), India (3,8%), Vietnam (3,6%), Estados Unidos (2,9%) y Tailandia (1,3%). “Estos países construyeron durante décadas cadenas productivas completas, que reúnen fabricantes, proveedores de componentes, centros de investigación, mano de obra especializada e infraestructura”, manifestó a Bloomberg Línea Vivaldo José Breternitz, doctor en Ciencias por la Universidad de São Paulo (USP), profesor de la Universidad Paulista y consultor en tecnología y negocios. Sin embargo, el propio estudio plantea una consideración importante: producir no significa necesariamente liderar tecnológicamente. Breternitz explica que, aunque Estados Unidos representa alrededor del 2,9% de la producción considerada en el estudio, mantiene una posición central en investigación, innovación y desarrollo de semiconductores. Una parte importante de la tecnología utilizada por la industria mundial es concebida, diseñada o desarrollada por empresas estadounidenses.

Al mismo tiempo, el país ha adoptado medidas para ampliar su capacidad de fabricación doméstica de semiconductores. “Esta diferencia entre dónde se desarrolla una tecnología y dónde se fabrica es fundamental. La fabricación es una etapa importante de la cadena, pero el dominio de los diseños, la propiedad intelectual, el software, los equipos y los procesos también genera valor y poder económico”, anotó el académico desde Brasil. Por ello, considera que el desafío para los países de América Latina va más allá de aumentar su participación en la fabricación. En su visión, los países de la región necesitan ampliar su presencia en las etapas de la cadena tecnológica que concentran mayor conocimiento y valor.

Esto implica fortalecer la investigación, la formación profesional, la infraestructura y el financiamiento, además de crear un entorno que estimule las inversiones de largo plazo. “No hay una solución rápida para esto. Los países que hoy dominan estas cadenas comenzaron a consolidar su posición hace décadas y han mantenido políticas coherentes para desarrollar sus capacidades”, dijo. Otro dato que destaca en el estudio es que ningún otro país de América Latina aparece individualmente entre los principales productores. Las participaciones de la región que no figuran de manera separada están incluidas en el 1,7% clasificado como “resto del mundo”.

De acuerdo con Breternitz, el dato permite dimensionar el desafío para la región. “No se trata únicamente de avanzar algunas posiciones en un ranking, sino de construir una presencia más relevante en una cadena que será cada vez más estratégica para la economía mundial”. Explicó que, sin una combinación de industria, educación, investigación y estabilidad para las inversiones, “América Latina seguirá siendo principalmente un mercado consumidor de tecnologías desarrolladas y producidas en otras partes del mundo”. México, un eslabón clave En la novena posición del listado aparece México, que concentra el 1,2% de la capacidad mundial de fabricación de hardware digital, por encima de Alemania y Singapur, con 0,7% cada uno, y Malasia, con 0,6%, según Visual Capitalist. “El posicionamiento de México en el top 10 mundial de capacidad de producción de hardware digital es resultado de décadas de especialización industrial y competitividad operativa”, dijo a Bloomberg Línea la profesora Diana Becerra Peña, del Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas (CUCEA) de la Universidad de Guadalajara. Bajo el amparo del T-MEC, explicó, México ha transitado de la maquila tradicional a la consolidación de hubs de manufactura avanzada en estados como Jalisco, Baja California, Chihuahua y Nuevo León.

Actualmente, México es un eslabón relevante en la producción de electrónica automotriz, servidores, equipos de telecomunicaciones y dispositivos médicos, sostenido por una mano de obra técnica calificada y costos de producción competitivos frente a Asia. “El verdadero catalizador de este protagonismo reciente es el nearshoring, impulsado por el desacoplamiento geopolítico entre Estados Unidos y China y la urgencia de construir cadenas de suministro más resilientes”, manifestó Becerra Peña. “La contigüidad geográfica con el mercado norteamericano permite a las multinacionales reducir los tiempos de tránsito logístico de semanas a días y mitigar riesgos de disrupción en los flujos comerciales”, anotó. La académica de la Universidad de Guadalajara dijo que esta reconfiguración ha convertido a México en un destino para la relocalización de inversiones electrónicas, integrándose en el ecosistema industrial de Norteamérica y atrayendo “flujos récord” de Inversión Extranjera Directa (IED) en el segmento de tecnología e intermediación industrial. Sin embargo, “desde la perspectiva de la hacienda pública y el desarrollo sectorial, el desafío central para México va más allá de la captación de capitales, también se trata de traducir esta bonanza en valor agregado nacional y sostenibilidad fiscal”. Para avanzar hacia etapas de mayor complejidad, como el diseño de componentes y la fabricación de semiconductores, manifestó que el Estado mexicano debe implementar una política fiscal estratégica que otorgue certeza jurídica, incentivos tributarios eficientes a la innovación y, sobre todo, una inversión pública focalizada en infraestructura crítica, como energía limpia, agua y logística.

Sin un espacio fiscal sólido que fortalezca el ecosistema de proveedores locales y la infraestructura pública, el impacto del nearshoring corre el riesgo de convertirse en una oportunidad coyuntural en lugar de un motor estructural de desarrollo, advirtió. Brasil y su potencial en la manufactura Además de México, Brasil también destaca como uno de los principales actores de América Latina en la fabricación de productos electrónicos. La mayor economía de la región ocupa el puesto 13 a nivel mundial, con una contribución de 0,4% a la capacidad global. Israel e Indonesia concentran cada uno el 0,3% de la fabricación mundial, mientras Irlanda representa el 0,2%.

Vivaldo José Breternitz, consultor en tecnología y negocios en Brasil, señala que, pese al potencial del país, “su participación en la producción global de equipos de tecnología de la información es pequeña”. A diferencia de las economías asiáticas, considera que Brasil no logró acompañar este proceso con la misma intensidad. “Parte de la explicación está en el proceso de desindustrialización que el país enfrenta desde hace años”, expresó el profesor de la Universidad Paulista. “Cuando la industria pierde espacio, no desaparecen únicamente las fábricas. También se pierden proveedores, conocimiento acumulado, empleos calificados y capacidad para desarrollar localmente productos y componentes más sofisticados”. Otro factor relevante es la inversión en investigación y desarrollo.

De acuerdo con el académico, la tecnología no se construye únicamente mediante la importación de equipos o el ensamblaje de productos desarrollados en otros países. También requiere generar conocimiento propio, formar investigadores y crear condiciones para que las empresas conviertan ese conocimiento en productos y procesos. En este punto, dice que Brasil enfrenta una dificultad adicional: la formación de mano de obra. “Una industria tecnológica competitiva depende de ingenieros, programadores, investigadores, técnicos y profesionales con una sólida formación en matemáticas y ciencias. Los resultados de Brasil en evaluaciones internacionales de educación, como PISA, muestran que esta deficiencia no se corregirá rápidamente”, apuntó Breternitz.

El entorno económico también influye. Las inversiones en tecnología e industria suelen requerir grandes cantidades de capital y largos plazos de maduración. Las tasas de interés elevadas, como las de Brasil, reducen el atractivo de estos proyectos frente a alternativas financieras de menor riesgo, mientras que la inseguridad jurídica y la inestabilidad de las reglas pueden aumentar la cautela de las empresas al tomar decisiones de inversión, remató el académico.

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