Bloomberg — Xi Jinping y Donald Trump se reunirán esta semana para abordar una gran cantidad de cuestiones espinosas, desde el comercio hasta Taiwán. Hay un punto en el que ambas partes coinciden: ninguna de las dos puede permitirse frenar el avance de la inteligencia artificial. Mientras Silicon Valley debate la posibilidad de que la inteligencia artificial acabe con la humanidad, Washington y Pekín parecen más preocupados por la supremacía tecnológica mundial. Ambos países han dejado claro que no tienen intención de frenar el desarrollo de la IA, un debate que se ha reavivado después de que el cofundador de Anthropic PBC, Dario Amodei, advirtiera de los peligros de un progreso desenfrenado en un comunicado de 3.800 palabras.
Trump desestimó casi de inmediato los llamamientos a la moderación calificándolos de “farsa” y se comprometió a mantener el liderazgo estadounidense. Pekín ve pocos motivos para reducir el ritmo, en parte porque ya va por detrás de EE.UU. en materia de IA, aunque está reduciendo la brecha, y se ve limitado por las restricciones estadounidenses al acceso a chips avanzados de Nvidia Corp (NVDA). A tan solo dos días de que Trump se reuniera personalmente con Xi en una base aérea militar, Alibaba Group Holding Ltd. (BABA) anunció que estaba desarrollando un megamodelo de hasta 10 billones de parámetros, mucho mayor de lo que es habitual entre los modelos de peso abierto actuales. La empresa está lanzando al mercado chips de IA que califica como los más potentes de China y tiene previsto construir un centro de datos de 20 gigavatios que, según una estimación, podría traducirse en US$160.000 millones de ingresos por servicios en la nube.
Esto puso el broche final a unos días frenéticos para la IA china, en los que Z.AI Co. y Xiaomi Corp. mostraron cómo sus sistemas de IA se perfeccionan por sí mismos, y Huawei Technologies Co. aceleró el lanzamiento de chips de IA de alta potencia destinados a sustituir a los procesadores de Nvidia. Manus, la empresa pionera en IA agentiva que por fin se ha independizado de Meta Platforms Inc. (META) intentó recaudar capital con una valoración de US$4.000 millones para financiar su próxima fase. “Ninguna de las partes quiere renunciar al desarrollo ni ralentizarlo”, afirmó Elly Rostoum, investigadora principal del programa de política tecnológica del Centro de Análisis de Políticas Europeas y antigua analista de inteligencia de EE.UU. “Pero comprenden que se trata de un asunto lo suficientemente serio como para que tengan que dialogar, para que las empresas tengan que dialogar”. El deseo compartido por EE.UU. y China de seguir avanzando sugiere que es más probable que la cumbre del jueves dé lugar a unas “barreras de seguridad” definidas de forma restrictiva, en lugar de a “límites de velocidad” para la IA, incluso mientras dan pasos cautelosos para alcanzar un consenso en torno a los riesgos críticos. El secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, afirmó que Washington propuso una línea de atención de emergencia para incidentes relacionados con la IA y debatió un mecanismo de diálogo con sus homólogos chinos en una reunión celebrada el domingo en Nueva York. “China ya se ve obligada a moderar su ritmo debido a la contención tecnológica de EE.UU. y a los controles a la exportación de chips”, afirmó Selina Xu, responsable de investigación sobre políticas de China y IA en la oficina del exdirector ejecutivo de Google, Eric Schmidt, en una publicación en línea. “Una observación que he oído de los responsables políticos chinos es: ‘Ya nos están frenando’”.
China apuesta por la IA de código abierto para cerrar la brecha con EE.UU. Para reducir la brecha con EE.UU., China ha apostado por la IA de código abierto como estrategia para ponerse al día a nivel nacional y ampliar su influencia en el extranjero. Pekín está decidido a mantener ese impulso. Modelos innovadores como el R1 de DeepSeek y el Kimi K3 de Moonshot pueden ser descargados y adaptados por desarrolladores de todo el mundo, lo que permite a los laboratorios chinos aprovechar el trabajo de los demás y sacar el máximo rendimiento de unos recursos informáticos limitados.
Esto también ha ganado adeptos en el extranjero y ha contribuido a integrar el software chino en flujos de trabajo y productos, allanando el camino para su monetización. Moonshot, por ejemplo, está formando un equipo de ingenieros especializados para ayudar a los clientes a implementar y personalizar modelos, comenzando en China antes de expandirse a nivel mundial. Asimismo, está estableciendo colaboraciones comerciales con proveedores de servicios en la nube estadounidenses, como Fireworks AI y Baseten, para alojar dichos modelos. Z.ai ha ayudado a Malasia a construir una infraestructura soberana de IA, mientras que Humain, empresa respaldada por el Estado de Arabia Saudita, encargó a MiniMax Group Inc. la creación de una plataforma nacional basada en uno de los modelos abiertos de esta startup china.
Su popularidad, una combinación de costo, flexibilidad y rendimiento, ha puesto en peligro la capacidad de los principales laboratorios de IA estadounidenses para cobrar por el acceso a sus ofertas patentadas. Tanto Anthropic como OpenAI han alegado que las empresas chinas utilizan los resultados de sus modelos de vanguardia para crear sistemas rivales a una fracción del costo, un proceso conocido como “destilación”. El acuerdo de MiniMax provocó una reacción inmediata por parte de los defensores de la línea dura en materia de seguridad nacional de EE.UU. Chris McGuire, investigador principal del Consejo de Relaciones Exteriores, escribió en X que a Washington “le estaban tomando el pelo” tras aceptar vender chips de IA a países de Medio Oriente con la promesa de que utilizarían una pila de software estadounidense, solo para que Arabia Saudita acabara adoptando tecnología china.
El riesgo es que estas acusaciones, de las que se han hecho eco Bessent y otros responsables, puedan dar lugar a una aplicación más estricta de los controles de exportación con el fin de privar a China de los recursos informáticos necesarios para mantenerse al día. EE.UU. y China encuentran puntos de coincidencia en la seguridad de la IA La atención prestada a los riesgos de la IA sugiere un cambio de enfoque en una rivalidad que durante mucho tiempo ha estado dominada por las restricciones estadounidenses al acceso de China a chips avanzados. Los controles de exportación siguen siendo una importante fuente de tensión y podrían volver a surgir durante la visita de Xi, aunque han recibido menos atención en los días previos a su llegada. El representante comercial de EE.UU., Jamieson Greer, afirmó que los controles de exportación no figuraban en la agenda de su reunión del domingo con el viceprimer ministro chino He Lifeng y el negociador jefe de comercio Li Chenggang.
Pekín no ha confirmado la versión estadounidense del intercambio, limitándose a señalar que ambas partes debatieron sobre la IA. Es probable que el continuo control de China sobre el suministro mundial de minerales críticos otorgue a Xi una ventaja decisiva, mientras que empresas chinas como Alibaba aceleran sus esfuerzos por producir chips avanzados que harían al país menos vulnerable a las restricciones de Washington. Sin embargo, China no descarta por completo los peligros de esta tecnología. Desde el lanzamiento de ChatGPT en 2022, los reguladores han introducido normas que regulan los chatbots y han propuesto restricciones sobre los compañeros virtuales para niños.
Los responsables de seguridad también han advertido sobre las amenazas que supone el uso indebido de estas herramientas por parte de terceros. Esta semana, el diario The Information informó de que las autoridades reguladoras del ciberespacio de China estaban investigando posibles filtraciones de datos por parte de Moonshot y DeepSeek, lo que pone de relieve la intención de Pekín de vigilar el sector, especialmente en lo que respecta a los contenidos sensibles. Y el jueves se supo que un modelo de OpenAI había irrumpido en un sitio web del gobierno australiano, lo que supone uno de los primeros ciberataques conocidos perpetrados por la IA contra una base de datos gubernamental. Esas preocupaciones ofrecen un posible punto en común con la administración Trump, aunque no coincidan con los graves riesgos identificados por Amodei y respaldados por Sam Altman, de OpenAI, y Elon Musk, de SpaceXAI. “El riesgo existencial que plantea la IA no es realmente un tema importante en China, ni tampoco lo es en el ámbito de la formulación de políticas chinas”, afirmó Kyle Chan, investigador de la Brookings Institution. “Existe una convergencia creciente en algunas de las preocupaciones en torno a otros riesgos importantes de la IA, concretamente en materia de ciberseguridad, armas biológicas y actores no estatales”.
No obstante, cualquier acuerdo en estos ámbitos deberá superar una profunda desconfianza sobre si la otra parte se está ocupando genuinamente de la seguridad o si simplemente busca obtener una ventaja. Amodei ha defendido que impedir que China obtenga una ventaja en materia de IA es fundamental para la seguridad, una postura que ha utilizado para justificar controles de exportación más estrictos. Pekín considera que esa lógica es una prueba de que las exigencias de seguridad pueden servir como pretexto para la contención, y la tilda de “alarmismo”. “La cooperación entre ambos países sigue siendo limitada debido al escaso nivel de confianza”, afirmó George Chen, socio de la consultora The Asia Group. Pekín sigue creyendo que Washington pretende frenar el auge de China en el ámbito de la IA y otras tecnologías emergentes, una percepción que determinará el ritmo y el alcance de la colaboración futura, añadió.
Con la colaboración de Luz Ding, Saritha Rai, Rebecca Choong Wilkins y Vlad Savov. Lea más en Bloomberg.com