Una computadora antigua puede pasar años olvidada en un armario antes de terminar en la basura. A simple vista, sus placas y circuitos parecen tener poco valor. Sin embargo, en el interior de esos componentes se esconden pequeñas cantidades de metales preciosos que podrían transformar la manera en que reciclamos nuestros dispositivos. Un grupo de científicos de ETH Zurich, en Suiza, desarrolló un método innovador para recuperar oro de aparatos electrónicos en desuso.
Lo más sorprendente no es solamente la pureza del metal obtenido, sino el material que utilizaron para atraparlo: un residuo generado durante la producción de queso. © The New York Times Youtube. Una mina diminuta escondida dentro de las computadoras Los teléfonos, las computadoras y otros equipos electrónicos contienen cobre, cobalto, oro y diferentes materiales valiosos. El problema es que recuperarlos puede requerir grandes cantidades de energía y sustancias químicas potencialmente tóxicas. Esto provoca que una parte importante de los residuos electrónicos termine almacenada, abandonada en vertederos o procesada mediante técnicas que no siempre resultan sostenibles.
Mientras tanto, millones de dispositivos nuevos continúan fabricándose cada año con materias primas extraídas de la naturaleza. Los investigadores suizos buscaron una alternativa capaz de seleccionar el oro entre los numerosos metales presentes en una placa electrónica. Para conseguirlo recurrieron al suero de leche, un subproducto de la industria alimentaria que habitualmente aparece durante la elaboración del queso. Las proteínas del suero fueron sometidas a condiciones controladas de acidez y altas temperaturas.
El tratamiento modificó su estructura hasta formar una suspensión de nanofibrillas. Después, el equipo secó el gel resultante para crear una especie de esponja ligera y porosa compuesta por fibras de proteína. Esta esponja posee una propiedad fundamental: cuando entra en contacto con una solución que contiene diferentes metales, los iones de oro se adhieren a sus fibras con mucha más facilidad que otros elementos. De 20 placas antiguas a una pepita de oro Para comprobar el funcionamiento de la técnica, los científicos extrajeron las partes metálicas de 20 placas base de computadoras antiguas.
Luego las disolvieron en un baño ácido para transformar sus metales en iones y sumergieron la esponja de proteínas en esa solución. © superbeststock shutterstock Una vez capturados los iones de oro, calentaron la esponja para convertirlos en pequeñas escamas. Finalmente, fundieron el material recuperado hasta obtener una auténtica pepita. El resultado del experimento, publicado en la revista Advanced Materials , fue una pieza de aproximadamente 450 miligramos. Los análisis mostraron que estaba compuesta por un 91 % de oro y un 9 % de cobre, una proporción equivalente a oro de 22 quilates.
La cantidad puede parecer pequeña, pero el verdadero valor del hallazgo se encuentra en la eficiencia del procedimiento. No se trata de abrir una computadora vieja y encontrar una pepita en su interior, sino de recuperar las diminutas partículas de metal precioso distribuidas entre sus circuitos. Dos residuos que pueden convertirse en un recurso valioso Además de reducir la dependencia de algunos de los métodos tradicionales de reciclaje , el procedimiento aprovecha dos materiales que normalmente serían considerados desechos: el suero procedente de la elaboración del queso y los componentes electrónicos descartados. Los cálculos del equipo indican que el valor del oro recuperado podría ser hasta 50 veces superior al costo de los materiales y de la energía necesarios para completar el proceso.
Eso convertiría la técnica en una alternativa ambientalmente atractiva y potencialmente rentable. Los investigadores todavía deben perfeccionar el sistema antes de llevarlo a escala comercial. Entre sus próximos objetivos se encuentra probarlo con residuos generados por la fabricación de microchips y por procesos industriales de recubrimiento con oro. También estudiarán si es posible producir estas esponjas utilizando otros desechos alimentarios ricos en proteínas.
Si la tecnología logra salir del laboratorio, las montañas de aparatos que hoy consideramos basura podrían convertirse en una nueva fuente de materias primas. La próxima computadora vieja que llegue al final de su vida útil quizá no sea un objeto sin valor, sino una pequeña mina esperando el método adecuado para ser aprovechada.