Los Charlotte Hornets son muy raros. Pero también tienen un par. Son muy raros porque ven cosas y hacen cosas que casi nadie más ve y haría. Y tienen un par porque ejecutan aquello en lo que han creído detectar una oportunidad, sin importar lo que opine el resto del mundo.
Su ojo vago aceptó, por ejemplo, que ellos mismos seleccionasen en el Draft a Kobe Bryant o Shai Gilgeous-Alexander para que luego se lo quedasen otros. Vio como ponían el heterodoxo swing de Michael Kidd-Gilchrist por encima de Bradley Beal y Damian Lillard. Cómo la robustez de Kaminsky les valía para el pick 9, mientras Myles Turner o Devin Booker esperaban sentados en la Green Room. Y cuando sopesaron todos los riesgos de draftear a un jugador como LaMelo Ball, se arremangaron los los bajos y decidieron que valía la pena correrlo.
Ganar el ROY y ser All-Star en su segundo año les daba momentáneamente la razón, pero luego vinieron tres campañas como tres lunes negros, promediando 22 victorias por curso y con su base estrella vapuleado por las lesiones. Pero por fin, cuando tanto penar, tanto esperar y tanto insistir parecía dar sus frutos, con LaMelo Ball jugando 72 partidos, destilando el mejor Win Share y Value Over Replacement de su carrera , cuando todos los movimientos y apuestas de los Hornets logran –casi de la nada– una alineación interplanetaria, dando forma al quinteto titular más letal de la NBA … nos acordamos de nuevo que son muy raros y que tienen un par. Son los Hornets; no les va lo fácil, menos lo evidente. Ni siquiera para disfrutar de las mieles que ellos mismos han ido acopiando durante años.
Únicamente el tiempo dirá si lo de LaMelo pedía el traspaso o solo un poco más de paciencia. Si deshacerse de él era la solución a los problemas o si acaban de crearse un problema cuando tenían la solución en casa. Los triples al hierro desde el logo, las pérdidas por querer hacer el pase del año, las desconexiones constantes en defensa y la falta de liderazgo de un jugador al que se le exigió tomar las riendas más deprisa que a los demás. Todo eso parecía estar quedando atrás, con el playmaker entregando galones ofensivos a Brandon Miller y consciente, al fin, de que su mejor versión dependía de hacer lo que se espera de un base.
Generar. Poner su IQ a disposición del grupo. Porque en Charlotte ya tenían por fin el contexo y talento suficiente para nutrirse de la visión y dribbling de Ball. Desde enero de 2026 hemos visto, sin duda, al mejor LaMelo de todos.
Y ahora está en Minnesota . Porque en Charlotte tienen un par y son así de raros. Vamos pues. Datos, resultados de la campaña anterior, un vistazo a la plantilla 2026-27, los objetivos del curso, el jugador a seguir y un pronóstico para unos Charlotte Hornets que, después de encontrar una fórmula que funciona, arriesgan para mejorarla de inmediato, a costa de la que fue su primera piedra del proyecto.
Un Lamelo –y con este dato pasa a un segundo plano en la previa– con quien los Hornets anotaban 123,2 puntos por cien posesiones. Sin él, 110,6. Así encaran la temporada Ya no son los Hornets de LaMelo. Mínimo, pasamos a una diarquía: los Hornets de Miller y Knueppel.
Hace un año titulábamos esta previa «¿Mordemos de nuevo el anzuelo?» y nos conformábamos con 35 victorias. Llegaron nueve más. Lo normal habría sido dejar corregir un par de cosas y ver crecer al equipo. Pero Jeff Peterson –general manager– ha preferido un totum revolutum con el objetivo de que, una vez el polvo se asiente, todo esté más ordenado que nunca.
Y ello a través de romper con dos titularísimos, pues no solo ha sido LaMelo; también Miles Bridges. Valentía a raudales consecuencia de un miedo todavía mayor a evitar: la mediocridad perpetua que afectó a los Atlanta Hawks incapaces, durante años, de renunciar a Trae Young. Charlotte acabó noveno del Este, ganó a Miami en el primer cruce del play-in y se quedó fuera ante Orlando. Otra primavera sin playoffs, sí, pero con un 18-9 después del All-Star que obligaba a mirar como nunca antes al conjunto de Charles Lee.
A cambio de Ball y Josh Green llegaron Naz Reid, una primera ronda de 2033 sin protección, tres derechos de intercambio de primeras y tres segundas. Todas las decisiones tomadas este verano refuerzan la apuesta total por Brandon Miller y Kon Knueppel como pilares emergentes. Estas llegan modo de padrinos de vestuario para que les guíen y descarguen en el proceso de maduración. Bridges dejó a Grayson Allen y Royce O’Neale; Tre Mann, a Dennis Schröder.
Y Coby White renovó por tres años y 74 millones para para convertirse en la gran apuesta para ser el nuevo director de orquesta de los de Carolina del Norte. Coby, lo que siempre ha deseado Si están todos disponibles, White, Knueppel, Miller, Reid y Diabaté forman el quinteto más lógico y que conserva un magnífico filo. White, a sus 26 años, tiene ante sí la gran oportunidad de su carrera: ser el base titular en un equipo que aspira a meterse en playoffs. En Chicago nunca se dieron ambas cosas al unísono.
Entre sus grandes virtudes, recordemos, su insistente verticalidad hacia el aro y capacidad para levantar el triple (casi un 37% en su carrera) después del bloqueo, abriendo líneas de pase y penetración. Con tiradores a ambos lados y Reid capaz de ensanchar el parquet, debería encontrar terreno de sobra para atacar. Cambiar a White por LaMelo implica mucho, sobre todo a la hora de generar espacios; según SynergySports , el 33% de sus tiros de dos llegaron junto al aro la temporada pasada, frente al 18% de Ball. Este cambio de dieta puede venirle muy bien a un equipo al que Orlando dejó en 28 puntos en la pintura la noche de la eliminación.
Schröder –duodécima franquicia en la NBA y camino de batir el récord de Ish Smith, con trece– es una incorporación especialmente interesante tras la salida de Collin Sexton, con buen sentido del tempo y supérsitite de muchos agujeros de bala. No faltarán las noches en las que Charles Lee opte por cerrar encuentros con la veteranía del alemán a los mandos. A Miller, mientras tanto, le toca dar otro paso gigantestco al frente. Su hombro operado ya le ha permitido volver al trabajo con contacto antes del training camp , una buena noticia después de otro verano condicionado por la recuperación.
Solo es su tercer año, por lo que una de las grandes preguntas –siempre que se mantenga sano– es si es demasiado pronto para que siga castigando cual martillo pilón unas las defensas rivales que van a estar más pendientes de él que de ningún otro miembro del quinteto desde el comienzo de la posesión. En Charlotte, por supuesto, creen que así será. Y eso mismo deberíamos creer todos. Por inercia, su primer All-Star Game debería estar al caer.
Naz Reid, ¿listo para titular? Reid, uno de sus grandes fichajes, llega con 27 años y una oportunidad que en Minnesota nunca iba a tener de forma tan clara: disponer de un puesto importante sin esperar a que alguien se sentase. Todos sabemos aquí cuál es la gran forteleza de Reid así como su mayor debilidad: eléctrico en ataque, un pellizco de pan Bimbo en defensa. Y con Charles Lee ante la tarea de que el balance cuadre.
Dos palabras y un extra de responsabilidad: Moussa Diabaté. No solo para guardarle las espaldas atrás sino como puente de segundas oportunidades ante una rotación que puede tirar mucho de tres esta temporada: 3,7 rebotes ofensivos por partido en fase regular como aval. También con ganas de ver qué año sophomore nos da Ryan Kalkbrenner, que empezó como un tiro pero fue perdiendo peso en beneficio de un Diabaté que le devoró la tostada. ¡Y ojo que no lo haga también, llegado directo desde el pick 14 del Draft 2026, el alemán Hannes Steinbach, al que en los Huskies de la NCAA se le caían los puntos y atraía los rebotes como si tuviera a su alrededor un campo gravitacional! Ganas de estar arriba Todo lo acaecido en el verano de Charlotte evidencian que quieren competir, ganando certezas a costa de potencial sacrificado.
Schröder, Allen y O’Neale llegan para sostener una rotación fiable y de rendimiento inmediato. Allen será el lugarteniente de Knueppel cuando haga falta sumar rudeza y mantener la amenaza exterior; O’Neale para aligerar a Miller de algunas de las tareas defensivas más pesadas. Y Sion James a afianzar su protagonismo en la segunda unidad tras un magnífico curso de debut. Lo mismo para el tercer curso de Tidjane Salaun en la NBA.
Y atención que llega más pólvora vía Draft: la del talentoso y vertiginoso point guard de Texas Tech, Christian Anderson (pick 18). Grant Williams se perderá la pretemporada, pero debería estar listo para el primer partido de fase regular, sumando una pieza más a la nómina de ala-pívot capaces y algo más compacto que Reid. ¡Muchas, muchas opciones para la rotación interior de los Hornets! En principio, y viendo el cariz claramente ofensivo de la plantilla, Pero la suplencia no puede servir de coartada si la química y las jerarquías dentro del quinteto titular no funcionan al máximo nivel. El jugador a seguir: Kon Knueppel ¿Pensábais que nos habíamos olvidado de él? ¿De ese cruce precoz entre Klay Thompson y Kyle Korver?
Desde luego que no; lo mejor para el final. Pues nos toca hablar aquí de quien, en una sola temporada, ha contribuido de manera determinante a que Charlotte se hayan lanzado a cambiarlo casi todo. 273 triples . Más que cualquier otro jugador de la NBA y más que ningún novato antes que él. Con un 42,5% de acierto, además.
Eficiencia inimaginable y madurez bendita en un chico de veinte años que no necesitó treinta tiros por noche (apenas unos trece) ni convertir cada ataque en una campaña electoral por el Rookie del Año para marcharse hasta los 18,5 puntos y ceder finalmente en la recta final ante Cooper Flagg, para terminar segundo en las votaciones. Knueppel va a recibir más atención y y andará dándole vueltas a si Coby White podrá ofrecerle todo el espacio y timing –la magia sabemos que no– que implicaba tener a LaMelo a su vera. O incluso más. Tengo muchas ganas también de verlo con Reid en el bloqueo directo, así como con un mayor peso actuando de generador secundario (3,4 asistencias).
Su tiro debería permitirle provocar seísmos sin depender de una arrancada extraordinaria. Después tendrá que leerlas. Y ahí está el salto que le pediría, mucho antes que una cifra redonda de puntos, siempre que mantenga sus actuales niveles de productividad. Como Grant Williams, llega tocado a este inicio del isquiotibial.
Pero no ha de ser un problema y sería absurdo que forzase para el opening game si no está perfecto. La temporada es larga y Knueppel de lo mejor que le ha pasado a Charlotte en décadas. Puede ser la burrada de la previa, pero allá va: pero como Miller, aspirante claro a su primer All-Star Game. El pronóstico de nbamaniacs Hay algo que me frena, y me cuesta ver a estos Hornets por encima de las 44 victorias del curso pasado.
Han perdido un jugador irrepetible a pesar de sus pecados, y van a repartir funciones para las que todavía no tienen respuestas demostradas. Mi apuesta mínima es que se mantendrán por encima de las 40 victorias, y si la salud les acompaña, tener las 45 como punto de mira. Me gusta White, me encanta Miller y me vuelve loco Knueppel. Pero algo me dice que echarán bastante de menos a LaMelo, a su tracción trasera y su alerón hortera.
Pronóstico: 41-41. Y mucho más peligrosos en playoffs, si los alcanzan, de lo que cualquier récord previo pueda indicar.