Representantes de distintos países de la región analizan esta semana en Panamá cómo compatibilizar dos objetivos que condicionarán buena parte del futuro económico y ambiental latinoamericano: mantener la capacidad de crecimiento y exportación del sector agrícola y, al mismo tiempo, reducir la presión sobre las superficies forestales. El encuentro reúne a alrededor de 65 representantes de 13 países de América Latina con el objetivo de avanzar hacia una hoja de ruta compartida que permita desvincular progresivamente el crecimiento de la producción agrícola de la pérdida de bosques. La cuestión tiene una especial relevancia económica para una región que desempeña un importante papel en los mercados internacionales de alimentos y materias primas agrícolas. A diferencia de otras áreas del mundo, buena parte del crecimiento de numerosas economías latinoamericanas está estrechamente conectado con el campo, las exportaciones agroalimentarias y las actividades rurales.
América Latina quiere mantener el peso económico de su agricultura sin que el aumento de la producción implique una mayor pérdida de superficie forestal Una hoja de ruta para agricultura y bosques El encuentro, organizado por la FAO y el BID , pretende identificar medidas que puedan aplicarse conjuntamente por los países y posteriormente trasladarse a políticas nacionales, instrumentos financieros y nuevos modelos productivos. Una de las principales vías pasa por mejorar la regulación y coordinación con los gobiernos. La segunda se centra en desarrollar mecanismos de financiación e innovación capaces de hacer económicamente viable la transformación de las explotaciones. El desafío no consiste únicamente en producir de una forma diferente.
También implica que agricultores y empresas puedan asumir inversiones relacionadas con la conservación de la fertilidad del suelo , la protección del agua o la adaptación de sus procesos productivos sin que estos costes reduzcan de forma excesiva su competitividad. Ese componente financiero será especialmente relevante para los pequeños productores, que disponen de menor capacidad para afrontar por sí solos las inversiones necesarias para transformar sus explotaciones. Área de actuación Medida planteada Objetivo Producción Prácticas agrícolas sostenibles Aumentar la productividad reduciendo el impacto ambiental Financiación Nuevos mecanismos de financiación Facilitar las inversiones necesarias en las explotaciones Comercio Comercio libre de deforestación Evitar que las exportaciones estén vinculadas a pérdida de bosques Control Sistemas de trazabilidad Conocer el origen y proceso de producción de los alimentos Explotaciones Sistemas agroforestales y silvopastoriles Compatibilizar producción agrícola, ganadería y conservación Recursos naturales Protección del suelo y del agua Mantener la capacidad productiva a largo plazo Pequeños productores Apoyo técnico y financiero Evitar que la transición excluya a las explotaciones de menor tamaño Café, cacao y ganadería, en el centro del debate Algunos de los sectores sobre los que se concentra el análisis son el café , el cacao y la ganadería , actividades fundamentales para numerosas economías rurales latinoamericanas y con una relación directa con el uso del territorio. El planteamiento consiste en avanzar hacia sistemas capaces de mantener o elevar la producción utilizando de manera más eficiente las tierras ya destinadas a actividades agropecuarias.
Los sistemas agroforestales , por ejemplo, permiten integrar cultivos y árboles dentro de una misma explotación. Los modelos silvopastoriles aplican una filosofía similar a la ganadería, combinando pastos, árboles y actividad ganadera. No se trata únicamente de una estrategia ambiental. La conservación de suelos, agua y cobertura vegetal también está vinculada con la capacidad de las explotaciones para mantener su productividad durante periodos prolongados.
La financiación y la innovación serán determinantes para que la transición hacia una agricultura sostenible resulte económicamente viable para los productores La trazabilidad gana peso en el comercio agrícola Otro de los grandes ejes es la trazabilidad . La capacidad de conocer de dónde procede un producto, cómo se ha producido y qué impacto ha tenido su obtención está adquiriendo un peso creciente en las cadenas internacionales de suministro. Para los países latinoamericanos, mejorar estos sistemas puede convertirse tanto en una exigencia como en una oportunidad comercial. La posibilidad de acreditar que productos agrícolas o ganaderos no están asociados a procesos de deforestación puede facilitar el acceso a mercados donde las condiciones ambientales tienen cada vez mayor peso.
Pero la implantación de estos mecanismos debe tener en cuenta la enorme diversidad del campo latinoamericano. Junto a grandes empresas exportadoras existe una amplia red de pequeños agricultores y ganaderos que puede encontrar mayores dificultades para asumir nuevos requisitos tecnológicos, administrativos o financieros. De ahí que una de las prioridades sea desarrollar una trazabilidad inclusiva , acompañada de asistencia técnica y herramientas que eviten dejar fuera de las cadenas de exportación a las explotaciones de menor tamaño. El reto de recuperar productividad El debate se produce también en un momento en el que existe preocupación por la evolución de la productividad agrícola .
El BID considera necesario impulsar la capacidad productiva del sector después de la ralentización observada durante las últimas décadas. La respuesta que se plantea no pasa simplemente por incorporar más superficie a la producción, sino por aumentar el rendimiento mediante innovación, tecnología, mejores prácticas agrícolas y una gestión más eficiente de los recursos disponibles. Este cambio de enfoque resulta fundamental para romper la relación histórica entre expansión agropecuaria y ocupación de nuevas tierras. Producir más sobre las tierras que ya están destinadas a la agricultura aparece como una de las claves para reducir la presión sobre los bosques Agricultura sostenible como motor económico La hoja de ruta que comienza a perfilarse en Panamá deberá combinar, por tanto, objetivos ambientales con cuestiones directamente económicas: inversión, productividad, comercio exterior, acceso a financiación y competitividad.
El encuentro también aborda los incentivos necesarios para que proteger los recursos naturales no represente una desventaja económica para los productores. La agricultura sostenible aparece así no solo como una herramienta para contener la deforestación, sino como una vía para proteger la capacidad productiva futura del campo latinoamericano. Una vez finalizadas las reuniones en Panamá, el trabajo continuará mediante consultas y el desarrollo de la hoja de ruta regional, apoyándose en las iniciativas nacionales que ya están en marcha. El objetivo será transformar el diagnóstico compartido de los países en medidas concretas capaces de demostrar que el crecimiento agrícola de América Latina no tiene necesariamente que avanzar a costa de sus bosques.