Aquella jornada, la operación militar denominada Tormenta de Al-Aqsa (conocida también como Diluvio de Al Aqsa) derribó el mito de la invulnerabilidad militar y de inteligencia del régimen de ocupación judío sionista israelí. Lejos de constituir un hecho aislado o desprovisto de contexto, esta acción representó una respuesta acumulada a más de siete décadas de oprobio, despojo territorial, colonización ininterrumpida y un bloqueo asfixiante sobre la Franja de Gaza. Tormenta de Al-Aqsa ha quedado grabada a fuego y su calor irradia dignidad, fuerza y coraje. Una acción político-militar donde los combatientes, con el objetivo de llevar adelante su lucha por la libertad y con pleno conocimiento de que con su decisión de lucha y dignidad marchaban al martirio, le dijeron al mundo que Palestina no se rinde ni se entrega.
Desde la perspectiva del análisis internacional, junto a la legitimidad jurídica y rescate de la causa y la resistencia armada palestina, este diluvio de dignidad se inscribe dentro de los marcos que el propio derecho internacional reconoce a los pueblos bajo dominación extranjera, ocupación militar y colonialismo. Conforme a las resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, entre ellas la Resolución 3246 (XXIX), el derecho a la autodeterminación ampara la lucha por todos los medios disponibles frente a potencias ocupantes. Una Inundación de Dignidad abriendo caminos En este marco, la operación militar operó como un catalizador político. Tras años de intentos deliberados por invisibilizar el sufrimiento palestino mediante acuerdos de normalización regional impulsados por potencias occidentales, la causa palestina fue reubicada en el centro de la agenda y de la conciencia pública global.
La Operación Tormenta de Al-Aqsa ha sido un hito fundamental, catalizador para volver a colocar en el centro de la defensa, apoyo y solidaridad al pueblo palestino frente a los intentos del imperialismo y el sionismo de sepultar su causa. Operación Tormenta de Al Aqsa: Rompiendo Vallas La articulación de los pueblos, movimientos y organizaciones en lucha contra la alianza imperial sionista, en Asia Occidental y el sur global en general, son un elemento medular a la hora de vislumbrar que la epopeya de Tormenta de Al Aqsa, no puede comprenderse de forma aislada, sino como parte orgánica de una doctrina regional cohesionada: la del Eje de la Resistencia. Lejos de los esquemas de subordinación impuestos por Occidente, esta alianza de pueblos organizados y hermanados en frentes complementarios, responden con sincronía operativa, política y moral a los desafíos de un enfrentamiento donde se juega también el ejemplo para el sur global. El mártir Seyed Ali Jamenei, apenas tres días después de Tormenta de Al Aqsa señaló que la operación palestina de Al Aqsa, evidenció el fracaso militar y de inteligencia del régimen sionista “En estos hechos del 7 de octubre a esta parte, el régimen usurpador sionista ha sufrido un fracaso irreparable, tanto desde el punto de vista militar como desde el punto de vista de la inteligencia.
Ese fracaso lo han señalado todos; yo lo que subrayo es su carácter irreparable” En el tablero geopolítico internacional, la firmeza de la resistencia palestina encuentra continuidad directa en la vanguardia político-militar de Hezbolá en El Líbano, en el rol estratégico de los movimientos de la resistencia chiita en Irak y en el compromiso de Ansarolá en Yemen, todos coordinados y respaldados bajo la conducción y disuasión soberana de la República Islámica de Irán. Este Eje de la Resistencia, ha logrado quebrar la hegemonía impuesta por Washington y su proxy sionista israelí en Asia Occidental. Hoy, la resistencia palestina no está sola: es el ariete de una lucha emancipadora que se proyecta como referente indiscutible para el conjunto del Sur Global frente al colonialismo y la opresión imperial. Este bloque de dignidad, de fuerza social y justicia reclamada, no solo desafía la doctrina militar de la alianza imperial sionista, sino que ofrece a los pueblos de África, América Latina y Asia una referencia concreta de autodeterminación desobediencia estratégica y soberanía frente al orden unipolar.
Es una muestra de dignidad y arrojo que causa admiración y orgullo, frente a la asimetría bélica de aquellas potencias hegemónicas y arrogantes. Suelo reiterar que parte de mis líneas discursivas refiere a la dignidad y determinación moral del pueblo palestino. En condiciones extremas de inferioridad material, tecnológica y logística, una población cercada ha resistido los embates de una de las maquinarias bélicas más modernas y tecnificadas del planeta. Frente a la barbarie tecnológica y la desproporción genocida del ocupante, el pueblo palestino y sus combatientes han opuesto un valor moral inexpugnable.
Tormenta de Al-Aqsa no cesa de entregar la fuerza huracanada de su ejemplo, frente al horror desatado. Esta confrontación asimétrica ha puesto de relieve la tenacidad de un tejido social que, privado de sus derechos elementales, rechaza un nuevo desarraigo de su tierra ancestral. Las crónicas ofensivas bélicas, incrementadas sobre todo a partir del año 2006 cuando se concreta un criminal bloqueo terrestre, aéreo y naval del enclave costero palestino ha sido calificada por juristas, organizaciones de derechos humanos y una mayoría de analistas que siguen el proceso de lucha del pueblo palestino, como una de las campañas de exterminio y devastación más despiadadas de las últimas ocho décadas. Los patrones de bombardeo masivo contra hospitales, escuelas, infraestructuras hídricas y campamentos de refugiados han sido equiparados con las tácticas de tierra arrasada y castigo colectivo empleadas durante el régimen nazi en el siglo XX.
Auschwitz y Gaza. Ocho décadas de distancia. La misma solución final Una masacre televisada, parte componente de las redes sociales, imposible de negar ni desmentir. Un exterminio que es apoyado por los grandes aliados del ente sionista.
Me refiero a Estados Unidos y Alemania, fundamentalmente, que sostienen la operatividad cotidiana de la aviación, bombas, misiles y la artillería de Tel Aviv mediante el aprovisionamiento de armamento pesado, municiones guiadas y apoyo presupuestario directo. Unamos el cerco político que sufre palestina que se expresa en foros multilaterales como el Consejo de Seguridad de la ONU, donde el uso sistemático del poder de veto por parte de Washington y la pasividad de los organismos internacionales garantizan un escudo de impunidad frente a los fallos y medidas cautelares de tribunales como la Corte Internacional de Justicia (CIJ) y la Corte Penal Internacional (CPI). El sustento ideológico de esta política proviene de la cúpula política, militar y religiosa del régimen israelí. Declaraciones públicas de ministros, rabinos castrenses y comandantes militares israelíes, quienes han deshumanizado explícitamente a los palestinos calificándolos de “animales que caminan en dos patas”.
Evocando con ello, mandatos de aniquilación total como el pasaje bíblico de Amalek y justificando el corte de suministros vitales a millones de civiles. Son algunas de las pruebas directas de la intencionalidad genocida denunciada ante cortes globales. Esta política genocida, llevada a cabo por la sociedad israelí, no radica en una disputa religiosa ancestral, sino en el carácter inherente de una ideología colonial y de apartheid: el sionismo. La caída de los mitos militares de la entidad sionista demuestra que no hay impunidad eterna.
El único camino hacia la paz con justicia en Asia Occidental pasa por la desarticulación absoluta de las estructuras coloniales y de supremacismo del sionismo, y por el reconocimiento innegociable de la autodeterminación y el derecho al retorno de todo el pueblo palestino. Bajo este planteamiento, la paz duradera y la justicia en Asia Occidental no provendrán de fórmulas provisionales ni de concesiones sobre la ocupación, sino de la desarticulación definitiva de las estructuras coloniales y supremacistas, garantizando un Estado democrático donde todos los habitantes originarios y refugiados ejerzan plenamente su derecho a la autodeterminación y al retorno. Y en este anhelo que se constituye en guía para la acción Tormenta Al Aqsa es el hito, el punto de inflexión que muestra la justa lucha del pueblo palestino y la obligación de cada ser humano de apoyar con algo más que palabras a un pueblo que ha entregado la vida de cientos de miles de sus hijos e hijas para lograr su definitiva liberación. Pablo Jofre Leal Periodista.
Analista Internacional Articulo para HispanTV